Fu Chau Fa, el profeta chino que visitó Zaragoza

fuchaufa

La década de los años 30 del siglo pasado también fue pródiga en personajes curiosos, cuando no sorprendentes o directamente ‘freakies’. Uno de ellos fue, sin duda, Fu Chau Fa, que en 1931 pasó por Zaragoza no se sabe a qué, aunque imagino que intentaría sacar algún provecho a las dotes proféticas que aseguraba tener.  Casado con una gallega y residente en Hispanoamérica, Fu Chau Fa no se andaba con innecesarias modestias en su  tarjeta de visita, donde se definía como ‘Único salvador del mundo entero’, ‘Conocedor de la causa del Universo’ y ‘Fundador de la Verdadera Felicidad Eterna’. Ahí es nada. Era un filósofo-profeta que se paseaba por el mundo y que alcanzó cierta fama en nuestro país en los turbulentos y apesadumbrados inicios de la década. A su paso por la capital aragonesa, claro está, HERALDO le entrevistó. Y del reportaje entresacamos lo siguiente:

Entonces ¿qué opina usted de los problemas humanos?
Fu Chau Fa, como si esperara la pregunta, junta sus manos místicamente y, como un iluminado, reza más que habla.
-¡Ah!… Vivimos como los trogloditas. La Humanidad se mueve solamente alrededor de tres ideas. Amor. Interés. Política. Lo mismo en las naciones más adelantadas que en los países salvajes. Pero la Humanidad se salvará de tal estado por leyes universales de origen oculto. Cuando todos los hombres consigan llegar al estado de perfección a que necesariamente ha de llegarse, ni el Parlamento, ni los partidos políticos impondrán el régimen social…
-¿No?… ¿Quién entonces?
-Todos los hombres. Ni república, ni comunismo, ni monarquía, ni ningún otro sistema de Gobierno puede traernos la felicidad. La felicidad vendrá con una evolución natural y obligada… La caída del Kaiser, la del mismo Napoleón, no son otra cosa que efectos de tal evolución…
-Así, pues, amigo Fu Chau Fa, ¿usted cree que a los humanos nos está reservada la felicidad, pasado algún tiempo?
-Lo afirmo -replica, sentencioso-. El verdadero comunismo creen algunos que consiste en que todos los hombres trabajen igual… Yo profetizo que todos los hombres llegarán a comer bien, vestir bien, no trabajar en absoluto… ¡Ah!… Y todos tendrán mucho talento.
¡Que Dios o Confucio te bendigan, hijo del Celeste Imperio!
Fu Chau Fa condensa toda su filosofía en estas dos máximas:
Primera.-Mientras que no haya un idioma universal, el mundo será un antro de tinieblas.
Segunda.-Mientras exista la cocina, no habrá salvación posible para la Humanidad.
-Hombre, la primera  tiene alguna explicación. Pero la segunda… ¿Qué tiene que ver la cocina con nuestra salvación?
-Es una profecía mía… He llegado a la conclusión de que todos los dolores del mundo tienen por causa la cocina.
-Será una indiscreción, pero le voy a hacer a usted una pregunta… ¿Es usted rico? Si no, ¿cómo atiende a sus necesidades económicas?
-Esperaba la pregunta. Todos los periodistas me la hacen.
-No quisiera ser indiscreto, ni molestarle…
-¡Oh, no!… Verá usted. Yo recibí durante muchos meses una subvención de la Legación de China en Colombia. Era como una especie de sueldo para propaganda de la intelectualidad de mi país.
-¿Y ahora?
-Se acabó la subvención. En cuanto comenzaron en China los conflictos comunistas creyeron que ya no me necesitaban. Vivo de mis ahorros y de algunos negocios.
-¿Y va usted a estar mucho en España?
-Ya poco. Dentro de seis meses embarcaré para mi país… Es decir, si está más tranquilo que ahora.
-¿Qué le gusta más de nuestra tierra ?
-Todo, todo muy bonito.
-Y la Prensa, ¿qué le parece?
-¡No leo periódicos!… Todo lo que se escribe son simplezas.
-¡Hombre!…
-Bueno, quiero decir, poca sustancia.
Y para desagraviarnos de esta que pudiéramos llamar ‘indirecta’, Fu Chau Fa nos obsequia con un pitillo.
Nos despedimos y le entregamos nuestra tarjeta…
-Pues nada… A ver si llegamos a conocer todas esas gangas que usted nos anuncia…
El chino sonríe enigmático y nos tiende su mano. Mientras tanto, su señora, que ha permanecido todo el rato como abstraída y aparte de nuestra conversación, le dice en francés:
-Explícale el significado de tu nombre al señor.
-¡Ah! Sí… Mire usted: Fu, Profesor; Chau, Millones; Fa, Brillantes.
-¡Claro!… Lo comprendemos entonces todo. ¡Con un nombrecito así, tiene uno que soñar, aunque sea despierto!…

 

Pues eso. Recuerdo que en alguna otra entrevista que se le hizo en la época decía que el hombre acabaría alimentándose solo de agua de mar, que ya es mucho decir. En cualquier caso, hay que reconocer que su pensamiento era original. O al menos yo no caigo en ningún otro filósofo, profeta, adivino o místico que haya pensado que la Humanidad no tendrá salvación mientras se cocinen los alimentos. No sé qué pensará de ello José Luis Solanilla, paladar exigente y jocundo periodista que escribe el blog hermano ‘Entre copas y pucheros’. ¿Y ustedes? Mientras se lo piensan, les dejo con una reproducción de una cartulina en la que Fu Chau Fa había resumido todo su pensamiento. No lamenten no leer la letra menuda. Les garantizo que lo poco que alcanza a entenderse en el periódico original, no solo no aclara nada sino que lo convierte todo en un galimatías indescifrable.

 

fu-11

 

Próximamente…
‘Entrevista con el asesino’

Esta entrada fue publicada en General y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Fu Chau Fa, el profeta chino que visitó Zaragoza

  1. Hola: Muy interesante la nota sobre este raro profeta Fu Chao Fa. Ya te mandaré las profecias que, intuyo, quisieron dejar en el Pilar. Un saludo Jose

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *