La calle más elitista de Zaragoza

Pues créanselo. Hubo un tiempo, nada lejano, en el que las rosas, el queso y el jamón de York debieron ser artículos de lujo. La calle en la que se debía gastar de lo lindo en 1969 era… la de León XIII. Este es el reportaje que se publicaba en 1969 en HERALDO:

La calle de León XIII es moderna, tanto que sus primeros números están aún en construcción o recién acabados. Es calle significante en cuanto vienen a confluir a ella todas las ramas de un sector urbano bien definido. Sector residencial, de nueva burguesía, acuñada con el trabajo y el esfuerzo de gentes de la postguerra. De los que saben muy bien el valor de cada una de las piezas que componen sus casas. De los que tienen un concepto actual de lo que quiere decir “nivel de vida”. De los que, teniendo menos, a lo mejor, gastan más, pero siempre saben al gastar por qué gastan y qué esperan del gasto. De los que viven al día, pero sacando de ese día todo lo que pueden. Gente con psicología acusada especialmente en un momento de sumo interés: el de la compra. De todo esto he ido enterándome a través de la no menos despierta y positiva psicología de los vendedores y comerciantes de la calle de León XIII.
También modernos, también al día, también seleccionando la mercancía que ofrecen a su público. Es muy curioso lo que me han dicho un par de personas emigradas de otros barrios y calles como del Coso y de General Mola.
-Es -me han afirmado- tan diferente la manera de vivir de esto a aquello que parece como si te hubieras cambiado de ciudad.
-Del Coso aquí, como venir al extranjero.
La casa número diez fue una de las primeras edificadas en la calle de León XIII. Hace de ocho a diez años. Mi interlocutora no lo recuerda bien porque llegó recién casada a la calle hace sólo seis.
-Aunque he vivido siempre en este sector. Creo que la primera casa que se edificó en el paseo de las Damas fue la de mis padres. Yo recuerdo de niña cómo estos alrededores eran huertas y veíamos trabajar la tierra a los hortelanos…
El mostrador de la farmacia de la calle León XIII está decorado con billetes de banco. Son muy distintos y curiosísimos, algunos de bastante valor para el coleccionista.
-Empezó la costumbre porque un amigo dijo a mi esposo que poner un dólar en el mostrador de un establecimiento recién abierto daba suerte… Acto seguido le obsequió el dólar… En seguida, los billetes -por lo menos los que adornan el mostrador- se fueron multiplicando.
Ahora pueden verse entre otros: bolívares, pesos, cruzeiros, soles del Perú, francos africanos y de Madagascar, un guaraní, marcos, billetes orientales. Y una serie interesante de emisiones republicanas de distintos lugares de España: del Consejo de Asturias y León; una pesseta cinquanta, de Cataluña; de Benasque, de Badajoz. Mil reales vellón, de 1857, del reino aragonés…
-Los clientes los van poniendo. En realidad no hacemos colección.
A veces ha venido alguien a comprar algún billete o a vender, pero mi esposo no ha aceptado. Todos son detalle de la clientela.
Ligera muestra del auge que va tomando la calle de León XIII.
-Hace seis años estaba muerta. Ahora, como yo digo, no se necesita bajar a Zaragoza para tener de todo. Hay de todo. Estamos estupendamente de mercados. El comercio, en general, empieza a tomar mucha importancia. Yo me paso ya semanas y semanas sin salir del contorno.
Las primeras casas compradas por pisos que no llegaban a las trescientas
mil pesetas han supuesto un negocio fenomenal vendidas cuatro
veces más caras.
Doña Purificación Gúrpide es una simpática señora, profesora de corte y confección. Una de las personas que vinieron emigrando del Coso. Claro, como en el Coso se derriba y en León XIII se construía, la emigración era de lo más lógico que pueda darse.
-Cuando trasladé yo mi academia de corte y confección y mi taller, me decía: ‘ahora perderé a mi clientela, tan lejos que me he ido’.
Pero doña Purificación no perdió nada con el cambio de Coso, 84, a León XIII, 7. Al contrario.
-Hice negocio -me confiesa con ingenuidad doña Puri, como cariñosamente la llaman sus alumnas-. Al principio pasé mis apuros, porque el piso es comprado. Es de hace unos años, cuando no se encontraban pisos más que comprando. No había más solución, así es que me gasté mis ahorrillos…
Nos asomamos a la enjardinada terraza de doña Puri.
-¿Ve usted? Antes se podía ver desde aquí todo el paseo de Marina Moreno. Y aquella casa, el seis, era un campo. Había una higuera, lo recuerdo. Yo no podía por menos de mirarla desde aquí y, como estaba llena de fruto, me preguntaba: ‘¿Quién se comerá los higos de esa higuera?…’.
En León XIII no podían faltar las flores y las plantas. Desde el pasado verano una moderna floristería atiende el gusto exigente del público. Doña Carmen, la dueña de la tienda, atenta y vivaracha, me va contando cosas de este público entendido y, por eso mismo, exigente.
-No es igual que el otro, el de General Mola, al que yo estaba acostumbrada. Este es más complicado. Lo pude comprobar bien el Día de San Valentín, que es el día de los caballeros. En la tienda de General Mola, si no había rosas rojas, que es lo que piden todos en esa fecha, pues se convencía al señor de que el clavel rojo era tan hermoso como la rosa.
Aquí, no. Aquí se marchan a otro sitio, y si vuelven, es porque no las han encontrado en ningún sitio.
El público de la calle León XIII siente amor por las plantas y las flores.
-Lo siente de verdad, no por tradición. Aquí vienen padres jóvenes y compran, a lo mejor, una planta para que la cuide un niño. Esto no ocurría nunca en la otra tienda. Otra característica es que no te discuten el precio. Este sector, que es de clase media, de carrera o de sueldos crecidos, comprende que un centro pueda costar setecientas pesetas. El otro público, el tradicional, no lo entiende. Quiere que las flores mantengan el precio de antes de la guerra. En definitiva, aquí si tienen flores en la casa no les importa pagarlas a su precio, y si no no las tienen.

Hay otro detalle curioso. En esta parte de la ciudad no se estilan mucho los claveles.
-Pues no. La gente de aquí prefiere la rosa… Es la flor perfecta, claro. Pero los claveles tampoco están nada mal. Están más vistos, eso es todo…
En esta floristería se busca lo caro más bien, aunque también hay barato. Las orquídeas…
-Cuando dan alguna fiesta, en alguna puesta de largo…
-Y algún marido que se permite el lujo -interviene el esposo de doña Carmen, un tanto defensivo-.
Sobre la calle también encuentro ideas propias.
-Siendo centro hay quien baja al centro. ¿Me entiende? Para la categoría que tiene esta calle no es lo comercial que debiera ser. Está ahogada por el paseo de las Damas en un extremo.
-¿Y no se deberá al comercio de la calle, que aún es insuficiente?
-Empieza a ser suficiente. Yo creo que se debe a que sencillamente se encuentra ahogada. Tal vez si el camino de las Torres se urbaniza bien revierta mucho en favor de esta calle. También depende de lo que se haga en el paseo de las Damas…
Por de pronto, ese vergel que tiene por entrada la floristería no se encuentra en el paseo de las Damas. Ya es algo.
Abunda en los mismos detalles don Julián Giner, uno de los más antiguos industriales de la calle. La tienda de comestibles de este señor es una brújula que no miente. También el señor Giner, antes de instalarse aquí, estuvo en el Coso. Es él quien me dice:
-Del Coso aquí, como quien viene al extranjero.
-¿Sí?… ¿Tanto?
-Tanto, tanto. Esto está más evolucionado. Aunque tengan menos los de aquí, se lo gastan con más desenvoltura. Por el Coso las compras son más rutinarias.
Una pared cubierta materialmente de conservas me da idea de lo que el señor Giner quiere decir…
-Aquí solo tiene que ver una cosa; se consume el queso y el jamón York en grandes cantidades…
Elementos de nutrición de alto nivel. De cocinera moderna.
-La calle es buena. Hace unos años, cuando nosotros vinimos, estaba pavimentada pero mal. Solo hace un par de años que volvieron a pavimentarla y la dejaron bien. Antes, por la acera de los pares corría una acequia.
¿Ha observado el lector cuántas acequias corrían antes por Zaragoza?
-Claro, ¿cómo no iban a correr antes si todo eran huertas…?
Del gusto del público masculino de la calle de León XIII nos da idea don Manuel Gimeno.
-Moderno, buen gusto, pero no demasiado ye-yé.
-¿Ni en la corbata?
-Cierto, la corbata es lo más atrevido que el hombre se permite en su indumentaria; pero no, ni aun en la corbata. Mi público, que es el de estos contornos, es clásico más bien.
En la juguetería se desecha el plástico y triunfan los juegos educativos, más de acuerdo con el pensar de los papas jóvenes, que quieren instruir a sus hijos como es debido.
-Una cosa curiosa de estos Reyes: no se ha vendido una sola pistola.
Doña Carmen Pardo me dice esto con franca admiración… ¿Pasará algo raro?
-Es que es raro. Casi todos los años flotábamos aquí en olor de pólvora…
La calle va a mucho mejor, con sus adyacentes, que son nuevas, y también mejoran a pasos agigantados…
Por lo demás, el comercio de la calle va como en una balsa de aceite. De primera, alguna estafilla de poca importancia… Algún pastel desaparecido con la velocidad del rayo… Esto es cuenta aparte. Esto me lo van a contar tres señoritas muy amables que encuentro en una pastelería.
La simpatiquísima Mary Carmen Pintre, que lleva varios años al frente de la pastelería, se conoce bien la psicología de su clientela. Con ella están las señoritas Rosa Mary Crespo y María Jesús Aparicio. Esta señorita es dependienta del supermercado anexo a la confitería.
-Esta calle es la más majica de todo el sector -comienzan por decirme-.
-Nuestra clientela es de muchas señoras con niños y de muchos estudiantes.
A los estudiantes, Mary Carmen los clasifica así:
-Cuandó entran a comer bombones y gollerías a primeros de mes y cuando prefieren los bollos hacia finales del mismo mes -una sonrisa picara ilumina los ojos de Mary Carmen-.
-Hay mucha animación en esta calle, aunque el mes de febrero siempre es flojo -me dice María Jesús.
-¿Creéis que este público es igual o distinto al de otras calles?
-¡Huy, distinto! Mire, este público prefiere siempre la calidad a la cantidad. En el supermercado, lo veo yo. A veces promocionamos un artículo y lo ponemos, lógicamente, un poco más barato. Pues bien, en cuanto la gente lo ve más barato, lo deja de comprar.
Las señoras piensan: si está más barato es porque será peor…
-¿Y no lo es?
-Nada de eso. Es igual.
Una táctica fallida. Tal vez si promocionaran poniéndolo más caro…
-Es público educado, cariñoso -dice Mary Carmen Pintre-. Te vean donde te vean, te saludan. Yo, por ejemplo, soy más conocida aquí que en mi barrio. La pastelera, mira, oigo decir muchas veces…
Mary Carmen da información sobre su clientela. Entran más chicos. Es muy natural.
-Seguro que te saldrán pretendientes…
-Muchísimos, pero no me fío de ninguno. Y, eso sí, se llevan lo que yo quiero. Los señores, lo que aparenta mucho, lo que les llena la vista…
Mary Carmen se ríe. Se llevan lo que la dependienta quiere que se lleven, menos en una ocación. Claro, era otra chica joven. Entró a comerse una ensaimada. También había una pareja; Mary Carmen entró al interior un momento a cambiar dinero, cuando volvió faltaba un pastel.
-Bueno, se habrá comido otro, pensé. Volví a entrar un minutín por otra cosa; cuando salí…
Sorpresa. La joven clienta había calmado su apetito y se había esfumado.
-Es la única vez que me la han dado… -asegura muy seria-.
Aunque, ciertamente, en la calle de León XIII, de público burgués, moderno, profesional, todo se desliza como la seda, como cuando se prefiere la calidad a la cantidad.

Y por si alguno de ustedes quieren refrescar lo publicado hasta ahora en la serie, ahí van los enlaces: 

1. La calle más elegante de Zaragoza.
2. La calle obsesionada con mantener la línea.
3. La calle más decadente de Zaragoza.
4. La calle de las muchas verdades.
5. La calle que no tenía nada malo.
6. La calle más llena de recuerdos.
7. La calle sentenciada a muerte.
8. La sede de los templarios en Zaragoza.
9. La calle con fiestas, Virgen y toro de fuego.
10. La casa, y  la calle, de las dos diócesis. 
11. La calle sin número 1 ni 7.
12. La calle del primer escaparate.
13. La calle que menos ha cambiado.
14. La calle a la que estorbaba la Universidad.

Anímense y hagan algún comentario.

Y el lunes…
Historia de un perro ciego

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4 respuestas a La calle más elitista de Zaragoza

  1. Elena-Z dijo:

    O mucho me equivoco, o en la farmacia siguen teniendo (o tenían, hasta hace poco) esa colección de billetes.

  2. mayusta dijo:

    Me ha encantado recordar viejos tiempos de Zaragoza a través de ese reportaje. Bravo, Mariano. Abrazos.

  3. chexus dijo:

    “Ahora como yo digo, no se necesita bajar a Zaragoza para tener de todo”. El comentario de la interlocutora del reportaje refleja el provincianismo que había en Zaragoza en el año 69, (yo ya tenía 15 años y vivía en Ramón y Cajal), y que haya gente ahora que, con cualquier excusa o pretexto, la mayoría de las veces sin razón, proteste de la ciudad en que vivimos. Por Dios, de qué guariches o aldeas habrán salido esta clase de nuevos protestones…

  4. tinto de hemeroteca dijo:

    León XIII será la calle más elitista, pero Tinta es la elite de los blogs aragoneses

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