El caso que CSI Miami no resolvió

A principios de 1974 se recibió en España la noticia de que Miguel Aramendía había sido asesinado en Miami. Era un joven investigador aragonés, que había estudiado Medicina  y Farmacia, y que llevaba tres años trabajando y ampliando conocimientos en Estados Unidos. Todos los testimonios recogidos coincidían en lo esencial: era un hombre bonachón, trabajador, serio, estudioso, tranquilo y competente. En realidad, solo se le conocía un defecto: que era demasiado confiado. Y eso, en Estados Unidos, puede resultar muy peligroso. La noticia saltó el 12 de enero. Cuatro días más tarde, Mariano Banzo publicaba la siguiente información:

Anoche, a bordo del avión regular de la compañía Iberia, llegó procedente de Madrid el cadáver del infortunado doctor zaragozano don Miguel Aramendía, que murió estrangulado el pasado viernes en Miami (Florida, Estados Unidos). Había llegado a aquel país en el año 1971 y era uno de los cuatro postgraduados en Medicina que trabajaban en el Departamento de Farmacología del Jackson Memorial Hospital. En aquellos primeros momentos, un portavoz de la Policía declaró que el médico zaragozano había muerto estrangulado y que su cadáver fue hallado en el apartamento en que vivía, maniatado y amordazado, y con magulladuras en el cuello. Sus compañeros del hospital notaron su ausencia del trabajo y, dado que siempre llegaba puntualmente y era fiel cumplidor de su tarea, se extrañaron y dieron cuenta a la Policía.
Nos extrañó comprobar que en el aparato venía sólo el féretro que contenía los restos mortales del doctor Aramendía y, como nos constaba que los familiares habían emprendido viaje a Miami, nos pusimos en contacto con el padre de la víctima, don Andrés Aramendía Bengoechea que, como se puede suponer, se encontraba muy emocionado y sin dar crédito todavía a la triste realidad que hablaba de la desaparición de su hijo en tan trágicas como extrañas circunstancias.
-¿No es cierto que ustedes emprendieron viaje, pues deseaban ir a Miami?
-Sí, así fue. El viernes llegamos a Madrid y, tanto en el Ministerio de Asuntos Exteriores español como en la Embajada americana nos atendieron con gran amabilidad, comprendiendo nuestra pena.
-¿Qué ocurrió entonces que impidiera llevar a la práctica sus deseos?
-En realidad, nosotros disponíamos de pasaporte, pero no de visado. Nos dijeron que el día siguiente, sábado, y el domingo, no había oficinas y que, aunque pretendieran acelerar los trámites al máximo, no podríamos llegar a Miami hasta el jueves siguiente. En el primer momento, parecía como si el mundo se nos hubiera caído encima, pues lo que deseábamos más ferviertemente era poder contemplar, por última vez, el cuerpo sin vida de nuestro hijo. Afortunadamente, a pesar de que nosotros creíamos lo contrario, nos señalaron que, sin necesidad de que nosotros fuéramos a Miami, podía traerse a Zaragoza el cadáver, contando con la intervención del cónsul español en aquella ciudad. Ya se puede figurar nuestra alegría, pues de esta forma los restos de nuestro hijo podrían recibir cristiana sepultura en la tierra que le había visto nacer.
-¿Intentaron tomar el avión de Iberia sin visado?
-No lo intentamos, pero sí preguntamos y nos contestaron que para adquirir el billete para cualquier ciudad estadounidense lo primero que se debe presentar es el correspondiente visado.
En vista de que nada podían conseguir regresaron a nuestra capital el sábado último y quedaron a la espera de que llegaran los restos de su hijo que, como hemos señalado, ya se encuentran en nuestra capital.
-¿Guardan ustedes contacto con Miami?
-Sí, con un compañero médico de nuestro hijo, que es un cubano llamado José Luis Arango. Queremos que quede constancia de nuestro profundo agradecimiento hacia él, ya que nos ha llamado varias veces por teléfono y ya se ha gastado de su bolsillo unas 12.000 pesetas en conferencias.
La voz de nuestro entrevistado se vuelve trémula e ininteligible cuando recuerda que este amigo les ha dicho que les va a enviar, como recuerdo, una foto de un grupo de doctores que fue tomada en la última Nochevieja, y en la que su hijo aún estaba sonriente, campechano y lleno de vida, y, por supuesto, ignorante de la triste suerte que iba a correr unos días después a manos de un desaprensivo.
-¿Cuál es su idea de lo que ocurrió?
-Como puede suponer, todo son conjeturas. Su coche desapareció en aquellos momentos. Nuestro hijo tenía costumbre de coger como compañeros de viaje a los autostopistas pues, por su carácter afable y cordial, le daba lástima que pudieran estar largas horas junto a la carretera. Casi se puede asegurar que el que le mató fue una persona conocida. Nuestro hijo vivía solo en su piso y él abrió confiado a la persona que luego le mató, pagándole de esta forma el favor que le había hecho.
-Sabemos que su hijo estudió en el colegio de los Hermanos Maristas de nuestra capital y que luego, como estudiante aventajado que era, cursó las carreras de Farmacia y de Medicina. ¿Nos puede decir cuál era el objeto de su estancia en Miami?
-Estaba como investigador y ahora ya le iban a conceder el título de director de investigación, que era el que buscaba. Seguidamente pensaba regresar a España, porque aquel ambiente no le gustaba. Y ahora, ya ve, todo se le ha frustrado de forma tan trágica.
El malogrado doctor Aramendía ya residió anteriormente en un hospital inglés con idea de practicar el idioma y de sumarlo a los conocimientos que tenía de francés.
-¿Es cierta la versión que conocemos de su muerte?
-Sí, parece ser que apareció estrangulado en su apartamento. Quien llevó a cabo la criminal agresión le amordazó y le ató a una silla.
La emoción contenida impide a don Andrés Aramendía Bengoeehea facilitarnos nuevos detalles de tan triste suceso, que ha conmovido a nuestra ciudad.

He buscado información sobre el crimen en los días siguientes y parece que ya no se publicó nada más. Mariano Banzo, que tiene una memoria prodigiosa, y particularmente en temas de sucesos por haber trabajado en esa sección toda su vida, tampoco recuerda que se detuviera a nadie por la muerte de Aramendía. Parece que fue un crimen sin resolver. En la época no existía CSI Miami, así que no pudieron esclarecerlo. Aunque, quién sabe, quizá ellos tampoco hubieran podido.

Y mañana…
El primer ‘burka’ en el Pilar

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2 respuestas a El caso que CSI Miami no resolvió

  1. Maria Pilar Paris dijo:

    Pues no me extraña que no hayan encontrado al asesino, porque en Estados Unidos todo lo que va con los que ellos llaman “latinos” se lo toman con mucha desenvoltura. Para ellos, que sean españoles, colombianos, mejicanos o de otro país latino no ven diferencia, y se toman menos interés que cuando se trata de alguien de su país. Yo puedo decirles que en los años 70 mi jefe hizo un viaje a Estados Unidos con otros administrativos y cuando volvió estaba casi traumatizado de ver el racismo con el que lo habían tratado, aparte de que nadie sabía dónde estaba España. Espero que haya cambiado la cosa, no habiendo hecho nunca el viaje a Estados Unidos, no puedo sino transmitir lo que me cuentan.

  2. Eva dijo:

    Vivo en EEUU, María Pilar, y las cosas han cambiado. Cuando yo digo que soy de España, el trato es diferente ya que tienen más consideración con los europeos. Pero sí, hay mucho racismo, no solo contra los “hispanos” sino cualquier raza. Lo mismo que en España hay racismo también, y en cualquier parte del mundo que vayas.

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