La increíble historia de la momia de la iglesia de San Pablo

momia

Lo de hoy no es una noticia, sino el consabido artículo erudito que con tanta frecuencia acogían los periódicos el siglo pasado. Pero la historia es tan curiosa, y creo que tan poco conocida, que no me he resistido a traerla aquí. Léanla.

En la sala del archivo capitular de San Pablo se conserva con veneración y decencia, y se enseña a cuantos lo desean, la momia de un clérigo perfectamente conservada. Está encerrada en una vitrina, de madera y cristal, iluminada haciendo de frontal en el altar del Santísimo Cristo, hermosa talla a cuyos pies duerme el beneficiado el sueño de los justos. No da horror. Se ven muy bien sus rasgos. Es de cara fina y delgada, regular de estatura. Viste casulla negra renovada y alba bien conservada.
Acerca del sujeto a quien pertenece corre una historia recogida de los antiguos beneficiados. Parece una de las leyendas doradas de Jacobo de Vorágine. Y tiene sus similares en la Vida de los Santos.
Había hacia mediados del siglo XVII en la parroquia del Pilar una casa llamada de Solarras. Un día entró en ella un facineroso y dio muerte violenta a un ciudadano que se apellidaba Lancis. El asesino, huyendo de la justicia, no halló mejor medio que prevalerse de la piedad notoria y heroica de un hijo del muerto, que desempeñaba un beneficio en la parroquia de San Pablo. Su nombre era Sebastián, hombre instruido en Derecho.
El clérigo, al amparo del fuero aragonés, acogió al matador de su padre, le perdonó el crimen, como cristiano que era, y lo mantuvo en su casa. El castigo de Dios sustituyó al de la Justicia humana. El culpable contrajo una lepra purulenta que iba comiendo sus carnes poco a poco.Causaba horror a cuantos lo conocian en el domicilio del sacerdote generoso. Este no lo sintió, o si lo sintió pudo más su caridad, y por espacio de once años curó y atendió personalmente y sentó a su mesa al apestado. La muerte del agresor dio fin a sus sacrificios.
A tal santo pertenece la momia de la Sala del Archivo. Era don Sebastián Lancis, muerto en olor de santidad.
Estuvo primeramente enterrado en la cisterna común del Capítulo. Pero en el año de gracia 1649 hubo necesidad de desenterrar los cadáveres; y al hallar el de mosén Lancis íntegro y bien conservado, se le colocó en un nicho reservado, con una nota.
La fama que corría sobre su santidad y virtudes movió al párroco, don Félix Patricio Pablo, a realizar ciertas gestiones de reconocimiento médico, como se hizo. Subieron el cadáver a la Sala; vinieron los cirujanos de la Universidad y se practicaron las diligencias rigurosamente. El pueblo, enterado del hecho, acudió en masa a la iglesia. Y, aunque se había ya bajado el cadáver al cementerio capitular para evitar atropellos hijos de una violenta piedad, los fieles rompieron el cordón de beneficiados, derribaron al guardián, y se lanzaron tumultuariamente a la momia, a la que arrancaron como reliquias algunas prendas de vestir, un escapulario de la Virgen del Carmen y hasta trozos de la nariz y el cabello de la cabeza. Son lo único que falta al cadáver en su integridad.
Modernamente, en el año 1826, con un nuevo reconocimiento que confirmó el estado de perfecta conservación, se aprovechó la ocasión para depositarlo definitivamente en la dicha sala, donde hoy se muestra en la forma citada.

El artículo, del que solo copio el comienzo, se publicó en abril de 1945 e iba firmado con las iniciales D.A. Y la momia de mosén Sebastián Lancis ahí sigue, en la iglesia de San Pablo.

Y mañana…
Bombero, chófer e ilusionista

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5 respuestas a La increíble historia de la momia de la iglesia de San Pablo

  1. m dijo:

    muy bueno. Estos artículos son de lo mejor del heraldo. Iré a ver a ese santo.

  2. Ernesto Granell dijo:

    Doy fe de que es verdad, desde los 11 a los 15 años, allí por el 1967-68 fui acolito de San Pablo junto a Félix, Javier, Carlos y muchos mas que he perdido la pista, una de nuestras novatadas favoritas era mandar guardar las velas usadas en la capilla siempre cerrada de mosén Lancis, novatada por la cual habíamos pasado todos los monaguillos de nuestra época y que Javier el sacristán, que en paz descanse, nos dejaba hacer como tradición intrínseca a el puesto de acolito, el pobre que caía en nuestras manos lo teníamos un buen rato encerado con el mosén que vio pasar a todos y cada uno de los que allí como una gran familia estábamos, huelga decir que después de esto no todos querían pertenecer al cuerpo de “angelitos” de nuestra ilustre parroquia.

  3. Es ciertísima esa noticia, y está en una sala del Claustro, es de esperar que cuando éste se arregle convenientemente esté en mejores condiciones.
    Hace unos años, en las hojas parroquiales, Don Angelo Soler, el archivero, junto con quienes le ayudan a hacer el boletín sacó dicha noticia con todo lujo de detalles.
    San Pablo no solo guarda esa curiosidad, sino que es una de las Iglesias con un historial mas rico e interesante.
    Quienes caen por casualidad se van admirados de todo cuanto hay en dicha iglesia, desde el formidable órgano, las capillas laterales, la cripta donde hay varios enterramientos, la torre y su campanario, sin olvidar el retablo mayor, obra de Forment.

  4. Ernesto Granell dijo:

    Después de tantos años confundí el nombre del sacristán, se llamaba José Mari y no Javier

  5. yo al sacristan que recuerdo porque es el que mas traté es a carlos Clavero, que ya va para dos años que nos dejó y vaya si se nota su ausencia y eso que quienes le suplen ponen voluntad

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