La primera exposición de la monja pintora

isabelguerra

Isabel Guerra fue pintora antes que monja y, aunque hoy la conoce prácticamente todo el mundo, cuando se le entrevistó por primera vez en HERALDO, a finales de 1971, fue toda una revelación. Era la primera muestra que realizaba después de vestir los hábitos.

Últimamente, los prolegómenos de las exposiciones madrileñas se han convertido en algo así como en un carnaval. De un simple acto de apertura, sin más, se ha pasado a un acto que no queda en social.
Se ha pasado a un conjunto de indumentarias raras, de rostros extraños, de presentaciones psicodélicas, con suelta de palomas y números por el estilo. Sin embargo, no todos los gatos son pardos. Hace muy pocos días se inauguró en Madrid una exposición sin bombo ni platillo, sin indumentarias de clase extraña ni nada que se saliera de la más completa calma, de la más normal paz. Exponía una mujer: Isabel Guerra. ¿Les dice algo? ¿Les dice algo incluso a los amantes del arte, a los visitantes de todas las exposiciones? A manera de presentación, lo siguiente: cuatro exposiciones en Madrid; primera, segunda y tercera medallas de los Salones de Otoño de la Asociación de Pintores y Escultores de Madrid; medalla Eduardo Chicharro y varios premios más. Según los críticos, una pintora importante.
-Soy pintora desde siempre, desde toda la vida. Pero ahora es cuando me he encontrado.
La pintora está en el centro de la sala. Habla con todo el mundo y sonríe. Sonríe mucho, como si fuera feliz. Sor Isabel, porque la pintora es monja, de hábitos azules y minitoca blanca, anda de un lado para otro de la sala, como si volara, solicitada en los mil rincones de la gran habitación.
-Soy monja, sí. Y de clausura. Estoy en el monasterio de Santa Lucía, de la orden del Císter, en Zaragoza.
-Siendo monja de clausura, ¿ha tenido que vencer muchas trabas para venir aquí?
-Claro. He necesitado un permiso especial para venir a Madrid. De no ser así, no podría estar ahora mismo hablando con usted. ¡El Císter es clausura!
-¿Y por qué se ha levantado la clausura?
-Porque han considerado el caso un poco excepcional.
Los cuadros de sor Isabel, no echen la imaginación a volar, son normales, bellos, de todos los temas. ¿Se ven monjas? Algunas, pocas, pero no en oración ni saliendo de un oscuro claustro. Sor Isabel ha pintado monjas trabajando en la huerta, corriendo por el patio, riendo siempre… Su imagen del convento no es la clásica y negra que estamos acostumbrados a ver y escuchar.
-No pinto cuadros religiosos. No me gusta. Si acaso, dibujo el trabajo de la comunidad. Creo que es más humano.
-Veo muchos niños en la playa…
-Sí. Gran parte de esta exposición nació en un viaje que hice este verano con la madre abadesa a la Costa Brava. Mientras ella iba a sus cosas, yo me iba a las mías: a ver playas y buscar temas.
-Y la imagen del convento, de los claroscuros de los claustros, del trabajo y la vida dura de su orden, ¿no le atrae?
-Pues no, no me atrae. Tiene su leyenda, lo sé, pero no me gusta. Además, la clausura no es la que era.
No es, pero continúa teniendo su leyenda negra. Recuento las despedidas de hace años, cuando una mujer se iba a un convento de clausura. Era como enterrarse en vida, como entrar en otro mundo,
como morirse casi. Ahora, como dice la pintora, ha cambiado y hasta se conceden permisos especiales para que las novicias vayan a las playas a inspirarse y viajen a Madrid a mantener vivas sus exposiciones.
-¿Son muy caros sus cuadros?
-No. Digamos que valen… lo que valen.
-Pero, ¿cuánto?
-¡Lo que valen!
-¿Qué horas tiene para trabajar?
-Trabajo, es decir, pinto, a todas las horas que me permiten. De las nueve a la una de la tarde y de las tres a las cuatro.
-Y por estar en el convento, ¿no pinta cuadros, digamos, especiales?
-Pinto igual que si estuviera en casa. No ha variado ni el tema ni nada… Yo, la verdad, no tengo preferencias. Lo mismo me da el retrato que el paisaje que la composición. Creo que cuando un artista se encasilla pasa a ser artesano.
-¿Le parece normal que una monja pinte?
-No sé si será normal… Yo lo hago como cosa normal y corriente. ¿Por qué iba a ser extraño por el solo hecho de llevar hábito? Yo era pintora antes de entrar en el convento -llevo allí sólo un año- y sigo pintando. Así ayudo a la comunidad y me realizo.
Mucha gente visita la exposición: muchos visones y caras conocidas. Caras jóvenes y caras viejas. Gustan los cuadros, no hay duda. Yo, que no soy crítico, creo que son bellos, sin más artificios.
Son cuadros que reflejan la naturaleza, las cosas bonitas de la vida. Sus niños jugando en la playa tienen fuerza, como la tienen sus bosques, un prodigio de colores.
-¿Cuánto tiempo seguirá con los pinceles?
-Mucho tiempo, todo el tiempo. Yo seguiré pintando y haciendo exposiciones por tiempo indefinido.
-Una pregunta curiosa: ¿Qué les ha parecido a sus compañeras de clausura esta salida?
-Normal. Les ha gustado. Aunque, en principio, les parecía una cosa un poco… rara. Dése cuenta que era la primera vez que ocurría en el monasterio.
Sor Isabel es bajita y tiene los ojos vivarachos. Es una mujer normal vestida de monja, aunque sus hábitos sean de clausura. Nos despedimos. Las amistades obligan. Al final, con la mano en el aire, me dice: “Mándeme los periódicos donde se haya publicado el reportaje. A mis padres les gusta. Ya que han perdido a una hija, por lo menos que sigan mis pasos…”. Algo queda de la leyenda, no hay duda.

No sabemos cuánto costaban los cuadros de Isabel Guerra en el 71. Pero hoy, dada su popularidad (hay lista de espera para hacerse con uno de ellos) no serán baratos, eso seguro.

Y mañana…
Los primeros días de la grúa municipal

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3 respuestas a La primera exposición de la monja pintora

  1. quemasda dijo:

    Si es que los angeles pintan, sin duda uno se llama Isabel Guerra. Yo solo hace unos 5 años que la descubrí y me impresionaron sus pinturas.

  2. Francho dijo:

    Gracias a esta pintora hiper-realista, (el hiper-realismo es un género dentro de la pintura que gusta sobre todo a los que no tiene formación alguna en arte y creen que la pintura para ser buena debe parecer una fotografía), su congregación religiosa tiene unos saldos bancarios escandalosamente altos. Escandalosamente porque están remansados (no los utilizan para el bien común) y existe el voto de pobreza…

  3. maria pilar dijo:

    Me gustaría saber si algún día traerá sus cuadros a Alicante, por favor. Lo que he visto en televisión me ha impresionado.

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