La calle con Virgen, fiestas y toro de fuego

Interior de la casa "La Galera" que fue cuartel de Carabineros y cárcel de mujeres.

Por cuestiones laborales he tenido un poco abandonado el blog en los últimos días. Pero no he querido faltar a la cita semanal sobre las calles de Zaragoza. Hoy le toca el turno a otra calle con solera, Boggiero. Este es el reportaje de Milagros Heredero en 1969: 

Es una calle con emoción la de Boggiero. Hacia su pasado, hacia su Virgen del Rosario, hacia su calle que defienden todos a una los vecinos del barrio, quiero decir los de la calle Boggiero, Miguel de Ara, Cerezo, Echeandía y demás adyacentes. Es una calle curiosamente compuesta de trozos muy diversos. Monótonos como el que ocupan los treinta metros largos a espaldas del cine Monumental; angostos como el que corresponde al edificio de los Escolapios; redondeados, en querencia de plazuela, como el rincóncito
donde pervive el Oasis; y, al final, ensanchados, con ambiciones de calle moderna, como sucede con la prolongación hasta María Agustín… Es una calle en donde el vecindario guarda prejuicios y cortesías de pueblo pequeño.
-Todavía no te duele un dedo y ya estás aquí rodeada de gente; en otras calles, te mueres y nadie se entera… -eso me ha dicho doña Ángela Yus, a la que trajeron de cinco meses a Boggiero- y no siente ninguna gana de salir de ella. Interesante la calle de Boggiero y distinta de todas.
Doña Ángela Yus me facilita información sobre su calle. La mejor de todas es precisamente que la llevaron a ella cuando tenía cinco meses y no ha querido salir.
-“Te debías venir por aquí”, me dice mi hija hablando de su calle, que sí, tiene más comodidades, pero yo no sabría salir de Boggiero. Aquí hay un ambiente familiar, nos preocupamos unos de otros y nos conocemos todos.
-Fíjese, tengo ahora cincuenta y ocho años… Antes era una calle de labradores, las casas eran de un piso, todo lo más de dos. Había corrales y carros. Ahora hay industrias,
trabajadores. Aún queda algún labrador; luego le acompañaré a la casa de Lobera, uno de solera…
-Antes vivíamos tres en ella, ahora hay casas de siete pisos, como la mía, y los bajos. Aunque hay familiaridad, no es la misma de antes.
-Yo he conocido todo. Me acuerdo de cuando empezaron a celebrarse las fiestas. En lo que es ahora el cine Monumental había una casa vieja, de muchos inquilinos, y un colegio. El maestro, don José Vázquez, tenía la antigua imagen de la Virgen del Rosario. Con ella se iniciaron las fiestas. Cuatro o cinco años después, se compró una imagen nueva, que es la que ahora está. Fue iniciativa de la juventud. Se recaudó el dinero de algunos bailes que hicieron y de suscripción del vecindario. Con ello se compró la
imagen de la Virgen y el estandarte. La primera junta la formaron don Pascual Ibáñez, don Joaquín Gimeno, don Ramón Lobera, don José Domingo, don Felipe Ramón don José Vázquez y alguno más que ahora no recuerdo. Calcule que tendría yo once años entonces y tengo cincuenta y ocho…
-¿Y han cambiado mucho las fiestas desde entonces?
-No crea, no mucho. Ahora se hace el toro de fuego, que antes no se hacía… Recuerdo que una vez llegó una cantante de ópera, Carmen Ramos, muy conocida entonces,
y como vio que en su barrio se hacían fiestas invitó a toda la junta al teatro Circo, donde ella actuaba… Luego se dio un baile en su honor… Aquí, en la calle Boggiero, nació José Oto…
En la casa que el vecindario conoce con el curioso nombre de “La Galera”, que en tiempos fue cuartel de Carabineros y luego cárcel de mujeres, y hoy es una casa de vecindad con cuatro escaleras y un número increíble de vecinos.
-Y aquí, en el ochenta y ocho, estuvieron viviendo durante la guerra Gloria Laso y su hermana Mara Laso.
Gloria Laso, aquella que cantaba aquello de “Anda chiquillo, tira el cigarrillo y vete ya a tu casa…”
También en la calle Boggiero abrió sus ojos al mundo nuestro fotógrafo Luis Mompel.
Doña Angela Yus cumple su palabra y me lleva a conocer la casa de los Lobera: llamamos con el llamador de mano, se abre la puerta desde arriba, atravesamos un corredor
antes de dar con la escalera que conduce al piso. Nos recibe una hija de don Ramón Lobera, que fue miembro de la primera junta que hubo en la calle. Los Lobera son familia tradicionalmente labradora, de los pocos que ya quedan.
-Aún quedan; todavía están los de Valentín Til, los de José Domingo y otros aún -me dice la hermana de don Eduardo Lobera, que es quien actualmente lleva los negocios
familiares.
-La Virgen del Rosario, la antigua, era también, como lo es ésta, propiedad del barrio, de los vecinos; pero la guardaba el maestro don José Vázquez, y como ya se compró la nueva imagen, fue donada la antigua a un convento, aunque no me acuerdo a cuál. Esto ocurrió cuando los Vázquez se mudaron de calle.
La calle de Boggiero -están de acuerdo las dos señoras- tiene de todo, como las demás calles; pero hay más de bueno que de malo. La panadería de doña Olvido, esposa de don Pedro de Miguel, presidente de los festejos, es una tentación para los chicos de Boggiero. No es por los bollos ni las magdalenas, por ricos que sean y mentira que parezca; es porque la panadería es también la morada del Verrugón, la Bruja, Agustina de Aragón, el Diablo, la Baturra, la Dolores, el Payaso y el Morico.
-Bueno, y el toro de fuego.
La hija de doña Olvido es la que me informa de todos los pormenores de las fiestas. También me pone en antecedentes de cuanto se refiere a la Virgen.
-La Virgen tiene su propia ropa, carroza propia y sus joyas. Las joyas son de bisutería, pero fina.
Hasta este mismo año, Olvido ha sido camarera de la Virgen; está al tanto de todo cuanto a la imagen se refiere.
-Tiene dos vestidos, el viejo y el nuevo. Tiene dos pares de pendientes, los nuevos y los viejos, y dos mantos. Y una cartilla abierta en la Caja de Ahorros del Portillo.
-¿Una cartilla?
-Claro, ¿de dónde si no íbamos a sacar todo el dinero para los gastos de los festejos? Nadie nos perdona una, no crea usted… -dice con gracejo la joven.
El dinero se saca de las loterías que a este fin hace el vecindario y de cuatro capillicas que visitan las casas. Principalmente de las loterías. Como el vecindario sabe a qué
fin se destina y luego lo ve, no le duele el dar dinero. La calle de Boggiero se jacta de ser la única por el centro de la ciudad que se permite hacer festejos. La labor de las camareras de la Virgen es vestirla, desvestirla, cuidarla, avisar cuando tiene algún desperfecto, limpiar su carroza… La Virgen del Rosario está muy dentro del corazón de las muchachas de Boggiero.
-Así, cuando tienes algún secretillo que contar, ¿a quién se lo cuentas, a la Virgen del Pilar o a la del Rosario?
Le cuesta bastante trabajo contestar a Olvido:
-Pues, la verdad, no sabría decirle… Yo creo que se tira a la del Pilar aunque sin dejar de pensar en la del Rosario.
Qué descanso pensar que sólo hay una y la misma. Las fiestas, como es lógico, se celebran en octubre, conmemorando a Nuestra Señora del Rosario.
-Comienzan siempre un viernes y terminan el domingo. Durante los tres días salen los gigantes y cabezudos. Hay cucañas y juegos juveniles con premios muy distintos,
desde magdalenas y longanizas que aportan los industriales de la calle hasta pequeños premios en metálico. Y les ponemos bandas a los ganadores. El sábado hay una procesión:
se saca a la Virgen de casa del mayordomo de la Hermandad, en donde ha estado todo el año, y se lleva a nuestra parroquia, San Pablo. Allí queda expuesta hasta el día siguiente,  en que se traslada, con otra procesión, hasta su nuevo domicilio en casa del nuevo mayordomo.
Todas las noches hay baile en alguna esquina de la larga calle de Boggiero, me dice Olvido; normalmente en el ensanche, que hay más sitio. El domingo por la mañana está el famoso Rosario de la Aurora y una ofrenda de flores. El ramo que llevan las chicas lo paga la junta si la chica vive en la calle Boggiero o sus adyacentes. Si no, no, porque se arruinarían, ya que a la ofrenda suelen sumarse muchas jóvenes de otras calles.
-También damos una comida homenaje a los ancianos del barrio.
Hay joteros que bailan y cantan y animan esta pequeña fiesta. También aquí se animan muchos ancianos de otras calles y vienen a la comida, aunque se pagan la invitación.
Hace unos meses murió la anciana de más edad del barrio, a los ciento dos años.
Olvido está satisfecha de su calle y, sobre todo, de sus fiestas; me habla con animación y orgullo de ellas y me afirma, como todos los vecinos me han ido diciendo, que cuando
hay algún revuelo nunca lo motivan los de Boggiero, sino otros que vienen de otros barrios.
En las fiestas de Boggiero no hace falta avisar a los automovilistas ni poner señal alguna; nadie aparca en la calle. Nadie, tampoco, se queda sin colocar una colcha, una guirnalda,
un trapo alegre en su balcón en señal de eso, alegría.
Con todo, la calle Boggiero tiene mucho más que sus fiestas. Aunque sus fiestas son el exponente de su esfuerzo común, de su unión, un poco de este orgullo que tiene la calle sobre su condición seria. El Royal Concert dio mucho que hablar, en tiempos, de la calle Boggiero. Primero, posada; luego, talleres y redacción de “La Correspondencia de Aragón”, al que dirigió un tipo romántico y bohemio de los de entonces, apellidado Rosas. Luego, El Royal, cabaret donde debutaron todas las frívolas de entonces. Y también donde debutó Maruja Tomás, y donde actuó La Cachavera.
-Allí actuaron también Rosario y Antonio, cuando eran simplemente “Los niños sevillanos”.
Y siendo Royal Concert, allá por el año veintisiete o veintiocho, fue escenario de un crimen pasional. Una joven bailarina de dieciocho años, Conchita Granados, fue muerta por un joven comeriante madrileño, Nicéforo Fernández, que había acudido a Zaragoza en su persecución. Ahora es la sala de fiestas Oasis.
En tiempos, hubo en la calle varias casas de préstamos, alguna ropavejería y una preciosa tienda donde se exhibían magníficos mantones de Manila…
Don Florencio Lahuerta, tal vez el único trompetero que la ciudad conserva, me da su versión. El señor Lahuerta es cachazudo y socarrón como los baturros viejos, y su versión sobre la calle está teñida de remembranzas históricas.
-Por aquí pasaba a hacer su compra Agustina de Aragón… Esta es una calle distinta de todas. Hasta hace poco estaba el único hombre que fabricaba collerones para las caballerías. Estoy yo, está Joaquín, el trajinero…
-¿Qué le parece la calle?
-¿Y qué cosas pregunta? Pa pagar, de primera; pa escobar y pa luces, de cuarta. Me paece el túnel de Canfranc. No se ve una. Por eso pinto yo mi puerta de blanco. Por lo demás, buena, hay perras. La única calle que gasta en fiestas. Y ahí enfrente, los almacenes que manejan el vino de toda España. ¿Y ya han visto el ensanche? ¡Ole cocorró, las casas nuevas que han hecho! Esa es la novedad de la calle.
Pero al señor Lahuerta también le tiran las cosas viejas y me habla de “La Galera”.
-Ahí vive medio Zaragoza. ¿Y habéis visto las escaleras? Fue cárcel de mujeres, por eso se le llama “La Galera”.
El señor Lahuerta es especialista en tambores. Me habla de cuando la guerra acudían a él en casos de apuros.
-No habría otro que yo… “¡Que se va a tomar Barcelona!”. Pues corriendo al trompetero, y yo, venga: cuarenta, cincuenta tambores…
En el interior de la tienda hay una pared que es un puro pentagrama. Frente a ella trabaja José, el hijo del señor Lahuerta y continuador del oficio y además perteneciente a la Banda de la Diputación. También me presentan al gato, que, según su dueño, es el amo de la calle, aunque no le deja pisarla por si los gitanos…
Y la calle de Boggiero es ésta, con sus ciento noventa y dos números, su entrada tan silenciosa por Escuelas Pías y su flamante ensanche hasta el paseo de María Agustín, hecha de retazos diferentes pero tan unidos en la tristeza y, sobre todo, en la diversión y la devoción de sus fiestas; su lujo, su orgullo. 

Y para los que quieran ‘refrescar’ entradas anteriores…
1. La calle más elegante de Zaragoza.
2. La calle obsesionada con mantener la línea.
3. La calle más decadente de Zaragoza.
4. La calle de las muchas verdades.
5. La calle que no tenía nada malo.
6. La calle más llena de recuerdos.
7. La calle sentenciada a muerte.
8. La sede de los templarios en Zaragoza.

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2 respuestas a La calle con Virgen, fiestas y toro de fuego

  1. jose luis dijo:

    Hola, buenos días. Gracias por recordar mis tiempos de niño en Boggiero. Esas galeras con enormes pasillos que daban miedo ir por ellos… Yo vivía en el 129 de la calle Boggiero y siempre estabamos ahí metidos. Casi ya no había gente pero era una gozada. Ya sabes, aventuras de niños. Los mejores toros de fuego, por supuesto, los del Gancho. Y cabezudos. Antes sí que había unidad, y todos por la fiesta. Gracias de nuevo por tan grato recuerdo.

  2. Jesús garcia dijo:

    Hola, ¿me podrían informar sobre los cabezudos de la calle Boggiero? Un saludo

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