El hombre que viajaba con un cadáver en las maletas

A los lectores de este blog les gusta que rescate crónicas de sucesos. No es extraño, HERALDO ha tenido grandes cronistas, aunque no siempre hayan podido trabajar con libertad. Tras la guerra civil, la férreas condiciones impuestas por el régimen franquista a los medios de comunicación dejaron maniatados a los periodistas, que se veían obligados a publicar prácticamente solo lo que las autoridades querían. Y, sobre todo, como ellas querían, sin añadir una sola coma. Veamos un ejemplo. Zaragoza, noviembre de 1942:

En la Jefatura Superior de Policía nos han facilitado la siguiente referencia de un suceso que ayer fue conocido y comentado en nuestra ciudad.
“En la pasada noche, y en el expreso de Madrid a Barcelona, al efectuar la inspección de viajeros, al agente del Cuerpo General de Policía de servicio en el expresado tren le inspiró sospechas un individuo, así como su equipaje, formado por dos maletas cubiertas con mantas y cuidadosamente atadas.
En su vista procedió a interrogar al viajero, ordenándole que le mostrase el contenido de las maletas, a lo que este se opuso, alegando su falsa calidad de militar.
Conducido dicho viajero a la cabina del citado funcionario, se descubrió que ocultaba en dichas valijas el cadáver de un hombre partido en trozos, procediendo acto continuo a la detención del indicado sujeto y a dar aviso a las autoridades correspondientes, dejando al detenido con las maletas en la estación férrea de Zaragoza a los funcionarios del mismo Cuerpo de servicio.
Conducido el detenido a la Jefatura Superior de Policía e instruidas las oportunas diligencias, que con el detenido fueron puestas a disposición del señor juez militar de guardia, resultó ser dicho individuo Jaime C. S., de treinta y dos años, natural de Palma de Mallorca, sin profesión, con domicilio en Madrid.
Confesó que, por rivalidades amorosas, había asesinado a don Gabriel Adrover Lladó, teniente del Ejército, de guarnición en Palma de Mallorca, y que, no sabiendo cómo ocultar el cadáver, lo descuartizó y guardó en las dos maletas en que lo han encontrado, las que pensaba hacer desaparecer en el sitio que creyera más conveniente para no ser descubierto.
Los restos de la infortunada víctima fueron conducidos por los hermanos de la Sangre de Cristo al Depósito Judicial, donde se practicarán las diligencias correspondientes”.

Ya lo ven, se cierran las comillas y punto final. Este suceso, diez años antes o treinta años después, hubiera tenido un tratamiento muy distinto. La pieza es muy significativa por todo lo que se puede adivinar entre líneas y por el comentario de textos que se podría hacer con ella: el empleo de las comillas, la prosa funcionarial, la mala redacción periodística, el uso del don para la víctima, teniente del ejército, y su apeo para el (presunto) asesino… En fin, muy reveladora.

Y mañana…
El abogado que se construyó un órgano en casa

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