Una ‘bomba’ en el Canal Imperial

El 29 de febrero de 1972 HERALDO publicaba una noticia inquietante: “Apareció una bomba en el Canal Imperial”, con una foto borrosa en la que apenas se aprecia un grupo de gente observando el Canal. No era propiamente una ‘bomba’, sino más bien un proyectil de mortero, una granada, pero varios niños estuvieron jugando con ella unos minutos sin que, afortunadamente, pasara nada. Quizá fuera una granada de la guerra civil o, seguramente, alguien la abandonó allí esperando que no ocurriera nada. Quién sabe.

Cortaron el Canal Imperial. Y, como siempre que lo cortan, los curiosos acudieron a contemplar esa inesperada caja de sorpresas que siempre nos depara el cauce seco. Sobre el lecho del canal es posible contemplar los más dispares objetos, desde motocicletas de verdad a camiones de juguete; allí hay un completo muestrario de las herramientas y enseres más heterogéneos. Lo que nadie sospechaba, probablemente, es que en el Canal Imperial también iba a aparecer una bomba.
La alarma surgió al filo del mediodía, cuando descendieron al fondo del cauce algunos pescadores improvisados. Los niños, que acababan de salir de clase, formaron corro. Alguien avisó a los bomberos:
-¡Cuidado! Parece una bomba de mortero y lleva la espoleta puesta.
La bomba estaba en una de las orillas, fuera del agua. Era perfectamente visible.
Aunque se advirtió a los niños para que no la tocaran, éstos hicieron caso omiso del consejo.
Extrajeron la bomba del fondo del canal y estuvieron jugando con ella por espacio de varios minutos. Hasta se permitieron darle alguna que otra patada. Al fin, alguien, mucho más previsor, volvió a arrojar la bomba al canal. Fue cuando llegaron los bomberos, los cuales no pudieron hacer otra cosa que reclamar la presencia de un técnico para que procediera a desmontar el artefacto. La alarma, aunque no pasó de ahí, sirvió para que buen número de zaragozanos se dieran cita en el Canal Imperial.

No sé yo si eso de volver a arrojar la granada al Canal era buena idea. Si alguien ha visto alguna vez vaciar el Canal, o ha trabajado en una depuradora, seguro que nos puede contar cosas curiosas sobre lo que aparece allí en las labores de limpieza.

Y mañana…
El verdadero rostro de Agustina de Aragón

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4 respuestas a Una ‘bomba’ en el Canal Imperial

  1. Maria Pilar Paris dijo:

    A mi lo que me horripila es que las personas presentes no impidieran a los niños el jugar con la “bomba”. O bien eran inconscientes o lo hacían a idea para ver si explotaba, y así el espectáculo fuese mayor, porque la verdad no encuentro un motivo sensato que les impidiese prohibir tocar la “bomba” a los niños.

  2. Yo llegué a vivir a Valdefierro en 1994 y de mis primeros paseos por el Canal recuerdo un vivero de cobayas y patos, en una zona muy cercana al instituto La Salle. Por la zona también paseaban ratas, que entraban y salían a su antojo del agua. También vi algunos cangrejos de río. Era muy bonito ver en una zona arbolada tanta vida animal. Ahora hace ya mucho tiempo que apenas se ve algún pato. No se qué paso con los cobayas y de las ratas y los cangrejos no hay ni rastro.

  3. Elena-Z dijo:

    A mi padre le robaron una vez una moto. Apareció en el canal, meses después. Hablo de hace unos 25 años, o más.

  4. Maria Pilar Gonzalo dijo:

    Nací y crecí en el barrio de Torrero.
    Curiosamente en el mismo año que relata el suceso, por eso las veredas del Canal no tenían secretos para mi familia.
    Nunca escuché tal noticia, aunque sí muchas otras, como el ahogamiento de alguna persona.
    Siendo muy niña, nos apelotonamos todos, del mismo modo que muestra la foto de este artículo, esperando ver cómo los bomberos sacaban el cuerpo de aquel desdichado.
    No pude ver nada, pero recuerdo la sensación de haber sentido frío y miedo.
    Años más tarde, mi padre dejó de ser mi padre, para convertirse en el Señor de los patos… para deleite de niños y abuelos que paseaban por sus orillas.
    Fui testigo de no pocas limpiezas del canal, donde cada cierto tiempo aparecía en aquel cementerio de aguas barrosas todo tipo de cachivaches que la gente de la ciudad encontraba gozo en abandonar a su suerte.
    Nada tiene que ver el Canal con aquel que yo conocí, cuando todavía llevaba ruedas traseras en mi bici roja, salvo el encanto que guardan las sombras del paseo en las tardes de verano.

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