Apolinar, el estafador ingenuo

Como siempre intento hacer lo más variado posible el blog, hoy cambio de tercio por completo y ofrezco una noticia que tiene poco de misterioso, pero mucho de periodístico. Los amantes de emociones fuertes se van a ver defraudados: lo que se cuenta tiene poco de extraordinario, pero los aficionados al periodismo antiguo disfrutarán. Hoy nadie contaría así un suceso que termina con la detención del estafador. No sería ‘políticamente’ correcto titular ‘Falsificación y estafa’ y emplear el sugerente subtítulo de ‘¡Apolinar, caíste en el cepo!’. Obsérvese además, que la identidad del detenido no se proporciona hasta el final, y en poesía. En fin, una ‘rara avis’ de las crónicas. Corría el año 1911: 

Pues señor, este Apolinar nos resulta un iluso. Hace ya tiempo que le cundía la idea de un viajecito de recreo y, ya planeado y resuelto a su modo al capítulo de ingresos, intentó ponerlo en práctica pero ¡oh, desdicha! cuando iba a tomar el tren cayó en poder de sus perseguidores. 
Apolinar, hace unos quince días vino de su pueblo, uno muy pintoresco de la provincia de Santander, en el que ganó el sustento dedicándose a la paciente pesca. Le gustó Zaragoza; pronto encontró buena colocación, y debió decir para su capote: «seguiremos disfrutando de la vida, que también aquí se pesca algo»,
Entró como dependiente en el almacén de pinturas de los Sres. Bastardas! y de Rivera, en cuya casa observó buena conducta, hasta ayer, que tuvo la mala idea de buscarse unas pesetas sin reparar en la licitud de los medios.
Efectivamente, fue por da mañana al Banco Hispano Americano con cheque falso de 1.200 pesetas y en un tris estuvo de no cobrar… una tunda, pues los empleados de la casa notaron la falsedad y vieron que las firmas del cheque corrían parejas con el alma de Judas.
Falló el primer golpe, pero Apolinar, que es de los que no se desengañan a la primera, probó una nueva falsificación que le resultó de más éxito. Falsificó un cheque, suplantando las firmas de sus principales y aprovechándose de que sus principales le enviaron a cobrar
un cheque de 300 pesetas al Banco de Crédito, falsificó un nuevo talón tomando como modelo el recibido.
Con el documento falso, cobró en el Banco 1.300 pesetas, es decir, mil más de las que se consignaban en el cheque que le dieron los dueños. Volvió al almacén, entregó las 300 pesetas que debía entregar, y con las mil estafadas en el bolsillo se retiró por el foro, pretextando que se encontraba enfermo y suplicando que le permitieran irse a la cama.
A los pocos momentos de marcharse Apolinar; recibieron los señores Bastardas y Rivera un aviso del Banco Hispano, poniéndoles al corriente de la acción que había intentado su dependiente. Sospecharon estos señores que el enfermito hubiera cometido otra estafa y dieron parte a la policía y se dispusieron a pescar al pescador, que habíase ya fugado
de casa. 
Bien equipadito con su traje nuevo y su flamante saco, admirablemente surtido de ropa interior guardada en bonita maleta, ya tenemos a nuestro Apolinar caminito de Colitres, que es su pueblo natal. Muy avanzado en el camino no iba, pues aún no había sacado billete, pero sí había ya facturado dos cajas con ropas ‘pa’ lucirse en el pueblo primero y en Cuba después.
Y aquí empieza la parte dolorosa. Cuando más tranquilo estaba el expescador, se presentan ante sus ojos las figuras de sus dueños. Apolinar debió pasar malísimo rato, pues desde luego supondría que los amos no habían ido a la estación por cumplido, ni por despedirle.
El Sr. Bastardas ‘abrazó’ a su infiel dependiente, quien enseguida recibía idénticas pruebas de afecto de varios agentes de policía que le condujeron a la ‘carcoma’. Allí se le registró y se le ocuparon 585 pesetas en metálico, un reloj de plata, una factura de un almacén de ropas importante 150 pesetas y un talón del Banco de Crédito.
Confesó sus culpas ante el jefe de policía y los propietarios del almacén, y cabizbajo dirigióse al calabozo, donde quedó encerrado.

¡Pobre Apolinar
Jucera Salcines.
Ya no va a Colitres
ni a Cuba se va.
¡Qué poco ‘calitre’!
¡Pobre Apolinar!

¿Qué les parece? ¿Ha perdido estilo el periodismo? ¿O eso es impublicable? Opinen ustedes.

Y mañana…
Setenta años trabajando

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2 respuestas a Apolinar, el estafador ingenuo

  1. Cardiel dijo:

    No me puedo creer que a principios de siglo el periodismo fuera casi poético. Dan gusto estas lecturas.

  2. Maria-Pilar Paris dijo:

    Totalmente de acuerdo, el estilo ha cambiado un 100%. A través los artículos publicados aquí, se puede constatar que hace algunos años había una prosa de una calidad superior a la actual. Con cualquier incidente te bordaban un artículo. Gracias a Mariano descubrimos muchas cosas que, sin él, hubieran pasado desapercibidas.

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