Ya no hay ‘peluconas’ en el roscón

Hoy es hasta difícil encontrar roscones sin nata, como se comían antes. Pero todavía hay sitios en los que se pueden comprar incluso los de ‘cuatro bultos’. Por lo demás, la costumbre se mantiene más o menos igual que hace décadas. Lo de las monedas de oro y plata metidas en la masa del roscón debió ser hace mucho, mucho tiempo. Lean el reportaje que publicaba Marcial Buj en las páginas de HERALDO en 1955: 

“San Valero, rosconero”. A ver quién se atreve a desmentir el refrán. Ni San Blas, ni Santa Águeda, ni San Antonio, ni los propios Reyes Magos, rosconeros clásicos, lo son tanto como este obispo de Zaragoza. Patrón de la ciudad. Como lo de “ventolero” parece ser que este año va a fallar, a Dios gracias, hablaremos sólo de los ricos roscones, que éstos es seguro que no harán quedar mal a la tradición.
No sabemos cuándo se estableció la popular costumbre de comer roscones en estas festividades, al igual que ocurre con los panecillos, rosquillas, etc. que se venden a las puertas de determinados templos en análogas fiestas, aunque sí estamos convencidos de que lo que ha llovido desde entonces, puesto hoy en los embalses, vendría a solucionar muchos problemas… aunque no dejáramos de tener restricciones. Lo cierto es que un día de San Valero sin roscón vendría a ser lo mismo que una verbena sin música. En la plaza de La Seo, como todos los años, las mesas alineadas ante la catedral, colocadas por modestos industriales para ofrecer la apetitosa masa a los miles de devotos que irán al templo para adorar la reliquia del Santo, lucirán sus blancos manteles sobre los que destacarán los inevitables reclamos: “Roscones de San Valero”, “Al rico roscón”…
Hoy, hornos y pastelerías darán salida a los cientos y cientos de roscones cocidos en sus candentes fábricas.
Los zaragozanos celosos guardadores de lo tradicional, partirán la exquisita rosca con fruición, ilusionados con que la suerte haya reservado para ellos la inocente sorpresa. Se ha perdido mucho la costumbre de meter sorpresas en los roscones: sorpresas de alguna importancia, claro. Hay excepciones. Anoche, sin ir más lejos, en la fiesta de gala celebrada en Savoy, que patrocinó la Asociación de la Prensa, salieron en los clásicos roscones vales canjeables por jamones, estancias de varios días en el Balneario de Panticosa, etc, etc…. Antes los hornos y pastelerías metían entre la blanca y fina masa monedas de oro de todos los tamaños, onzas, doblones -dieciséis y cinco duros, respectivamente -, y también de plata de todas las clases. Esto era lo clásico en los roscones de San Valero. Claro es que las onzas -las famosas ‘peluconas’-, no se prodigaban mucho que digamos, pero sí podemos asegurar que no era una propaganda de engaño el anuncio de tales sorpresas. Eran otros tiempos, esa es la verdad… Hoy las sorpresas se reducen a corrientes miniaturas de pasta: caballos, perritos, ciervos, elefantes… y ya es dar.
Hay varias clases de roscones, los llamados ‘de pueblo’ o ‘caseros’, y los otros, los de confitería, en donde los reposteros lucen sus habilidades con el empleo de variados productos.
Ayer, víspera de la festividad del Santo Patrón de Zaragoza, elegimos un horno y en él entramos. Nuestros pasos nos llevan a uno de los más antiguos y eminentemente rosconero: al de ‘San Valero’.
La actividad es enorme. Los dorados roscones adornados con frutas confitadas se almacenan en las grandes tablas apiladas en las estanterías. Las hornadas se suceden sin interrupción, día y noche, desde hace dos jornadas. Los previsores, que son muchos, irrumpen en la tienda en busca del postre que no debe faltar.
El hornero don Florencio Marco y su mujer Carmen Escanero, él de Belchite y ella de Leciñena, nos atienden con amabilidad y simpatía.
-¿Festividades rosconeras, aparte de la de mañana?
-Reyes, San Blas, Santa Águeda y San Antonio, pero como la de San Valero, ninguna.
-¿Mesas de venta en las calles?
-Mañana en la plaza de La Seo; para San Blas en la plaza de San Pablo; y para Santa Águeda en las del Portillo y San Cayetano.
-¿Cómo se hace el roscón ‘de pueblo’?
-Es nuestra especialidad, y solo lleva huevo, aceite de Belchite, azúcar y el adorno de frutas. Los nuestros, que son famosos, se llaman ‘roscones de Belchite’, porque se hacen igual que se hacían allí.
-¿Con qué frutas se adorna?
-Con guinda, naranja, sandía y corteza de melón confitados.
-¿Tiene su secretillo la cocción?
-Naturalmente.
-¿Qué cuece antes, el pan o el roscón?
-Cuece antes el roscón, porque el azúcar le hace tomar antes color.
-¿Minutos en el horno?
-El roscón, diez; el pan, veinticinco.
-¿Amasar?
-Al revés: cuesta más amasar el roscón, aunque con las vienas se adelanta mucho.
-¿Por qué cuesta más amasar el roscón que el pan?
-Porque el huevo y el azúcar ‘aploma’ a la masa.
-¿Cuántos roscones cada hornada?
-Cincuenta.
-Usted, ¿qué prefiere, hacer?
-Roscones. Le tengo mucha afición, y es lo que he hecho toda mi vida. Hacemos todo el año.
-Los llamados ‘roscones de Belchite’, ¿necesariamente deben tener cuatro bultos?
-Cuatro bultos, que corresponden a las cuatro partes azucaradas. Es muy difícil conseguir que suba bien la masa. Un secreto profesional, ¿sabe?…
-¿Se hace en muchos sitios, este roscón?
-Este tipo no se hace por ahí. Aquí piden hasta de Palma de Mallorca y de muchos pueblos aragoneses. Para San Roque tienen la costumbre de poner roscones en la peana del Santo, y así lo sacan en la procesión.
-¿Cuando terminan las hornadas de San Valero?
-A la una de la tarde del 29 saldrá la última.
-¿Cuándo dan comienzo?
-Tres días antes de la festividad.
-¿Qué clase de sorpresas se ponen ahora?
-Ahora metemos miniaturas en todos los roscones y, no vaya usted a creer, algunas son caras; son figuritas que se tienen en pie. Aparte de las consabidas reproducciones en pasta de toda clase de animales, se meten sorpresas de madera: pitos, pirulos, daditos, gaitas…
-¿Monedas de oro?
-¡No gaste usted bromas!
-¿Precio del roscón más barato?
-Medio duro.
-¿El más caro?
-Veinticinco pesetas.
-¿Es verdad que es tradicional en ustedes bendecir los roscones antes de ponerlos a la venta?
-No le han informado mal. Todos los años, en la tarde del 28, víspera del Santo, viene un sacerdote del Pilar, don Juan Francisco Muñoz, y los bendice, como también la masa de los que faltan por cocer.
-¿Recuerda alguna anécdota a propósito de roscones?
-Una muy graciosa. Hace unos tres años se presentó una señora al día siguiente de San Valero y me ‘soltó’ lo siguiente: “Ayer, comiendo un roscón comprado aquí, se me rompió la dentadura al morder una sorpresa. Vengo a ver a qué dentista me envía…”. Graciosa, ¿verdad?
-¿Otra?
-Ya sabe que es costumbre en las reuniones familiares y de amigos en este día hacer pagar el roscón al que le toque la sorpresa. El año pasado se presentó una señora pidiéndome un roscón con dos sorpresas, porque quería que fuese su marido el pagano…
-Yo creo que lo es siempre.
-De acuerdo.
“San Valero, rosconero”. ¿Cuál será la sorpresa que le saldrá a Zaragoza en el roscón que pronto amasarán los nuevos concejales. ¿Una onza de oro? ¿Una gaita?… ¡Quién lo sabe!

Anímense y cuéntennos cómo eran los ‘San Valeros’ de su infancia. ¿Dónde se compran hoy los mejores roscones? Recomiéndennos un sitio para el sábado.

Y mañana…
La calle más llena de recuerdos

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4 respuestas a Ya no hay ‘peluconas’ en el roscón

  1. Luis dijo:

    El mejor sitio en el que he comprado yo roscones en Zaragoza es en la Pastelería Rubio en la calle Cerezo. Las colas que se forman para recoger los encargos son de aupa. Por si quieres encargarles un roscón, el teléfono es el 976442949.
    Pruebalos Mariano, que no te arrepentirás…

    También te recomiendo un postre típico de esa pastelería que se llama gregoritos.

  2. Hitano dijo:

    A mí los de la “Bombonera Oro” son los que más me gustan de cuantos he probado junto con “Los Mallorquines”.

  3. Ejeano55 dijo:

    Saludos a todos: solo quiero dejar constancia de una curiosidad del lenguaje diario que nos ha dejado el roscón de San Valero. Antiguamente, en los roscones de los menos pudientes, la sorpresa servía sólo para saber a quién le correspondá pagar el roscón, y consistía en un grano de haba seca. Pues bien, al que le salía el haba, era el “tonto” que pagaba el roscón, es decir “el tonto del haba” o, como se dice ahora, “el tonto’l’haba”.
    Un abrazo Mariano.

  4. Yolanda dijo:

    Para mi todos los San Valeros son especiales porque el 28 es mi cumpleaños y por tanto, tenía dos celebraciones. Además de eso, muchos se olvidan de mi día y al día siguiente, se dan cuenta y me llaman un día después..por eso digo que mi cumpleaños dura dos días.
    Salud.

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