La calle de las muchas verdades


Pues la calle mitad negocio mitad vicio en 1968 era… la del Cuatro de Agosto. Hoy ha perdido un poco de todo, de negocio y de vicio, aunque estoy seguro de que todos ustedes la reconocerán en este reportaje que tiene ya más de 40 años:

Una calle interesante: la del Cuatro de Agosto. Sus mil aspectos rezumantes de humanidad se mezclan en una pasta compleja, con tantas definiciones posibles… Una calle que todavía impresiona. Por
dentro y por fuera. Sus llamativos luminosos, como colgados de la noche, apretados en un estrecho y breve pasadizo, saben hacer vibrar el alma de los noctámbulos. Noctámbulos un poco artificiosos,
atraídos por todo cuanto reluce. Y también por la ilusión equívoca de jugar a “perdidos”…
Guarda la calle Cuatro de Agosto todavía un rescoldo de cuanto de malo y de bueno ha pasado por ella. Ahora tiene más de apariencia que de realidad. Y su realidad más apremiante está en el interior
de sus casas, de sus viviendas, donde me han dicho que no es raro encontrar en una sola habitación más de una familia, hacinadas.
Y, sin embargo, es una calle dorada por un no sé qué de diversión. Don Femando Mercadal, tal vez  su más antiguo vecino, me habla de ella. De algunos de sus recuerdos de niñez y juventud. En el rostro de don Fernando hay una cierta sonrisa, un fulgor malicioso. En su mente desfilan pasados retazos que le hacen ir de sonrisa en sonrisa. Va informándome:
-Mi padre fundó en 1893 esta casa de muebles. Hará, dentro de pocos días, setenta y cinco años. Conozco esta calle desde que nací. Puedo asegurarle que ha pasado por muchas etapas…
La calle Cuatro de Agosto está claramente dividida en dos tramos. Uno que empieza en la calle Alfonso y termina hacia el número once, donde la calle se estrecha y la circulación rodada y algunas señoras se detienen. Este primer tramo es el que don Fernando ha denominado “trozo serio”.
-En esta parte siempre hubo un vecindario distinguido. Un comercio acreditado, importante.
A los ojos de mi informador asoman unas chispitas prometedoras de noticia. Y, en efecto:
-En tiempos, mucho antes de la guerra, hubo aquí una casa que se dedicaba a la confección de trajes de Carnaval.
Los confeccionaban y los alquilaban. Claro, aquello atraía muchísima gente. Sobre todo en vísperas de Carnaval, en el que apenas nadie se quedaba sin su disfraz. Las fiestas se daban en el Casino Mercantil, en el Principal, en el Circo…
-Luego, ya sabe usted; con el advenimiento de la dictadura, los Carnavales desaparecieron…
Hay un mundo de nostalgia en el dejo de don Fernando.
-¿Usted cree que hemos perdido mucho?
-¡Je, je, je! -ríe él; hace una pausa y, al fin, me confiesa-. Pues sí, yo creo que sí.
-¿Desaparece la alegría?
-¿La alegría? Ha evolucionado, es de otra forma ahora…
En medio de sus amables informaciones, el señor Mercadal procura reservarse parte de sus opiniones personales. Como si, también él, con sus sesenta años de vecindad con la calle, hubiese teñido
un poco su psicología de secretos. Porque, al fin, hemos convenido en que fue la del Cuatro de Agosto una calle de secretos. Ahora ha perdido mucho.
-Ha tenido épocas, etapas. Hasta aproximadamente el año veinticinco fue bastante tranquila, excepto en los Carnavales. Tenía un buen vecindario. El poeta Casañal vivió en el número cinco. Después se fue animando la calle. Al final de ella había una casa de juego que se llamaba La Alhambra; atraía mucho público… El salón de fiestas del Centro Mercantil estaba en la planta baja y los billares en la primera. Salían los socios a los balcones y se entablaba conversación…
También hubo animación, aunque triste, en los años de la guerra. El casino, constituido en hospital.
En el comercio de la calle -de este trozo serio de la calle- ha habido muchos cambios.
-Estaban antes los almacenes Aragón; había una confitería, que desapareció; una zapatería, y, aquí mismo, haciendo esquina con el pasaje, estuvieron los almacenes de Mazón…
El pasaje de García Gil, “de los Giles” como le llaman los castizos. Ya hemos topado con la primera miseria de la calle de Cuatro de Agosto.
-Donde usted lo ve, fue muy comercial. Porque antes, ¿sabe?, no era así. Estaba limpio, con techos de cristal, a salvo de humedad, de lluvia. Allá por el año cuarenta, o tal vez, antes, hubo una gran tormenta, a consecuencia de la cual se rompieron los lucernarios, los cristales del pasaje.
-¿Y está, así desde entonces?
-Sí, cada vez peor, nadie se volvió a preocupar.
-¿Y qué le parece a usted?
-¿Qué me va a parecer? Asqueroso, lleno de humedad. Inmundo cuando llueve y cuando hay sábanas recién tendidas en los balcones.
-¿No da carácter a la calle?
-Mal carácter, sí. Podía ser otra cosa, sin embargo.
Muy “tipycal”, tanto o más que el segundo tramo de la calle Cuatro de Agosto, a la que mi interlocutor siempre se refiere sonriendo y donde “la nota” ha sido siempre dada por los propios y los de la provincia.
-Yo -me dice finalmente don Fernando- utilizo muy poco ese paso. Atravieso generalmente el Mercantil, hacia la plaza de España, o salgo por Alfonso.
No se puede ser “tipycal” toda la vida.
Sobre el pasaje de los Giles me hablan también los dueños de un conocido establecimiento, horchatería en el verano y negocio de alfombras y esteras en invierno.
-Somos los únicos que adecentamos esto un poco. Ahora se friega todas las noches y en el verano una vez al día y otra a la noche. Esto es un vertedero de basuras. Hay mujeres que se acercan con su paquetón y, ¡plaf!, al pasaje.
-¿Es que no pasa por aquí el servicio de basuras?
-Claro que pasa, pero ellas no madrugan, les resulta más cómodo envolver todo en el paquete y tirarlo en un rincón.
El gesto no es digno de elogio. Por supuesto, pero el aspecto total del pasaje tampoco es para mucho más.
-¿Es típico el pasaje?
-Podría serlo. En verano hay mucho turista amigo de estos parajes. A veces se dan casos divertidos, como el de una joven india y otra japonesa que, vestidas con sus trajes nacionales, tan delicados, estaban sentadas aquí tomando su horchata. Daba risa verlas tan elegantes en un ambiente tan destartalado…
Ya el señor Mercadal, amigo sin ambages del tipismo, afirmó que sería muy bueno para la calle la realidad de su desaparición, de su reabsorción con la avenida de la Independencia. De esta misma opinión es el librero don Inocencio Ruiz, aquí establecido desde 1944.
La librería de don Inocencio Ruiz es una lucha abierta contra el medio ambiente. Lucha que inició en su primer establecimiento, de la calle de la Libertad.
-¿Y qué? ¿Consiguió usted algo?
-Aún conseguí ver leer a uno a a puerta del bar -me dice él, legítimamente satisfecho de su conquista-.
-Pues si, yo no encuentro a esto tipismo, a no ser que reciba ese nombre la afición a beber. No hay nada interesante para conservar. Ni un recuerdo histórico. ¡Si por lo menos estuviera el arco de Cinegio!…
Pero el arco de Cinegio no está. La calle termina precisamente ahí, donde estuvo.
-Soy partidario de conservar todo lo que es reflejo de una personalidad, de un carácter autóctono, de un interés artístico. Pero esto…
La librería no influye mucho en el ambiente humano de la calle. Las librerías de viejo van a desaparecer de nuestra ciudad. Y don Inocencio me explica la razón.
-Las minicasas de ahora, con sus minilibrerías, necesitan muy pocos libros pero muy nuevos. Las librerías de nuevo aumentan y las de viejo decrecen.
Como la mayoría de los libreros, se queja del ambiente de la ciudad:
-No hay apenas coleccionistas ni bibliófilos. Ni buenas bibliotecas particulares. Si por lo menos cada estudiante comprase un solo libro, podríamos vivir más de los dos libreros de viejo que estamos en Zaragoza. Dice todo esto muy poco en favor de una ciudad de casi medio millón de habitantes, con Universidad, con colegios mayores, con institutos…
A la calle de Cuatro de Agosto, tan venida a menos intelectualmente, le cabe, sin embargo, una gloria: la de haber editado el primer número del HERALDO DE ARAGÓN, que vio la luz el día 20 de septiembre de 1895. Fue<!–irado
en la imprenta de E. Casañal y Cía., en gran folio de cinco columnas como recoge Ricardo del Arco en su “Efemérides zaragozanas”.
-Y en Cinegio, 12, había otra imprenta, de donde salió un semanario que salía los domingos y se llamaba “El Papelito Aragonés”. Llevaba como subtítulo “Periódico de pan y palo”…
Ocurría esto a finales del siglo XIX. Y el primer tramo, el ancho, el que va hasta los pilones que parten la calle del Cuatro de Agosto, queda constituido así: con sus comercios de prestigio, una tapicería, una tienda de artículos de regalo, una famosa tienda de novedades en juguetería y paraguas…
Y un embotellamiento cada mañana originado por los vehículos de reparto de bebidas que suministran al Tubo y que tienen prohibida la circulación a mitad de camino.
En los escaparates de una tienda elegante se exhiben “Llantitos”. “Gigí”, la muñeca andadora, el teléfono hablador, el coche que habla… Las novedades más sugestivas del mundo infantil.
Doña Josefina Rodrigo hace una pequeña demostración de la sabiduría de sus muñecas. Pone en pie a una y le dice: “Ven”, y la muñeca viene. “Para”, le vuelve a decir su dueña, y la muñequita, idealmente obediente, va y se para. ¡Qué ejemplo! “Llantitos” es un muñeco que llora, llora, llora tal como si fuera un niño de verdad. Su llanto, sin embargo, es fácil de remediar. Se le coloca un chupetín que lleva atadito a su cuello y el “pequeñín” va y se calla. Este detalle, ¡ay!, es precisamente el que delata su condición de muñequito de verdad, no de carne y hueso… y de grito…

El segundo tramo de la calle Cuatro de Agosto. En su umbral se detiene la periodista, no por otro motivo, sino el de charlar con dos amabilísimas señoras, doña María López, vecina de la casa número 8, y doña Isabel Matarranz, de la casa número 12. Las dos son vecinas respetables de hace mucho tiempo. De cuando todo esto era muy diferente, según me dicen ellas.
-¿Se acuerda de cuando estaba la rubia ésa? ¡Qué escandalera! -comentan mis interlocutoras-.
-Ahora no es lo de antes. Se cierra pronto por las noches, se puede dormir en paz. De no ser algún borracho que venga “cargado” de otro sitio…
-En Navidades todavía hay jaleo por estos contornos -dice doña María-.
-Bueno, como en todos.
Doña María y doña Isabel quieren a la calle Cuatro de Agosto. Precisamente comentaban ahora mismo que por su gusto no se irían a otro sitio. Una de ellas ya tiene piso en otro lugar, pero retarda cuanto puede su traslado.
-Figúrese, esto, ¡tan céntrico! Mi galería da a la plaza de España; se vería todavía de no ser por el banco… Y de lo demás, oiga, nada.
-Oiga, a mí nadie me ha dicho nada ni se han metido conmigo en ninguna ocasión…
Así queda clarificada y patente la honestidad de una calle, como tal calle hecha como todas las demás, de piedra y ladrillo. Otra cosa es lo que va por dentro, lo que se aloja entre los huecos de esos ladrillos…
El segundo tramo de la calle del Cuatro de Agosto, apenas unos pasos, apenas seis casas juntas, está en el corazón del Tubo. Es parte de ese mismo corazón que tan mala fama arrastra. Hoy está prácticamente ocupado por bares. Ocho he contado entre uno y otro lado de la calle. Además, cuatro salones de limpiabotas, tres establecimientos para el fumador, tres restaurantes, una peluquería de caballeros, una bonita tienda de “souvenirs” y, en la última casa, por si el paseante se ha cansado mucho de tanto andar, hay, también, un callista. Es, desde luego, una calle con evidente personalidad masculina.
En su bares se encuentra esa mezcla rara de caras coloradas y satisfechas de la vida junto a otras melancólicas y como meditando en el pasado. Curiosa mezcolanza que suele darse en tabernas y barrios
de típico beber. Los nombres de los bares de Cuatro de Agosto se refieren casi todos a lugares lejanos o cercanos: Canadá, Texas, Monreal, Santurce, etc. De su ambiente nos va a hablar una artista, ex cantante de zarzuela, una pianista que estuvo vinculada a uno de ellos, en razón de su profesión. Hablo de Corita López.
-Quiero a la calle y al Tubo en general. Tiene carácter, humanidad. Creo que Zaragoza perderá más de lo que piensa cuando pierda el Tubo.
En esta calle empezó Corita López su vida en el arte. Fue en la antigua Sociedad Protectora de Artistas Aragoneses, que estaba instalada allí.
-Recuerdo que Emilio Alfaro hacía de año que acaba y yo interpretaba el papelito de año que empieza. El bar donde yo trabajé como pianista tenía un ambiente muy familiar. Iban las familias por las tardes, tomaban su chocolate, se llevaban a sus niños. Había atracciones, canción.
-¿Qué repertorio tenía usted?
-Selección de zarzuela, siempre. Al público le gustaba y yo creo que todavía no se ha perdido totalmente el gusto por ella.
Corita López vuelve a lamentarse de la desaparición del Tubo. Y lo hace muy expresivamente.
-Allí hay mucha gente que no va a saber dónde cobijarse. ¿Anécdotas? Una vez hubo una bailarina muy delicada que salió a bailar ante el público como era su obligación. Todo iba muy bien, hasta que la bailarina se dio una vuelta redonda. ¡Qué polvareda! A la bailarina le faltaba una prenda de trabajo insustituible. El limpiabotas salió corriendo por ella… Al día siguiente se llenó el salón. Pero el numerito no se repitió; había sido puro despiste, no publicidad.
-¡Y unos escaparates de marisco!… Cada vez que los veo me quedo bizca… Me quedo bizca por el precio, vaya…
El Tubo, me dice Corita definitivamente, “tiene aliciente”.
La calle del Cuatro de Agosto debe su nombre a un gesto heroico del pueblo zaragozano. Hay un arraigo histórico en ella que no se puede pasar por alto. El viandante puede pensar en ello, si le apetece,
cuando pasea por su calzada. Y también, no como la última verdad, sino la más importante, he reservado para el final un testigo excepcional que, por cierto, ha sido la única persona que ha hecho referencia a este pequeño fenómeno social que se da en ella. Mi interlocutora pertenece a la Acción Católica de la parroquia de San Gil. Me ruega que no dé su nombre, y, con esa libertad, me habla extensamente de los alrededores y de la propia calle que nos ocupa.
-“Negocios y bares”, dice la gente hablando de los parroquianos de San Gil. Se desconoce o se quiere desconocer la verdad. La gente habla de los suburbios. ¡No poco de suburbio tienen todos estos
alrededores, donde las familias viven hacinadas en un cuchitril, en una misma habitación!…
Para estos contornos, la parroquia cuenta con los servicios de una asistente social. Ella se pone en contacto con los verdaderos, los auténticos problemas humanos de la calle del Cuatro de Agosto y algunas anejas.
-¿Problemas? De todo tipo: materiales, morales… Bueno, el año pasado la Protección de Menores tomó unos cuantos niños que andaban por aquí, medio abandonados de sus madres.
Madres medio “artistas”.
-¡Hay mucho problema en estos contornos! -sigue mi informadora-. No hay guardería cerca, no hay escuela cerca. Mucho anciano de los que se llaman pobres vergonzantes. Las gentes vienen a colocarse en los bares y no pueden pagarse una vivienda, viven amontonados en viviendas muy humildes.
No todo es Banca y negocios en la parroquia de San Gil.
-Este barrio impresiona -continúa mi interlocutora-, ¡ya lo creo! A mí no me ha impresionado porque he nacido en él, como quien dice. Pero hay señoras que viven por Blancas y por allí que sí que se impresionan…
Y mi interlocutora, pensativa, concluye:
-¿Barrio malo? No sé qué decirle. ¡Pues no habrá poco de malo escondido por ahí!… Barrio con problemas, y no pocos, eso sí, eso mucho. Eso todo lo que quiera…

Y ahora no me digan que no tienen recuerdos relacionados con la calle: la librería de Inocencio, el pasaje de los Giles, la juguetería. Pues envíenlos, y así los disfrutamos todos.
Y aprovecho para hacerles una recomendación. La Corita López que habla en el reportaje, y de la que hoy, por desgracia, solo se acuerdan los zaragozanos veteranos, fue una grandísima artista (y forjadora de artistas, entre ellas su propia hija, Corita Viamonte). Rafael Castillejo, en su fantástica página web, le ha dedicado un pequeño y merecido homenaje. No se lo pierdan.

Y el lunes…
Siempre hubo lunes al sol

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17 respuestas a La calle de las muchas verdades

  1. Luis dijo:

    En esta calle había un establecimiento de souvenir, que no sé si continúa, dónde no ponía que fuera Galerías Primero pero las dependientas iban con el uniforme y las bolsas que daban eran de Galerías Primero. ¿Algún miembro de este foro sabe si esa tienda fue el germen de la ya extinta marca Galerías Primero?

  2. Hitano dijo:

    Excelente reportaje que disecciona lo que, hasta hace pocos años, era esta calle.
    Yo soy cosecha del 74 pero todavía tuve oportunidad de disfrutar paseando por esa calle innumerables veces durante varios años, casi todos los sábados.
    Es una de mis calles favoritas, todavía recuerdo los juguetes de Casa Redondo que, afortunadamente ahí sigue aunque desgraciadamente ya no vende juguetes de la magnítfica y tristemente desaparecida Payá. Un saludo desde aquí para Don Mariano Redondo.
    También recuerdo la librería de Don Inocencio Ruiz, el pasaje de los Giles con su olor a pis de gato, y Casa Laqui con su riquísima nata y las mismas mesas y sillas del velador donde, según me contaron, se sentaban los soldados nazis durante la guerra civil.
    El limpiabotas, la tienda de “trastos viejos” con sus gatos paseando por el escaparate, el primer Galerías Primero (Casa Muñoz)…
    En fin, que es una calle muy querida por mí, ahora está recuperando la vida pero ya no es lo mismo, ha perdido el espíritu que tenía, aunque por otro lado es bueno que esté viva y funcionando plenamente, y no parecer un fantasma enternecedor que iba desapareciendo poco a poco.

  3. Blanquita dijo:

    Amigo Luis, como ya ha citado también Hitano, efectivamente el entrañable casa Muñoz fue el primer Galerías Primero, fundado por el Sr. Plácido Muñoz.
    Muy buena elección para hoy, Mariano, aunque la calle ya no es lo que fue (como en el artículo) ni lo que ha sido los ultimos años, por suerte a raíz de la construcción de Puerta Cinegia parace que haya “renacido”, o al menos para los que no llegamos a la treintena…

  4. Ernesto dijo:

    Casa Muñoz pertenecía a cuatro de Agosto y a la calle Cinegio. Recuerdo perfectamente los futbolines Flipper ¡cuantas partidas!, el Bar Monreal, La ortopedia francesa, donde comprábamos los preservativos a hurtadillas, el salón limpiabotas, la parte trasera del mercantil, donde se ubicaba el estanco. Tenía un amigo que vivía en el número 10 y otro en el 12. La tengo bien pateada. Y recuerdo los dos grandes pilones para evitar la entrada de coches a la altura del entronque con la calle de la Libertad. Cuatro de Agosto era una calle llena de vida que desembocaba y desemboca en Alfonso. Como me pasa siempre con estos artículos vuestros, he rejuvenecido 35 años. Y ya que lo nombras, no puedo evitar recomendaos la página de Rafael Castillejo. Todo un lujo. Un saludo

  5. josé angel dijo:

    Voy a centrarme en la entrada del Tubo, chaflán con la Plza de España: A la izda. estaba “El nacional”, un café-bar a la antigua usanza. Enfrente, en el otro chaflán, radicaba el café “Hergar” (pequeñito, con una barra y un sólo velador). En el piso superior creo que estaba la Peluquería “Fémina”, también estuvo el Centro taqui-mecanográfico “Irisarri”, y en un interior estaba efectivamente un callista (entonces aún no eran podólogos), que se llamaba Sr. Soravilla y adonde acompañaba a veces a mis tíos.
    Conozco una historia subida de tono referida al sr.Irisarri, pero me la guardo, que hay menores.

  6. Luis dijo:

    ¿Y por qué nunca pusieron el letrero de Galerías Primero? ¿Cómo se convirtió Casa Muñoz en Galerías Primero? Sería interesante un post al respecto Mariano.

    Y sí, yo también conocí la Ortopedia Francesa 🙂

  7. Yolanda dijo:

    La ortopedia Francesa sigue en el mismo sitio.
    Casa Laqui la recuerdo de mis tiempos de estudiante de Turismo, allá por finales de los 80 cuando bajábamos a tomar café.
    Y los futbolines cuando hacíamos pirolas….

  8. Alberto el progre dijo:

    ¿Vicio en la epoca de Franco?¿Juerga?
    Eso es imposible… que no se entere ningún progre, porque claro, en la época de Franco no podías ni salir a la calle, solo se salía para ir a misa…Y no como ahora, AHORA sí que somos un país modélico, próspero y de futuro.

  9. corita dijo:

    Amigo mío, tengo que darte las gracias por acordarte de una de las mejores tiples, profesora de canto,gran maestra y maestra de maestros, gran pianista y gran persona que tuvo esta ciudad, que es mi madre.Todo queda con el paso del tiempo en el olvido. Pero con grandes personas como Rafa Castillejo, Antón Castro y tú, puedo decir que los jóvenes sabrán que en Zaragoza existió una mujer que dejó su carrera profesional por dedicarse a los demás. Esto es lo más importante.Un fuerte abrazo y gracias.

  10. Juan dijo:

    Mi primer recuerdo de esta calle es el de la juguetería -Redondo- y de la horchatería junto al pasaje de los Giles, que creo se llamaba “Mas” y que tenía otro establecimiento en la calle de San Miguel a la altura del Cine Goya. Después conocí los billares que estaban en una planta superior encima del Plata. Y ya de adulto la frecuenté para comprar libros de viejo en la librería de D. Inocencio Ruiz y para limpiarme los zapatos. Por cierto, que todavía sigue uno de los limpias, si bien ahora han adecuado el salón como bar.

  11. javier dijo:

    Sobre la calle 4 de Agosto creo que podríamos, muchos, escribir un libro. El cabaret más famoso de Zaragoza- El Plata-, Casa Tobajas -excelente restaurante-, Ortopedia La Francesa -y sus condones marca Dandy-, los salones de limpiabotas, los futbolines y billares, el Bar Monreal, el bar antiguo que hoy se dice El Ensanche de Carlos -se me va ya el nombre, la tienda para fumadores ¿la Casa del Fumador? (se me vuelve a ir la pinza), el inolvidable librero Inocencio Ruiz especialista en los Hermanos Ybarra Impresores con el que tantas tardes departí, Casa Muñoz, que en el anuncio de la radio decía: ¿A dónde vas soldado? y respondía el supuesto soldado: A Casa Muñoz, la que más barato vende…….
    Historias, historias………
    Para José Ángel 2.06 pm: la historia del Sr. Irisarri que callas tiene que ver, años 60 al principio, con una cancioncilla que circuló por Zaragoza y que decía así:

    Se esta poniendo de moda,
    por toda la capital, el … del Irisarri….. (Música del Sucu. Sucu, Alberto Cortez)

    Y no sigo que hay menores. Pero diré que esa canción era dedicada a otro, que era gimnasta. Historias edificantes…….

  12. Qué libro podrías escribir, amigo Mariano, con personajes, anécdotas, establecimientos, y tantas cosas que quedaron ligadas al Tubo que llegamos a conocer los que pasamos de cierta edad y que no tiene nada que ver con el actual. El Tubo, cuando era el Tubo. Con aquellos escaparates que para los críos que vivíamos en una ciudad sin parque zoológico ni acuario, nos mostraban cómo era una enorme merluza fresca, un centollo o una langosta. Aquel olor a calamares fritos que tampoco se parece al de los actuales, que me saben a plástico. Con aquellas vedettes de El Plata, acompañadas por una orquesta en vivo –como tiene que ser- que hacía que las artistas dejasen de cantar cuando les apetecía coquetear con el cliente de turno, y no como ahora, que van al son frío y sin opción para la improvisación, que les marca la música enlatada. Pero mucho peor fue la imperdonable época de abandono y suciedad que padeció esta entrañable zona por culpa de proyectos que nunca se aprobaban y… otras cosas que no quiero mencionar. Y, de Corita López, sólo tengo que agradecerte la menciones para que la recuerden aquellos que la olvidaron y para que la conozcan los más jóvenes. Una artista de verdad, que nada tiene que ver con estas muñecas actuales de factoría que se convertirán en poco tiempo en juguetes rotos. Abrazos.

  13. luis aragues dijo:

    Llegué al Tubo desde mi pueblo, Luesia, en el año 1963, y trabajé y viví hasta el año 1970 de memoria, paso a paso, metro a metro. Empecé a trabajar en el Santurce y en el Miramar, pero donde más estuve fue en el Monreal. Por cierto, Donato del Santurce y el del Monreal todavía me felicitan por mi cumpleaños. No hay que olvidar a Juan, del Texas, que aunque de la calle de la Libertad, era uno de los nuestros. Trabajé también en el Tubo en CasaLac y en el Olimpo. Viví con unos señores de Almonacid de la Sierra cuántas historias. Los billares, Ramón el limpia, el Plata, la gente todos de los pueblos, venían al Tubo, cientos y cientos de cajas de cerveza en fiestas.Todos los turistas nos visitaban, cosas buenas y no tan buenas, como en todos los sitios. En tiempo de Franco también nos divertíamos, bastante más que ahora: buenas comidas, bebidas, timbas en varios bares, póquer prohibido en la plaza de Sas y mujeres a montones,buenas jotas, buenos guiñotes, etc., como siempre. Un saludo. Si alguien quiere saber más cosas del Tubo, en esta misma página os lo contaré. Gracias. Fueron los mejores años del Tubo

  14. tinto de hemeroteca dijo:

    Me encanta el post de hoy. Y no solo por recuperar esta historia reciente de la ciudad, que también. Solo poder comentar por debajo de Corita Viamonte ya es un honor

  15. mizaqui dijo:

    Cuando muchacho y estudiante, allí existía un mecánico que arreglaba las plumas estilográficas, que no sé si alguien seguirá.Tenía repuestos de todas marcas. Al lado del limpia.Y mi recuerdo a Corita, que si la madre valía, la hija no la desmerece.

  16. jose angel dijo:

    Para mizaqui: Esa tienda de las plumas se llamaba “La clínica de la estilográfica” y ya no existe.

  17. zaragozano dijo:

    Quiero dejar en esta página dedicada a esta céntrica calle zaragozana un homenaje al eminente doctor en medicina D.Mariano Rabadán Pina, que tenía consulta en esta calle.

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