El hombre que trabajó 171 años

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Obviamente, nadie puede trabajar 171 años, lo quiera o no. Pero quien se vanagloriaba de ello en septiembre de 1954 era Rufino Araque (en la foto, a la izquierda, junto al periodista Marcial Buj). Personaje superconocido en la Zaragoza de la primera mitad del siglo XX, Araque fue un pionero del pluriempleo. A punto de cumplir 50 años de estancia en la capital aragonesa, confesaba haber sido sacristán, camarero, sastre, músico, peluquero, ordenanza, agente de seguros, director de banda, practicante, militar, callista… El caso es que Rufino Araque puso inyecciones a media Zaragoza y, claro, se acabó olvidando todo lo demás. Fundamentalmente su dedicación musical, que le llevó a crear varias bandas (Delicias, Municipal de Zaragoza…) y a desarrollar una intensa actividad en ese campo.  Uno de sus hijos, Luis Araque, también se dedicó a la música,  y aunque es conocido principalmente por haber compuesto varios éxitos de Antonio Machín (‘Ya sé que tienes novio’), hizo muchas cosas más. Pero dejemos hablar a Rufino, en entrevista del maestro Buj: 

-He trabajado – nos dice- ciento setenta y un años.
-¿Tan viejo es usted, amigo Araque? La verdad que no lo parece…
Y nos lo explica así:
-De sacristán (…) años;  en estudios de solfeo, saxofón y piano, 11; de profesor músico y director de banda, 50; de militar, 25; de camarero, 3; de sastre, 2; de peluquero, 30; de practicante, 35; de agente de seguros, 3; de ordenanza, 1; (…) Total, que he trabajado un número de horas equivalentes a ciento setenta y un años de jornadas ordinarias.
-¿Es zaragozano?
-Como si lo fuera. Nací en Miguel Esteban, provincia de Toledo. Pero hace 50 años que resido aquí, en ‘mi’ Zaragoza. Cuanto tengo y soy -poca cosa, por cierto- a ella se lo debo. No sé a quién quiero más, si a mi pueblo o a esta ciudad ‘mía’ también.
-¿Por qué vino?
-Por un maño de Pedrola que me ponderaba su tierra diciéndome que era lo mejor del mundo. Me cameló y cambié el Tajo por el Ebro. Nadie podrá echarme de aquí porque no me iré hasta que no me conduzcan a Torrero.
– ¿Cuándo vino?
-El 4 de noviembre de 1905.
– ¿Su primera profesión?
– Sacristán. A los 12 años de edad salí del pueblo y me fui solo por el mundo. Luego fui músico militar en la Academia de Infantería de Toledo y al mismo tiempo camarero en el campamento de los Alijares. Yo serví la mesa del Rey don Alfonso XIII cuando en 1904 fue a presenciar los ejercicios de los cadetes.
-¿Cómo se le ocurrió ser músico militar?
-Cuando yo tenía 16 años, una banda militar amenizó las fiestas de mi pueblo y al oírles el pasodoble ‘La gracia de Dios’, se me metió el gusanillo hasta lo más recóndito de mi ser.
-¿En qué profesiones ha trabajadado más a gusto?
-En la música. La ejercí 50 años, y es la única que, aunque no ejerzo por estar en pasivo, no puedo despojarme. ¡La siento tan adentro!
-Cuando fue militar, ¿qué otra cosa hacía?
-Fui durante 25 años sargento músico y, a la vez, dieciocho de ellos  fui el maestro encargado de la peluquería del regimiento, y más tarde el peluquero de la oficialidad. Esto, unido a doce años que me establecí por mi cuenta en la vida civil.
-¿Cómo pudo llegar a todo a la vez?
-Con ganas de trabajar. Cuando estudiaba para practicante lo hacía cuando todos dormían en casa, porque de día había que trabajar para cerrar las seis bocas que al punto de la mañana ya estaban abiertas. Recuerdo que una de las noches me había tocado una lección dificilísima y, como nunca me acosté sin haber aprendido la lección, al día siguiente tuve que ir  al trabajo sin haberme acostado, por lo que aquella jornada trabajé cuarenta y dos horas sin interrupción.
-Habiendo empezado tan tarde, ¿cómo aprendió tantas profesiones, y de qué modo las simultaneaba?
-Todo depende del orden que se pone en las cosas. A los veinte años de edad, cuando vine de Toledo, no tenía profesión definida. A los 25, cuando me casé, era profesor de música y maestro peluquero de la barbería del regimiento. A los 33 ostentaba el título de practicante.
-¿Fue usted de pequeño un chico listo?
-Cuando a los 12 años salí del pueblo no sabía leer ni escribir. Solamente deletreaba y hacía garabatos en papel de cuarta.

 

Sí, las cuentas no salían  según lo publicado en el periódico, pero creo que debe ser por algún duende de imprenta. Araque estaba convencido de que sumados todos sus años de trabajo en las distintas profesiones se obtenía la cifra de 171. Y debía ser verdad porque, con seis hijos que alimentar, todo eso se lleva bien contado. ¿Alguno de los lectores llegó a conocerlo? O, mejor, ¿algún lector sabe de más casos de pluriempleo galopante, ya sea por el número de trabajos o por su rareza o heterogeneidad?

Y próximamente…
‘El OVNI de los pinares de Venecia’

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