El hombre que inventó una máquina para fotografiar el pasado

El turolense Javier Sierra, uno de los escritores españoles de mayor proyección internacional, frecuenta este blog. Y envía un correo electrónico para recordar una noticia que él estuvo investigando y que incluso utilizó en uno de sus libros. Cuando empecé Tinta de Hemeroteca me propuse centrarme exclusivamente en aquellas noticias que tuvieran protagonista o escenario aragonés. Esta no tiene ninguna de las dos cosas, pero es tan sorprendente, tan espectacular, que haré una excepción. Les cuento: en mayo de 1972, haciéndose eco de una noticia publicada a bandas desplegadas por las revistas italianas, Torres Murillo, a quien imagino corresponsal en Roma de alguna de las agencias de noticias que funcionaba en la época, realizó una entrevista a un monje benedictino. ¿Por qué? Pues porque el religioso, Pellegrino Ernetti, había inventado (“o eso afirmaba”, matiza Sierra) una máquina que fotografiaba el pasado. Ahí es nada, aunque el periódico también quiso curarse en salud titulando con una interrogación: ‘¿Una máquina que fotografía el pasado?’.

Le estoy hablando por teléfono. Su voz llega, lejana, hasta Roma, desde la abadía benedictina de la  Isola de San Giorgio de Venecia.
-P. Ernetti, ¿es cierto que ustedes han inventado la máquina que fotografía el pasado y que han fotografiado ahora imágenes de cuando Pío XII, Mussolini y el mismo Cristo estaban vivos?
-Sí, es cierto, y hemos fotografiado otros muchos personajes históricos.
-¿Y cómo no se hace público este descubrimiento sensacional?
-Porque por ahora es un secreto particular del equipo de científicos que desde hace años está trabajando en este asunto. Hasta que no haya sido patentado ante el Estado no podemos hablar sobre cuál es la estructura del invento.
-¿Y por qué no ha sido ya patentado?
-Lo hemos presentado a la aprobación, pero no ha sido aprobado.
-¿Por qué?
-Porque la cosa es tan importante que puede afectar a secretos de Estado, puede ser considerada secreto de Estado. Creo que en Italia no será aprobado; tal vez haya que presentarlo en el extranjero, en Rusia, Estados Unidos o posiblemente en Japón.
-¿Y por qué en Italia no?
-Esta máquina puede provocar una tragedia universal. Quita la libertad de palabra, de acción y de pensamiento. Se podrá saber por medio de la máquina lo que el vecino y el adversario piensa y las consecuencias serían dos: o la autodestrucción de la humanidad o una cosa más difícil: el nacimiento de una nueva moral. Por eso estos aparatos no pueden quedar en manos de todo el mundo, sino bajo el control de la autoridad.
Y el P. Emetti me añade con una voz que llega desde lejos, suave y persuasiva:
-Es como la bomba atómica.
La historia de este invento es traída y llevada en los periódicos desde 1964. El año pasado hablaron ya aquí en Italia las revistas ‘Véneto Giorni’ y ‘Panorama’, pero no se le dio importancia. La semana pasada, otra revista, ‘Domenica del Corriere’, publicaba una larga entrevista con el benedictino, y aunque no ha provocado ninguna reacción en los periódicos italianos -siempre desconfiados con lo que dicen las revistas, a las que consideran siempre con desdén-, ha sido recogida por algunos periódicos extranjeros. Se lo digo al P. Ernetti y se sorprende. Según esto, soy el primer periodista español que habla con él. El me dice que, para concederme una entrevista técnica, debe consultar primeramente con el equipo de científicos que son responsables del invento. Estos científicos no desean que se conozcan sus nombres y en este momento están viajando de un lado a otro haciendo estudios y computando experimentos con otro grupo que actualmente realiza investigaciones similares en Estados Unidos y está a punto de llegar a los mismos resultados que han llegado ya los científicos italianos. El P. Erletti viene a ser, me imagino, como una especie de poeta metido en intuiciones que empujan a los científicos. El es profesor de música en Venecia; se interesa en un periodo de la música que va desde trece o catorce siglos antes de Cristo hasta la música de diez u once siglos después de Cristo. El hombre se metió en estudios de oscilografía electrónica y disgregación del sonido.
A partir de ahí se interesó en el principio admitido por todos los científicos, según el cual las ondas sonoras, y también las visivas, una vez emitidas, no se destruyen, sino que quedan eternas y omnipresentes, y por tanto pueden ser reconstruidas como toda energía, en cuanto que son energía. Había que conseguir los aparatos adecuados para captar esas ondas indestructibles. Según el P. Ernetti, el equipo de científicos con el que trabaja ha sido capaz de construir esos aparatos que permiten captar ese rastro de sonidos y de imágenes que todo individuo deja detrás de sí desde que nace hasta que muere.
Si este invento envuelto en el secreto, del que no se conocen científicos responsables, ni se conoce dónde está instalado, resulta verdad, se podría seguir la biografía real de los personajes más importantes de la historia. Apretando un botón aparecería, por ejemplo, la sintonización con el rostro visivo y sonoro de Cristo.
Le pregunto al P. Ernetti sobre la base científica del invento y me pide unos días para consultar con su equipo y poder concederme una entrevista a fondo sobre el tema. Yo insisto.
-Desde nuestros tiempos de bachillerato sabemos la posibilidad teórica de captar energías no destruidas y que envuelven la tierra. Pero, ¿cómo se puede individualizar entre los cientos de miles de millones de huellas las que corresponden a un hombre determinado que vivió hace siglos y del que no existe la ‘matriz’ de un sonido o de una imagen? ¿Cómo se puede saber que es él?
-Es muy largo de explicar todo el juego y la evolución de las ondas electromecánicas, las ondas magnéticas, las microondas omnipresentes y luego la sintonización.
-La revista ‘Domenica del Corriere’ publica una de sus fotografías de Cristo que pudiera muy bien responder a uno de nuestros Cristos en madera policromada del siglo XVIII. Pero aceptemos que se trata de la imagen de Cristo verdadero. ¿Han ido ustedes a Palestina a sacar esta foto?
El P. Ernetti se ríe.
-Eso es tener un concepto falso de la onda magnética. Son ondas omnipresentes, pueden ser captadas desde cualquier parte. Yo estoy hablando con usted por teléfono; si estuviéramos hablando por ondas de radio podríamos ser escuchados por miles de millones de estaciones de radio.
-¿Y cómo nos pueden escuchar si no somos omnipresentes?
-Nosotros, no; las ondas, sí. La sintonización es algo muy difícil y a la vez muy fácil de explicar. Es como sintonizar una radio, y luego todas las voces pueden ser catalogadas partiendo de la visión.
Quedamos en seguir hablando cuando vuelva de un viaje que está a punto de realizar a Francia y después de que su equipo de científicos le hayan dado permiso.

¿Sorprendidos? Por increíble que parezca, el caso tuvo bastante eco en la prensa de la época, y Javier Sierra, que reunió documentación sobre el asunto, posee una fotocopia del reportaje de ‘Domenica del Corriere’ en el que se incluía una supuesta foto de Jesucristo. “El caso es que después de la llamada de Torres -relata Javier Sierra- el padre Ernetti no volvió a conceder una sola entrevista sobre su ‘máquina del tiempo’. E incluso cuando yo lo localicé en Venecia en 1993 se negó en redondo a hablarme del asunto. Me pareció asustado. Y su actitud inspiró uno de los personajes principales de mi novela ‘La dama azul”.
En fin, un misterio. No les voy a pedir que me ayuden a localizar al padre Ernetti, ni siquiera que me digan si creen que es posible una máquina que fotografíe el pasado. Lo que les propongo hoy es un juego inocente. Si pudieran fotografiar a un personaje o a un acontecimiento histórico, uno solo, ¿cuál elegirían?
A mi, tras pensarlo mucho, me gustaría tener una foto de la boda de doña Petronila y Ramón Berenguer IV. Y saber quién era cada uno de los invitados y su disposición, claro. ¿Y usted?

Y el lunes…
Aventuras y desventuras de un cateto en Zaragoza

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6 respuestas a El hombre que inventó una máquina para fotografiar el pasado

  1. Frei dijo:

    Bueno, como argumento de una novela de ciencia ficción podría estar bien. Siempre que no se contaran con mucho detalle todas esas chorradas pseudocientíficas nombradas más arriba. Son tan ridículos los argumentos “científicos” que cualquier estudiante de bachillerato de física los podría desmontar.

  2. Sammy dijo:

    A mi personalmente me parece posible pero respondiendo a tus premisas.

    A mi me gustaria saber realmente conocer la evolucion del ser humano desde el primer autralopitecus.

    O tal vez conocer cada uno de mis antepasados.

  3. Fernando dijo:

    A mí me gustaría ver una imagen del Océano Atlántico entrando en tromba por el recién abierto Estrecho de Gibraltar, cuando se estaba empezando a llenar el Mediterráneo. Eso tuvo que ser una verdadera catarata, que dejaría a las de Iguazú o Niágara a la altura del barro.

  4. Jonatan dijo:

    Por que no ver la separacion de el mar rojo o la destruccion de sodoma y gomorra. Para algo impresionante…..

  5. Miguel dijo:

    Sodoma y Gomorra?? Crees en eso??
    Algo grande sería, como dice en el texto, los efectos de la bomba atómica, la destrucción de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki…

  6. elena dijo:

    Para saber si es cierto o no, debemos buscar en la web como “archivos akasicos”
    Todo queda grabado en el ADN, en el planeta y en el Universo. Por eso que al morir vivenciamos como reales hasta los más mínimos detalles de nuestras vidas.
    Todo aprendizaje nos es muy útil.

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