Historia de un perro ciego

Durante muchos años, el periódico convirtió en asunto informativo no solo lo que les ocurría a las personas, sino también lo que les pasaba a los animales. No es la primera historia conmovedora que traigo aquí a Tinta de Hemeroteca y cuyo protagonista es un animal. Esta se publicaba en julio de 1974:

Si verdaderamente el perro es el mejor amigo del hombre, está dentro de lo posible que pueda serlo mejor un perro ciego. “Dick” no se separa de su dueño. Le gusta verse mimado.
Se siente espoleado por el olfato y por la voz. Escucha y siente a los suyos. La historia de “Dick” merece ser contada; es posible que alguien se arriesgue a relatarla un día, con mayor amplitud que ahora. “Dick”, un precioso “setter”, es ciego de nacimiento.
-Su madre -me explica don Santiago Fernández- también se quedó ciega.
¿Se trata de una enfermedad hereditaria? “Dick” escucha atentamente la conversación y parece comprender. Trata de ser un perro normal, y aunque carece de visión cuida de un garaje y sale a cazar todos los domingos. Se orienta por la voz y el olfato y atiende la voz de su dueño cuando le avisa sobre la presencia de los obstáculos.
-¡”Dick”, ten cuidado!
Y “Dick” se para en seco, acude al lado de su dueño y se coloca detrás, con el morro junto a la pierna del hombre. Don Santiago se convierte, entonces, en lazarillo de “Dick”.
-Cuando quiere que le lave los ojos me pone el morro en la mano.
-¿Cuántos años tiene “Dick”?
-Cuatro. Hasta que cumplió los seis o siete meses nadie reparó en que era un perro ciego. Se mostraba juguetón y atolondrado. Cuando llegaba a casa tropezaba con todos los muebles.
Esto hizo entrar en sospechas a don Santiago Fernández. La falta de la visión ha servido para que se acentuaran los otros sentidos, en especial el oído y el olfato. “Dick” es un magnífico perro cazador.
-Da gusto ver las muestras que hace.
-¿Y le trae la caza a la mano?
-Siempre.
A veces, “Dick” se encuentra ante sí con una roca o un matorral.
-¡Para! -le advierten-.
Y el perro da media vuelta para salvar el obstáculo. Luego ventea el aire y sigue el rastro de la caza, sin equivocarse. Cuando está en el Garaje Palafox no se mueve de allí. De pequeño empezaron a no dejarlo salir solo a la calle, para evitar que lo atropellara un vehículo. Sin embargo, a las diez de la noche -siempre a la misma hora, puntualmente-, “Dick” se va a dar una vuelta por la plaza del Pilar y por la ribera del Ebro. Nunca cruza la calzada cuando pasan vehículos. Queda a la escucha de los motores y sólo cuando los siente lejos cruza presuroso de una acera a otra. Consiente únicamente que lo acaricien los suyos, don Santiago Fernández y familia. Le molesta que otros le pasen la mano por la cabeza, como si renunciara a la lástima.
El primero en hablarme fue don Luis Mata:
-Es un caso extraordinario.
Don Santiago Fernández se sacó el monedero del bolsillo y lo arrojó a varios metros de distancia, tras de dárselo a oler a “Dick”.
-¡Anda por él!
El perro ciego levantó la cabeza, olfateando. Luego siguió el rastro, dando eses, nunca en línea recta. El viento se lleva y trae el olor. Al fin dio con el monedero, lo agarró entre los dientes -todo ello muy suavemente- y se lo devolvió a su dueño.
-Lo tendré mientras viva, porque es una maravilla en todos los aspectos -dice don Santiago Fernández-.
-¿Ha tratado alguna vez de operarlo?
-Sólo me decidiría a que lo intervinieran quirúrgicamente si me dieran absolutas garantías de que iba a quedar bien.
“Dick”, que permanece atento a la conversación -que mira sin ver-, parece asentir con la cabeza. En el fondo, se le nota un perro feliz. Se ha acostumbrado a oler y sentir lo más grato de la vida y no necesita ver. Sabe que está rodeado de amigos fieles, que velan por él. Por eso, “Dick” trata de corresponder siempre con mayor entrega y fidelidad
todavía. Es un amigo ciego, quién sabe si para ser mejor.

Y mañana…
La aragonesa que quiso hacer de Tenorio

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3 respuestas a Historia de un perro ciego

  1. EVA LILIA GOMEZ FERNANDEZ dijo:

    deseo tener el hábito de leer buena lectura

  2. veronica dijo:

    Mi hijo veterinario encontró una perrita poodle blanca atropellada en medio de una autopista, la cogió y la llevó a una clínica a operar. Estuvo con fierros en la patita y cadera, se recuperó muy bien, pero nos dimos cuenta de que es completamente ciega, y escuchando la experiencia de la historia del perro ciego, concluyo que mi perrita también se apega a mi para caminar. Cuando hay peligro y le grito “cuidado” se detiene en seco, olfatea, y continúa.
    Ahora comprendo por qué quiere estar siempre a mi lado, o donde yo me encuentre ella esta echadita.

  3. Dario Bielsa Hernandez dijo:

    El nombre de Santiago Fernández es erróneo, es Santiago Hernández, y lo sé bien porque se trata de mi abuelo, que me contaba mil historias sobre ese animal.

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