El secreto del ‘hombre de la florecica’

Hoy toca otro personaje curioso y, aunque no fue aragonés, sí que fue muy famoso aquí. Ángel Buñuel Cerdán, conocido en los años 60 y 70 como el ‘Hombre de la florecica’, se hizo muy famoso porque, observando una planta, sabía predecir el tiempo y las cosechas. Todos los años, antes de las fiestas del Pilar, hacía su predicción y… ¡no fallaba! Pero en cualquier momento, en cualquier estación, podía predecir el cambio del tiempo con quince días de antelación. Fue muy, muy famoso en su época, por lo que caba suponer que no se equivocaba. Esta es la entrevista que le realizó Alfonso Zapater en abril del 68:

-Ni siquiera mis hijos conocen el secreto de la florecica.
Lo sabe únicamente Emilio Sanz. Hace años que hice una promesa: revelar este secreto a don Marcial Buj para que lo publicara en HERALDO. Pero falleció… Ha sido una buena oportunidad, al cabo del tiempo, encontrarle a usted.
Ángel Buñuel Cerdán es un hombre popular en toda España. Sus partes meteorológicos conocen la letra impresa de todos los rotativos. Se le conoce más como «El Hombre de la Florecica». Hemos tenido ocasión de cambiar impresiones. Ángel Buñuel reside en Tudela. Sus vaticinios meteorológicos son válidos para toda la Ribera.
-Ahora -sonríe- no hay florecica…
-¿Cuándo es la época?
-En septiembre ya se manifiesta. Y si no, a segar con la manta.
-¿No iba a revelarnos el secreto?
Trae consigo las florecicas. Lo que él denomina con tan poético nombre es el espigón de las cañas.
-Mire, llevo cuarenta y tres años sin equivocarme. Han querido que patentara el sistema y no he accedido. No pueden obligarme. Vino a buscarme un canónigo de Murcia para que le acompañara y vaticinara sobre las cosechas de aquella región. Yo sólo me meto aquí, en Aragón, Navarra y Logroño. Los agricultores me deben mucho, porque nunca me equivoqué. Algunas veces vienen a burlarse:
«¡Si te hacemos caso! ¡Con la cosecha que tenemos!». «Pero no segaréis», les respondo. Y así ha sucedido siempre. Lo que marca la florecica, eso es.
Nuestro hombre ha cumplido ya los ochenta años. Tiene una larga experiencia. Los agricultores, por lo general, acostumbran a mirar el firmamento, observando la marcha de las nubes. También influye si el viento sopla de una parte o de otra. Ángel Buñuel sólo mira la florecica. No necesita más.
-¿Cómo descubrió este sistema?
-¿Cómo lo descubrí? La Divina Providencia. En el Bocal fue. Observé cómo espigaban las cañas, que no lo hacen igual todos los años. Me dije: «¡Qué cosa tan rara!…»
-Y continuó observando.
-Diez años permanecí así; callándome lo que veía. Sin decir nada. Iba apuntando en una libreta la muestra que sacaba la florecica, comparando con la cosecha de cada año. Cuando estuve seguro de que la florecica no mentía, hice público mi descubrimiento.  Llevamos treinta y tres años en lo cierto, más diez de experimentación. Mariano Medina ha comentado: «Nosotros no podemos decir lo del señor Buñuel, porque él vaticina sobre tres provincias que tienen idéntico clima».
Los agricultores de la Ribera piden consejo al «Hombre de la Florecica». Quieren saber cuándo deben sembrar y cuándo no. A veces tiene su importancia sembrar en un mes determinado.
-En cierta ocasión les firmé un documento a unos agricultores del monte de Gallur. Les garantizaba tres partes de cosecha. Todo ello sin cobrarles ni un solo céntimo. Sólo les puse como condición la de que sembraran en octubre, porque en noviembre ya no podía responder.
-¿Y este año, que es bisiesto?
-Este año, a coger buena cosecha. Lo de bisiesto no importa. Habrá aglomeración de lluvias; no pasará una sola semana de primavera sin que llueva. Antes de llegar esta estación también anuncié que llovería todas las semanas, pero que no se mojaría ni un papel. Ahora es distinto. Las lluvias llegarán a enfadarnos. Vendrán, y muy fuertes. Cuando se perdieron los manantiales aseguré que para esta primavera volverían a manar. No quisieron hacerme caso. Y ya manan…
«El Hombre de la Florecica» recuerda con especial complacencia el año 1946, uno de los de mayor cosecha. Le habían precedido dos años malos. A la feria trajeron numerosas mulas. Querían venderlas. El preguntó: «¿De quién son estas mulas? Cójanlas y vayan a sembrar que este año saldrán de cazuela. Y vuelvan para la próxima feria, a ver si es verdad.»
-¿Y volvieron?
-Fue una de las mejores cosechas que se recuerdan.
-¿Sus vaticinios son válidos tanto para el secano como para el regadío?
-En el regadío no me meto, más que en la época de granazón.
Ángel Buñuel Cerdán, este anciano simpático, de ochenta años de edad, nos muestra numerosas cartas que recibe de distintos lugares de España. Hasta de los Ministerios de Industria y Agricultura. En una le hablan de patentes y en otra de vaticinios meteorológicos.
-Me han querido llevar por todas las provincias españolas.
-¿Nunca cobra por sus consejos?
-Nunca. Me limito a traducir lo que dice la florecica.
El secreto no lo conocen ni sus hijos. Sólo Emilio Sanz. Y nosotros. Los espigones de las cañas encierran múltiples revelaciones.
Este hombre -«El Hombre de la Florecica»- ha sabido leer en el libro de la Naturaleza.
-Y es un libro, créame usted, que no miente…

El ‘hombre de la florecica’ falleció en abril de 1974, a los 85 años. Según se señalaba en las crónicas publicadas entonces, había traspasado su ‘secreto’ a Emilio Sanz, de Tudela, e Isidro Galindo, de Fontellas. Pero desconozco si hay alguien que ‘cultive’ todavía estos conocimientos. ¿Saben ustedes de algún caso parecido?

Y mañana…
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4 respuestas a El secreto del ‘hombre de la florecica’

  1. Por la zona de Zuera todavía se dice que cuando la caña espiga mucho el invierno será frío, mientras que si espiga poco será más cálido. Lo que no han sabido decirme es el tamaño medio de la espiga, a partir de qué medida consideraremos si es mucha o poca espiga. ¡Ojalá hubiera más personas que supieran mirar al cielo y a la tierra! Pero me temo que son una especie en extinción.

  2. quemasda dijo:

    Muy bonita entrada y muy curiosa, sí señor …

  3. Emi dijo:

    El pastor del Gorbea también hacía buenos pronósticos del tiempo basándose en la observación de la naturaleza. Creo que murió el verano pasado. También creo que vivía en Tudela. Desde luego, en la zona donde vivo (La Rioja, aunque soy de Zaragoza) se le hacía mucho caso, dicen que no fallaba.
    Salud

  4. Javier dijo:

    ¡Qué tiempos aquellos en que Heraldo miraba a Tudela y Tudela miraba a Zaragoza. Hasta las crónicas de los partidos del Tudelano podías leer en el Heraldo…

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