¿Era anarquista el hombre-mujer?

Bueno, lo primero de todo: si ha llegado aquí sin saber nada de la historia del hombre-mujer de El Burgo de Ebro, lo mejor es que pinche este enlace y empiece por el principio.

Los fieles a la historia ya saben de qué va. Habíamos dejado a nuestro José Tost, el hombre-mujer, en El Burgo de Ebro. Había aparecido en 1897 encadenado a un chopo con ropas de mujer. Se me había olvidado contar que una de las primeras hipótesis que circularon sobre el asunto, rápidamente descartada, es que formaba parte de una cuadrilla de pícaros que estaban especializados en el timo del entierro y que alguien, tras descubrirse el enredo, se había vengado de él vejándole. El timo del entierro, que causaba estragos a finales del XIX y principios del XX, consistía en hacer creer a la víctima en la existencia de un tesoro enterrado y en la necesidad de desembolsar una suma para ‘desenterrarlo’. Puede parecer tosco y primitivo, pero en la época caían como moscas. Y tengan en cuenta que la versión moderna del timo (y si hay versión moderna es porque continúa siendo rentable) funciona con ese correo electrónico que seguro todos ustedes han recibido y en el que una viuda africana pide ayuda para recuperar una fortuna de varios millones de dólares y…
Pero regresemos a El Burgo, aunque sea por poco tiempo. Todo lo que les he contado hasta ahora ocurría el 12 y 13 de diciembre de 1897. El 14 se decide trasladar a Tost a Zaragoza. El lector avezado habrá reparado en dos cosas: Tost está detenido aunque no ha cometido ningún delito: no ha robado nada ni ha herido a nadie; y no le han facilitado ropas de hombre, sigue vestido de mujer.
El caso es que es trasladado a Zaragoza y el juez de San Pablo no concede mucha credibilidad al contenido de la carta encontrada junto a él. Se intenta reconstruir sus pasos y es entonces cuando se cae en la cuenta de que viajaba en el mismo tren que el general Weyler, que un año antes ha sido nombrado responsable de la campaña de Cuba, y que es objeto de tremendos odios. Así que surge la idea de que quizá todo es un intento de atentado. Y el propio Tost contribuye a la hipótesis redactando una ‘confusa’ confesión. Esto es lo que decía HERALDO el día 15, y si hay algún anarquista entre los lectores del blog, le ruego que eche mano de todo su sentido del humor y que piense que estas cosas se escribían en 1897:

Ya ha hablado Tost o, mejor dicho, ya ha escrito, repetimos. Después de cerrada la edición de ayer tarde, supimos que el sujeto en cuestión había ejercitado su derecho al prestar por escrito su declaración. ¿A qué obedece este propósito? ¿Quería concentrar su espíritu sin la impresión que pueda causarle la vista del Juzgado?
No es lo más admisible: quizás para urdir mejor su trama necesitase ver el alcance de sus palabras, y ningún procedimiento mejor que el que ha empleado. Esto demuestra que Tost no es un ser vulgar de los que ordinariamente comparecen ante los tribunales de justicia, acusados de delitos comunes. Escribió y mucho. Posible es que fueran dos pliegos de oficio los que llenase para contar el motivo de su desdichada situación y  posible es…
Habla Tost de sociedad conspiradora para matar y dice que al llegar a este artículo de un reglamento que se le exhibió por no sabe quién (¡cosa más rara!) se hablaba de asesinar a algunas personas, pero esto no quiere decir que se trate de un caso de anarquismo puro. Empleamos esta frase porque al hablar con algunos funcionarios judiciales decíamos:
-¿Estamos ante un caso de anarquismo puro?
-‘Puro’, y ¿por qué? ¿Por qué no ha de ser filibusterismo?
Hay que recordar que cuando la manifestación de las ‘madres’ de Zaragoza fue condenado un sujeto por agente filibustero y que este sujeto era…
-Claro -seguían nuestros interlocutores- que los delitos de un individuo no pueden caer sobre la honrada clase a que pertenezca y nada más lejos de la verdad que suponer a los empleados del tren mezclados en tan enojoso asunto. Por otra parte, no es anarquista todo el que asesina, ni toda sociedad constituida con este objeto ha de ser necesariamente anarquista. Pueden serlo, pero pueden no pertenecer a esa secta.
‘Nihil novum’. Se recuerda a este propósito un hecho muy semejante al actual, cometido contra un afiliado a las sectas masónicas en Madrid, hace mucho tiempo. También un hombre fue designado por sus compañeros para cometer un delito. Tuvo miedo y los hombres lo degradaron en la misma forma que se ha hecho con Tost.
Según Tost, en su luminoso ‘informe’, el día 5 del actual se le presentaron dos sujetos invitándole a ingresar en una sociedad de conspiradores, pero él, que es inofensivo, se resistió cuando se enteró del ‘objetivo’ perseguido. La sociedad tenía su ‘razón social’ en Sans.
Nuevo señor se presenta a él diciéndole que todos los empleados de ferrocarriles estaban inscriptos en tal pandillaje y que había que inscribirse. Esto ocurría el día 8 y tampoco sabe quién era el proponente.
El sábado 11 del corriente le ordena un individuo que le siga y venga con el express a Zaragoza, a lo cual no pone resistencia Tost, así como tampoco a afeitarse, cosa que hizo antes de subir al tren.
Ya el tren en marcha recibe Tost un revólver Smith cargado con cinco cápsulas. Con él ha de matar a un gobernador que se le indicará al llegar a Zaragoza.
-¡Marçá de Falset! -grita el encargado de este servicio al llegar el express a la indicada estación y hay, lo que pudiera llamarse, relevo de guardia. El que va con él desciende y el nuevo ‘magiar’ se acomoda al lado de Tost. También el ‘centinela’ trae otro encargo.
Un hato con ropa de mujer que recibe Tost, convertido con todo ello en ciego instrumento. Para realizar el propósito de los que tal misión le habían encargado, según su nuevo interlocutor ha de disfrazarse de mujer y allí (en el hato) va el disfraz.
En Mora la Nueva desciende el del hato y el viaje a Zaragoza lo hace solo. Baja del tren y se queda embozado en el tapabocas detrás del inspector, mirando el coche donde viajaba Weyler. Parte el tren y entra nuestro héroe en la fonda, donde almuerza. Habla Tost, según referencias, de una mujer que lo viste, pero no se deduce de un  modo fijo el papel que juegue en el asunto. Unas veces la hace ir con él a El Burgo y otras se olvida de la intervención que tuviera en la venganza de que era objeto. Lo desnuda y lo viste, pero no lo acompaña a El Burgo, o si lo acompaña nadie la ve ni aun Tost mismo parece indicarlo. Tost llega a El Burgo en compañía de tres hombres a los que no conoce; anda por sitios desconocidos para él: le ponen un pañuelo en la nariz y se despierta del letargo cuando le horadan las orejas. Le insultan, le abofetean y huyen, no sabe por dónde.

No sigo más. Como ven, si el contenido de la carta encontrada junto a él no era muy verosímil, tampoco aportaba mucha luz su ‘confesión’. ¿Qué ocultaba Tost? ¿A quién quería proteger? ¿Escribió esa confesión para confirmar las sospechas de los investigadores y lograr así que no buscaran en la dirección adecuada? Quizá. El caso es que a Zaragoza llegan el padre de Tost y Salvador Prats, ‘propietario’ y prohombre de Castellvell. Las declaraciones de este último apuntan en otra dirección y, ojo, no tienen desperdicio:

Según el señor Prats, José Tost ha observado siempre muy buena conducta y no ha tenido idea política alguna.
-Si alguna vez hubiera votado -dice-, Tost lo hubiera hecho en favor de la persona a quien yo le indicase, como su padre y toda su familia.
A lo único que parece inclinarse es a la existencia de ‘La querida vengadora’, por saber que hace tiempo tuvo José Tost relaciones íntimas, siendo empleado de la estación de Villanueva y Geltrú, con una mujer a quien dejó más tarde, y le consta que, cuando se casó Tost, recibió amenazas de la mujer aludida, la cual prometió no dejar vivir en paz al matrimonio. El nombre de esa mujer lo sabe ya el juzgado, pero el domicilio que pueda tener se ignora.
Las costumbres de Tost no podían, según referencias, ser más morales. De su casa iba al taller y del taller a una sociedad dramática de las que tanto abundan en Cataluña y de la cual era presidente. También se dice que mostraba grandes aptitudes para el arte dramático.

No me extraña que el caso volviera loco al juez de San Pablo. ¿Ustedes que opinan después de todo esto? ¿Una venganza amorosa? ¿Un intento de atentado? ¿Una actuación dramática?

Y mañana…
La doble vida del hombre-mujer

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9 respuestas a ¿Era anarquista el hombre-mujer?

  1. Maria Pilar Paris dijo:

    Pues no es solamente al juez de San Pablo al que volvió loco, a mi también me está volviendo un poco de esas maneras. Ahora ya no sé qué pensar, porque no me convence tampoco la historia de los anarquistas. Mariano, has hecho fuerte muy fuerte para el comienzo de “temporada”. Espero los otros comentarios para ver si alguien tiene una idea original sobre el verdadero motivo de esta historia.

  2. Alberto dijo:

    Yo apuesto por una venganza de su antigua querida y su mujer. La primera por venganza. La segunda por su condición secreta de homosexual. Sobre la carta encontrada, es una falsa acusación para intentar agravar la pena. Se explica que esté detenido por aclarar este presunto delito. Y sin cambiar de ropa porque los gays entonces ya sabemos cómo eran tratados (si no era delito también). Y la confesión de Tost y el tema del anarquismo… pues cualquier cosa antes de confesar su homosexualidad. Incluso ser anarquista!! (jejejeje)

  3. Mariano, no sabes lo bien que sienta un poco de misterio mientras me tomo el café de la mañana. A este paso nos vas a enganchar a estos relatos.
    No hubiera querido estar en la piel del juez ¿o tal vez sí? Veremos si al final el José Tost no vuelve loco al juez con tanto desvarío.
    Bueno, me vuelvo a la cuarentena.
    Saludos

  4. Blanquita dijo:

    Quizá estaba haciendo el papel de su vida!! Igual se escapó de “aventura” y, para que la mujer no se enterara, ideó su propio secuestro… dándole la caracterización propia de su afición al arte dramático… a estas alturas podemos pensar cualquier cosa

  5. quemasda dijo:

    A mi me pasa como a Mª Pilar París… Me he perdido, no me extraña que al juez de San Pablo este asunto lo enloqueciera… Menuda trama…

  6. Yolanda dijo:

    Que no, que si fuera otra cosa a esas alturas ya le habrían dado ropa “decente”, hombre… es que en aquellos tiempos, ser gay era peor que ser cualquier otra cosa. Así que si uno se tiene que inventar una historia de espías y atentados, se hace. ¿No daba clases de teatro? Pues eso.
    Qué bonita palabra, filibustero, lo he ido a buscar al DRAE y todo…

  7. Eva dijo:

    ¡¡¡Qué intriga!!! No puedo esperar a que acabe esto porque yo ya no sé qué pensar tampoco.

  8. Alberto dijo:

    Tampoco descarto que fuese todo por una apuesta, eh? XD

  9. Luis dijo:

    Yo me inclino por un poco de todo. Si fuera una película de Scorsese diría que Jose Tost era un contratado para realizar un encargo (intento de asesinato) y que se echó atrás o salió mal y se vengaron de él….

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