El caso del pollo de cinco patas

pollo

De cuando en cuando se publican noticias sobre animales raros, insólitos, sorprendentes. Un ‘subgénero’ periodístico hoy extinguido es el de los animales con más extremidades de las habituales. Alberto Serrano me recordó la publicación de un reportaje en 1967 de un pollo de cuatro patas y dos órganos digestivos. Pero el ‘record’ se batió unos años después, en 1974:

El barrio de las Fuentes vuelve a ser actualidad, pero en esta ocasión por un extraño pollo que posee don Jerónimo Gabarre Gabarre, domiciliado en el citado barrio, en la calle Monasterio de Solesmes, 2, piso, primero, letra A. Posee un raro ejemplar que tiene cinco patas y dos cloacas, y, como se aprecia en las fotografías, es de buen tamaño y, a juzgar por el tiempo transcurrido, se abrigan muchas esperanzas de que pueda sobrevivir, a pesar de las anomalías anatómicas citadas.
El señor Gabarre, propietario del ejemplar que comentamos, es jornalero de la construcción, pero hace más de un año que está con la baja debido a una enfermedad. Fue precisamente por esta causa, y para ganar un dinero adicional para su familia, por lo que comenzó a dedicarse a la recría de pollos, que luego vende cuando han adquirido el peso apetecido que los haga rentables.
-¿Dónde descubrió este ejemplar?
-Fue hace tres días en una vieja torre que tengo en la calle La Higuera, pero hasta hoy no lo he traído a casa. ¡Y ya se puede figurar la revolución que se ha armado!
Nosotros mismos pudimos comprobar que nos hallábamos ante un caso extraordinario al intentar localizar el domicilio exacto del señor Gabarre. Llamamos a una vecina, y como orientación le dijimos que era un hombre que tenía un pollo con cinco patas. Esta mujer, creyendo que todo era una broma (pues a ella se las gastan muy a menudo) nos contestó que el pollo no tenía cinco patas, sino seis. Más tarde, con la intervención de nuestro entrevistado, quedó aclarado el equívoco y la incrédula vecina pudo comprobar con sus propios ojos que era verdad cuanto le habíamos dicho.
Hace quince días -nos dice el señor Gabarre- compré una partida de 300 pollos que tenían algo menos de un mes de vida, y entre ellos ha aparecido éste, que nos ha causado una gran sorpresa.
-A juzgar por su aspecto lozano, parece que no acusa en el apetito las anomalías que tiene…
-Desde luego que no; come muy bien y ha ido engordando hasta pesar 950 gramos ahora que tiene mes y medio de vida. Cuando lo compré solo pesaba 150 gramos.
Nuestro interlocutor afirma que, a pesar de tener dos cloacas, realiza el animal sus funciones fisiológicas con toda normalidad y que el pollo se comporta de la misma manera que si se tratara de un animal normal.
En ocasiones corre, y cuando le viene en gana mueve las alas, como hemos visto hacer en las granjas que se dedican a la recría de estas aves.
-¿Qué patas utiliza para moverse?
-Solo dos, y las otras tres las lleva colgando y no le sirven para nada práctico, pero creo que tampoco le dificultan la marcha.
-¿Donde compró usted esta partida?
-En una de las torres de las afueras de Zaragoza.
-¿Vendería usted este pollo si alguien se lo quisiese comprar?
-No he pensado nada todavía en ese punto; lo que sí le aseguro es que lo guardaré en casa y se lo enseñaré a cualquier persona que quiera venir a verlo.

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