El último día de la estación del Arrabal

Las ciudades se transforman a velocidad de vértigo. Si no se hubiera conservado en parte, hoy nadie se acordaría de la estación del Arrabal, que durante casi cien años fue clave en Zaragoza. El 30 de septiembre de 1973 fue el último día en que entró en ella un tren de viajeros. Y éste es el reportaje que Alfonso Zapater publicó en HERALDO:

Hoy funcionará por última vez como estación de viajeros. Hoy es el día de la nostalgia para la estación del Arrabal. Seguirá en pie, eso sí; pero sus puertas sólo estarán abiertas a las mercancías. El calor humano, el bullicio y algarabía característicos de los trenes de viajeros, que entraban y salían a diario, habrá desaparecido para siempre.
Hoy saldrán, si es que salen, los últimos pañuelos de despedida, agitados al viento. Cuántas veces -¡ay!- al cierzo aragonés. Desde el Arrabal se sentía -se seguirá sintiendo, pero de otra manera- la más fuerte vibración zaragozana, con las torres del Pilar al fondo.
La estación llegó a contar con cerca de dos mil empleados y obreros, y ahora sólo quedará un centenar.
-No creo que llegue a tanto.
Así me lo confirma don David Sendino Gutiérrez, ayudante técnico sanitario -practicante de la Renfe-, que lleva más de treinta y dos años al frente del botiquín de la estación, donde ingresó para sustituir a su padre.
-De hecho, casi toda mi vida ha transcurrido aquí.
Recuerda cómo descendió el índice de los accidentes al suprimir las máquinas de vapor.
-Yo bajaba a ayudar a mi padre. Casi todas las prácticas las hice aquí. A los trece años asistí a una operación con el doctor Marraco. Era una amputación, y me quedé con la pierna en la mano.
-¿Qué recuerdos se han quedado más profundamente grabados en usted?
-La guerra -no ha dudado un momento-. Aquí venían los trenes-hospitales. He visto esa explanada llena de gente.
-¿Jornadas agotadoras?
-Muchas. En un sólo día tuve ciento diez bajas, por gripe. Fue aquella epidemia de hace unos años. Y cuando el brote colérico tuve que vacunar yo solo, sin ayuda, a cerca de mil personas.
Don David Sendino es uno de los veteranos de la estación del Arrabal. Probablemente sea el practicante más antiguo de la V Zona de la Renfe. Por otra parte, en su experiencia arrabalera no sólo cuentan los más de treinta y dos años de actividad profesional, oficialmente, sino todos aquellos otros de su niñez, que los pasó junto a su padre.
-Ahora ya voy para los cincuenta.
-¿Cuál es la edad media del personal que presta sus servicios actualmente en la estación del Arrabal?
-De cuarenta y cinco a cincuenta años.
La Renfe ha sido generosa al conceder la jubilación a todos aquellos que habían cumplido los cincuenta años. Son muchos, por tanto, los que se han acogido a la misma. Los demás han sido trasladados a distintos servicios en Zaragoza. Sin embargo, puede la nostalgia del último día en que la estación funcionará para viajeros. No hay previsto ceremonial alguno. Han transcurrido ciento doce años desde que el rey consorte Francisco de Asís inauguró el servicio, el 26 de septiembre de 1861, y tan dilatado periodo de tiempo no ha pasado en vano. La historia española de más de un siglo ha desfilado por la estación del Arrabal y ha dejado huella. Nuestro redactor religioso, don Juan Antonio Gracia, recordaba ayer que durante seis años consecutivos celebró misa en la estación del Arrabal.
-La sala de primera clase se convertía en capilla.
Ahora, al cabo del tiempo, al cabo de más de un siglo, el adiós parece demasiado frío y protocolario. Cierto que la estación seguirá en su sitio, prestando servicio de mercancías; pero no será lo mismo. Faltará la emoción de las despedidas y la alegría de los reencuentros. La estación quedará como huérfana del pálpito humano.
La fonda abrió ayer sus puertas por última vez. Y ayer las cerró definitivamente, después de cincuenta y ocho años en manos de don Francisco Tijero. También aquí se produjo la sucesión de padres a hijos. Así, desde 1915 hasta nuestros días.
-Don Francisco Tijero -me informan- se va ahora sin ningún derecho, debido al contrato que tenía suscrito con la Renfe. Ni jubilación ni indemnización alguna.
Borrón y cuenta nueva para el pasado. Hoy es el día de la nostalgia para la estación del Arrabal, a la que han buscado un nuevo cometido. Los tiempos cambian e imponen sus condiciones. Habrá que pensar, pues, en una nueva etapa arrabalera, con más industrialización y menos folklorismo viajero. Por eso es un adiós nostálgico, pero sin pena.

Y mañana…
La calle elitista y pacífica

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7 respuestas a El último día de la estación del Arrabal

  1. Maria Pilar Paris dijo:

    !Ah, la estación del Arrabal, cuántos recuerdos! Lo primero por estar en mi barrio, y después por haberla utilizado muchas veces, cada vez que venía a ver a mi familia. Los adioses que he visto por la parte de mi madre, y digo sin vergüenza que el pañuelico que me decía adiós me provocaba lágrimas cada vez, luego ya no ha sido igual, la otra estación ya no era lo mismo. Y después fue el coche. Pero nunca olvidaré mi estación del Arrabal.

  2. ESTEBAN TRIGO dijo:

    Varios motivos me mueven a recordar la antigua estación del Norte, en el Arrabal. Primero, porque mi padre era ferroviario. Segundo, porque yo fui el empleado bancario que iba a pagar mensualmente las nóminas al personal y tercero, porque de ella partía el “canfranero” en el que viajé tantas veces con mis amigos.
    El pago de las nóminas en una sala de espera lo hacía escoltado por una pareja de la G.Civil. En invierno los ferroviarios me aguardaban con una estufa encendida y una cafetera. Luego, en fila, me mostraban el carné y yo les abonaba la nómina. Casi todos conocían a mi padre y me daban saludos para él. Cuando la Renfe implantó el pago de salarios mediante ingreso bancario, un alto porcentaje abrió su cuenta en la Entidad donde yo prestaba mis servicios. Tengo tantos recuerdos de aquella humeante estación, que para contarlos necesitaría más espacio. Fue el escenario de buena parte de mi vida, con el estraperlo de posguerra, la carbonilla de las vías y el mal olor del agua estancada en los depósitos. Un día un maquinista apodado “Picardías” me subió a su locomotora y me dejó ponerla en marcha. Una experiencia que luego contaba en el colegio de Doña Matilde, causando asombro y envidia entre mis compañeros.
    Era por los años 1940…

  3. TININ dijo:

    Iba siempre con mi padre a ver llegar el TER Valencia-Bilbao. Vivía muy cerca y era mi pasatiempo favorito. Recuerdo al que vendía los caramelos, con este cántico que repetía una y otra vez: “Caramelitos de Zaragoza, frutas de Aragón, almendra garrapiñada, pastillas de café con leche, chiclés, pipas, lotería”.
    También conocí al chófer de un autobús que le llamaban “La central” y que trasladaba a los viajeros a la otra estación. Hoy vivo fuera de Zaragoza, pero cuando vengo todavía voy a ver el edificio actual, que ya no tiene el encanto de antes.
    ¡Qué recuerdos!

  4. Antonio dijo:

    Yo nací en el nº 20 de la Av/Cataluña hace más de 50 años, en casa de mis abuelos, junto enfrente de la estación. Desde el balcón se veía toda la estacion y parte del interior, vías… Gran parte de mi infancia tuvo de fondo la estación y el ruido y humo de los trenes. Muchos y buenos recuerdos me trae este artículo.

  5. Crispín. dijo:

    Emotivos recuerdos de unos años y viajes que no volverán. Mi primer viaje a Francia con mi tío un 11 de Enero del 60. El Canfranero debería partír a las doce del mediodía, pero a causa del mal tiempo y la nieve caída no pudo salir de cocheras hasta las seis de la tarde, hora en partimos rumbo a Canfranc y después… Francia. Desde aquel día en la estación del Arrabal cada viaje que hice era una aventura maravillosa. “Hoy” la repito cada 11 de enero en recuerdo a mi tío y en recuerdo a “nuestra” estación del Arrabal.

  6. Marta dijo:

    Ayy! Qué recuerdos tengo yo de esta estación!

    Qué pena

  7. luis 1 dijo:

    Cuando era un niño, 5 o 6 años, recuerdo que íbamos en el Shangai con mis padres hasta León. Cogíamos el tren en la estación del Norte de Barcelona por la noche y pasaba en el pasillo mirando las luces de los pueblos, estaciones, cruces hasta que más o menos me rendía dormido en Manresa o Calaf. Alguna vez me despertaba en Lérida a eso de las 4 de la amdrugada. Pero tenía una cosa en mente, atravesar el río Ebro en ferrocarril. Para entonces me volvía a dormir y casi me despertaba (o me despertaban al llegar a Zaragoza). Al llegar a esa estación, yo sabía que rápidamente teníamos que a atravesar el río, pero curiosamente parecía que dábamos la vuelta en dirección contraria hasta que al cabo de unos minutos atravesábamos el río Ebro por un puente magnífico de hierro. Todo aquello quedó en mi recuerdo. Y ha sido recientemente cuando he indagado sobre la estación Arrabal, un pequeño túnel por el que se pasaba, el bosque de árboles, nuevo giro y paso por el puente de Hierro sobre el Ebro (ahora de la Almozara). Y luego la Química. !Que épocas aquellas!.

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