El hielo que consumía Zaragoza en 1924

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Hoy toca reportaje veraniego. Durante muchos, muchos años, todos los veranos se hacía un reportaje en HERALDO sobre la producción de hielo. Yo he encontrado cuatro, de 1931, 1935, 1956 y el que reproduzco aquí, de 1924. Lo firmaba Manuel Casanova:

Lector no veraneante, camarada y amigo: a ti a quien suponemos en estado de ánimo parecido a nuestro estado de ánimo, a ti que sufres con ejemplar resignación semejante a la nuestra los implacables rigores del calor zaragozano, a ti lector, a ti bella y amable lectora, por supuesto, va dedicada esta pequeña información.
No puede ser, en el sentido que suele darse a la frase hecha, una información de ‘abrigo’, bien se ve que pretende ser todo lo contrario, y que ha de resultar una información insubstancial, porque no conocemos nada más insubstancial que el hielo, como no sea una partida de ‘chamelo”; pero nos decidimos a intentarla porque si, ante la exposición de los datos absolutos y comparativos que hemos logrado reunir conseguimos que te quedes ‘frío’, es positivo, lector, que te habremos otorgado un favor considerable.
Por eso, para desquite de tus sudores vamos a ‘meterte’ seguidamente en una fábrica de hielo.
-¿Qué cantidad de hielo consume diariamente Zaragoza?
-De 40 a 50 toneladas -nos ha respondido D. Ramón Puig, dueño de la fábrica instalada en la planta baja del Mercado.
-¿Producidas todas aquí?
-Sí, aquí, entre las fábricas, y algunos casinos y cafés. Y aún sobra algo para exportar a varios pueblos de la provincia.
-¿Cómo se descompone esa producción?
-Exactamente, yo no lo sabré decir sino lo que sale de nuestra fábrica.
-Pero, una cifra aproximada…
-Se puede dar calculando lo que las diferentes máquinas aquí instaladas dan de sí.
-Inténtelo.
-Verá usted.
La Industrial Licorera, 12 toneladas.
La Zaragozana, 6.
S. A. Dam (Antigua Pilar Lana), 5.
Archanco, 1.
Mercado, 12.
Esto, las fábricas, contando con que la cifra que atribuimos a la Zaragozana es luego de atendidos sus servicios.
-¿Y los casinos y los cafés?
-También aproximadamente, y no sé si omitiré alguno:
Mercantil, 2 toneladas.
Principal, 1.
Café Moderno, 700 kilos.
Ambos Mundos, 700.
Universo, 500.
Gambrinus, 500.
Viuda de Más, 300.
Royalty, 300.
Hotel Oriente, 250.
Casa Lac, 300.
Para dar y vender, como se dice.
-Y ¿todo ese hielo se consume en Zaragoza?
-Casi todo. Algo se envía a los pueblos, pero no mucho. Y cuente usted que, aparte la producción diaria, nosotros tenemos unas reservas que se comienzan a fabricar en el mes de abril,

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-¿Cuál es la época de mayor venta?
-Del 20 de julio al 10 de agosto. Es cuando aprieta más el calor. Este año, muy caluroso, hemos vendido, en los últimos meses, bastante más que en igual época del año anterior.
-¿A cuánto el küo?
-Al público, a quince céntimos; a los establecimientos con los que tenemos contrato, a ocho; y a los pequeños vendedores, a diez.
-Pasado el verano ¿cesa la fabricación?
-No. Continúa. Claro que muy limitada, a ciertos hoteles, a las pescaderías… Hay pescaderos que, según las remesas que reciben, consumen mil kilos diarios. Volviendo a referirme a la cantidad
que aquí se produce, puede usted decir que, proporcionalmente, Zaragoza consume bastante más hielo que Barcelona.
-Ventajas del clima.
-No, porque allí, aparte de eso, que también hace mucho calor, está el puerto, que se lleva grandes cantidades.
-¿Cuánto produce Barcelona?
-225 toneladas diarias. Divida usted ahora por el número de habitantes y eche la cuenta…
-¿Cómo se fabrica el hielo?
-¿Quiere usted verlo? Venga. Esta máquina está fundada en el mismo principio que los psicómetros, o sea en la absorción del calórico por la evaporación del amoniaco.
Aquí el cronista podría lucirse, ‘tirando’ de enciclopedia y urdiendo unas cuartillas plenas de erudición y de términos técnicos, que no habrían de entenderlas ni la mayoría de los lectores…, ni el propio
cronista. Renunciamos, por tanto, para decir únicamente que los moldes que se observan en una de las fotografías, llenos de agua, se sumergen en un depósito de mampostería, el cual se llena con una disolución de sal marina, que enfriada a veinte grados bajo cero por una bomba aspirante, enfría todos los cuerpos inmergidos en ella, y, por lo tanto, congela el agua. Cuando los moldes salen del depósito, a las diez o doce horas, el agua, luego de su ‘prisión preventiva’, aparece domada en prismas perfectos de finísimas aristas y transparencia cristalina, alivio de los ardores caniculares.
Estrechamos la mano a D. Ramón Puig, agradecido a sus deferencias y marchamos.
En la calle ya, encontramos a un amigo a quien fuimos relatando las impresiones de nuestra visita a una fábrica de hielo.
-¿Quieres que tomemos un doble de horchata colada? -nos propuso.
-Bueno. Hombre, por cierto que me ha extrañado que el líquido empleado para que se evaporice y produzca la frialdad es el amoniaco…
-¿Y eso te ha extrañado? Yo, la verdad, no sé una palabra de cómo se fabrica el hielo. Lo que sé es que el amoniaco suele dejar más ‘fresco’ que una lechuga (¡!)
-¡Chistoso!

Bueno, y les adelanto que está a punto de terminar la ‘segunda temporada’ de Tinta de Hemeroteca, que descansará durante unas semanas para volver en otoño. Dos temas más hasta cerrar la semana y vacaciones.

Y mañana…
La primera exposición de la monja pintora

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4 respuestas a El hielo que consumía Zaragoza en 1924

  1. Hitano dijo:

    Pues felices vacaciones y esperaremos hasta otoño para seguir disfrutando con la magnífica ‘tinta de hemeroteca’.

  2. Mari dijo:

    Soy nacida en 1955 lo cual quiere decir que muchos años después siguieron fabricando hielo. Recuerdo que con 10 años mi madre me mandaba a la bodega de abajo a comprar un trozo de hielo, entoces lo metía en una nevera, así teníamos agua y gaseosa fría. Esos tiempos me traen buenos recuerdos, fui muy feliz;ahora no nos hace feliz nada.

  3. Amelia dijo:

    Viví en la Plaza de Santo Domingo cuando estaba allí el mercado de pescado. Junto a mi casa estaba la fábrica de hielo que surtía a ese mercado. Abajo de mi casa, la fábrica de espumosos de mi abuelo. La chiquillería se agolpaba junto al carro que repartía el hielo cuando volvía por la noche del reparto, para coger pequeños trozos de hielo que chupábamos como si fuesen magníficos helados. El calor era insoportable, como ahora, pero la cercanía del pescado nos hacía sufrir invasiones de moscas que en ocasiones invadían la casa por los balcones…

  4. Maria José Laguardia dijo:

    Yo nací en diciembre de 1949. Nací y viví en la calle de Cavia, que ahora se llama Bretón. Entre otros comercios que recuerdo perfectamente, había una vinatería a la que mi madre me mandaba a comprar vinagre, y también un trozo de hielo. Lo cortaban con un punzón y con un gancho arrastraban las barras de hielo. Lo llevaba a casa en un pozal de plástico rojo, y durante el camino no dudaba en ir chupando el hielo. Luego lo metían en una fresquera de zinc pequeñita, y allí metían el vino, la gaseosa y poco más. Luego, el botijo en la ventana, para que hiciera el agua fresca, y así se pasaba el verano. Yo era muy feliz, los mejores años son los de la infancia. Con poco nos conformábamos.

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