El timo de las limosnas

 

Hay quien dice que el timo más antiguo que se ha realizado en España es el de la estampita. Todos los timos juegan con la avaricia del timado, y en realidad lo único que cambia es la presentación, el anzuelo.Por eso creo que se puede defender que el timo ‘de las limosnas’ es el más antiguo, o uno de los más antiguos, que se ha realizado en España. Porque el anzuelo empleado nos puede remontar, sin problemas, a la España del siglo XVI, la de la picaresca. No les entretengo más. Aquí va una noticia de 1930:

Ayer se presentó en la Comisaría de Vigilancia Manuel San Polo, de 46 años, casado, labrador, vecino de Sierra de Luna, haciendo minucioso relato de sus cuitas.  Le habían sustraído dos mil pesetas, y los espabilados autores del timo no emplearon otro procedimiento que el desacreditado “cuento de las limosnas”.
El sábado, a mediodía, Manuel Sanz encontró en el Puente del Pilar a dos desconocidos, los cuales, con el consabido preámbulo le dijeron con todo género de reservas que eran depositarios de cincuenta mil pesetas en billetes del Banco de España, y que ese dinero había que destinarlo por deseo de un generoso y fallecido donante, a obras de beneficencia. Apremios de tiempo les obligaban a marchar rápidamente de la ciudad y se veían en la necesidad de buscar una persona honorable y con garantías que se hiciese cargo de la respetable suma. Manuel Sanz creyó llegado el momento de su intervención y se ofreció a servir de mediador entre los desconocidos y los pobres desvalidos.
-Si tanto apuro tienen, yo me quedaré con los dineros y no pasen pena, que yo los repartiré como Dios manda.
Un momento de fingida duda de los dos desconocidos. Uno de ellos dice:
-Pero es el caso que nosotros necesitamos alguna garantía. En el mundo hay gente tan mala.
-Tienen razón. ¿Y qué haría falta para remediarlo todo? Yo lo que quiero es que los pobrecicos no se queden sin ese dinero.
-Pues hombre… No es que haya dudas de usted, que bien se ve que es una persona cabal. Pero nada cuesta hacer las cosas bien, ¡qué demonio!
Unas cuantas frases más por el estilo y todo quedó ultimado. Al siguiente día y en el mismo sitio se verían los desconocidos y el sacrificado labrador. Este entregaría dos mil pesetas como garantía y los otros, a su vez, depositarían en sus manos la codiciada caja conteniendo los diez mil duros.
Así fue. Ayer, domingo, con puntualidad cronométrica, llegaron al lugar de la cita los timadores y su víctima. Se despidieron con un cordial abrazo y cada uno marchó en su dirección. Los “timos” con las dos mil del ala, y el labrador con una monada de cajita de madera, cuidadosamente cerrada con llave. ¡Y poco orondo que marchaba Manuel
con aquella fortuna bajo el brazo! De seguro que iría pensando:
-¡Qué cosa es el mundo! ¡Hay que ver! Toda la vida trabajando como un negro para juntar cuatro perras y ahora en un momento la fortuna que se mete en casa. En estas o parecidas meditaciones caminó un ratito. Lo justo para llegar a un bar del Paseo de la Independencia. Allí se marchó a un rinconcito, donde no era fácil verle, y dio satisfacción a la pícara curiosidad. ¿Por que no acariciar con la vista aquel tesoro? Manos a la obra. Abrió la cajita. Dentro de ella un papel blanco, envolviendo recortes de periódico. El salto que el buen Manuel dio en su silla no es para contarlo.

Y mañana… (sí, de verdad)
El secreto del ‘hombre de la florecica’

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2 respuestas a El timo de las limosnas

  1. Maria Pilar Paris dijo:

    Es increíble lo que la codicia ha hecho y hace todavía, porque timos parecidos a este siguen existiendo todavía. El afán de la ganancia y lo poco que tienen algunos dentro de la cabeza hace que gente pícara siga aprovechándose. Claro que las víctimas en sí, no son victimas y se merecen bien lo que les llega.

  2. tinto de hemeroteca dijo:

    Mucho timador anda suelto, y no solo en las limosnas…

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