El pintor atrapado en Zaragoza

Zaragoza es ciudad de paso y, como tal, a ella acaban llegando un sinfín de personajes curiosos. Entre 1969 y 1970, Alfonso Zapater realizó varias entrevistas a un pintor, Guillermo Santiago, que se quedó ‘varado’ en Zaragoza tras sufrir un percance en su carromato:

Dimos cuenta de su arribo a la ciudad en los primeros días de diciembre de 1969. Relatamos su odisea. Llegó a bordo de un carromato muy “pop” o muy “hippy”. Algunos lo confundían con un “beatnik”. Pero pronto salían de su error, cuando echaban vista al pescante y descubrían la paleta de pintor con esta inscripción: “Guillermo Santiago, en su gira por España, caminando hacia la fama”. Y sobre el pescante mismo: “Todo por el arte”.
Tuvo la desgracia, cuando llegó a Zaragoza, de que el caballo que tiraba de su carromato singular resbalara sobre el asfalto y se rompiera una pata, por lo que tuvo que ser enviado al matadero. El pintor bohemio, el pintor de los caminos, se quedó varado en nuestro puerto. No encontró lugar mejor que la arboleda de Macanaz, a la otra orilla del Ebro. Y allí sentó sus reales. Allí buscó un lugar seguro para emplazar su colorista carromato.
-Es de artesanía -nos advirtió-. Lo construí yo mismo, pieza a pieza. Luego lo decoré. Tardé tres meses…
Han pasado los días, las semanas y los meses. Los árboles desnudos se vistieron de verde. Las aguas heladas se trocaron tibias. El pintor de los caminos soñaba con dotar de un motor a su carromato y seguir adelante por las rutas de España. En cada ciudad, en cada lugar, se ha detenido para plasmar en el lienzo el paisaje característico. Paisajes que han comprado las gentes de cada lugar, porque han querido guardar la expresión pictórica de sus tierras y el arte de este pintor.
-Soy autodidacta. Pero amo el arte y al arte entrego toda mi vida. Todas mis ilusiones. Todas mis inquietudes.
Ha pintado el paisaje zaragozano, desde la arboleda de Macanaz. Ha descubierto los secretos del Ebro. Ha sorprendido los reflejos de las aguas, retratando las torres del Pilar. Ha captado, certeramente, cada momento.
-Parecen estampas clásicas.
Pero lo cierto es que siempre presentan algo nuevo. Yo me encariño con cada paisaje que contemplo, hasta desentrañarlo.
El pintor de los caminos ha hecho un alto en su vida. Lleva ya seis meses viviendo y pintando en la arboleda de Macanaz. Ni ha comprado nuevo caballo para su carromato ni ha buscado un motor…
-Los motores están muy caros.
-¿Entonces?
-Voy a seguir aquí. Cuando llegue septiembre decidiré.
-¿Vas a quedarte en Zaragoza definitivamente?
-Aquí he tenido magnífica acogida y he descubierto que existe una juventud excepcional.
Guillermo Santiago proyectaba exponer en una plaza o calle zaragozanas, previo permiso del alcalde. Pero ha desistido de su idea.
-No tengo obra. Toda la he vendido.
-Lo que significa tanto como decir que tu vida, en Zaragoza, ha resultado fácil.
-Me he ganado bien las judías.
-¿Piensas seguir pintando?
-Es lo mío. Ahora estoy trabajando para un decorador. Me agradaría contar con un trabajo fijo. Puede que entonces me decidiera a fijar aquí mi residencia, definitivamente.
El interior del carromato es como una caja de sorpresas. Allí tiene su casa el pintor caminante. Dispone de cama, de cocina, de aseo. Todo lo necesario para la vida de un hombre. Luce una bien cuidada barba negra. Sobre el pescante, los lienzos recién preparados se están secando al sol.
-He buscado un local donde establecer una exposición permanente y crear un club de arte. Pero los locales están caros. Al menos, quedan fuera del alcance de mi bolsillo. Y es una pena, porque sé que mi proyecto alcanzaría pronto gran éxito.
-¿Por qué estás tan seguro?
-Porque he mantenido conversaciones con los jóvenes zaragozanos y sé de sus inquietudes. En esta ciudad existe un movimiento artístico digno de mayor proyección.
-¿Y tú estás dispuesto a sumarte a este movimiento?
-En cierto modo, me considero vecino de Zaragoza.
Lo es, aunque sea circunstancialmente. Su carromato ha quedado anclado en nuestro puerto, en la arboleda de Macanaz, próximo al puente de Piedra.
Guillermo Santiago, el pintor de los caminos, el que iba en gira por España caminando hacia la fama -todo por el arte-, parece haber encontrado su destino. Está decidido a quedarse en nuestra dudad, donde pinta y vive, que no es poco.
-Si me ayudaran…
Quiere llevar sus sueños hasta el final y formar un club de arte, que sirviera de punto de reunión para los artistas; cada cual expondría sus obras. Es posible que también salga triunfante en esta empresa. En todo caso, será en septiembre cuando tome una decisión definitiva.

¿Alguien sabe qué ha sido de él?

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