El día en que Zaragoza amaneció invadida por las gaviotas

gaviotas-copia

He dudado hasta el último momento si incluir o no este texto. Porque, ¿se trata en realidad de algo insólito? En enero de 1933 Mefisto publicó un reportaje en la primera página de HERALDO sorprendido por las decenas de gaviotas que había aparecido en el Ebro a la altura de Zaragoza. Lo acompañaba una foto en la que parece intuirse una bandada de una veintena de aves. A mi me parece también algo sorprendente aunque, claro, uno ya no sabe si la ciudad le ha convertido en el clásico ‘urbanita’ que mira y no ve. El reportaje, con esa vena poética que tenía Mefisto, decía:

Hace ya algunos días que los pescadores de caña, los amigos del Ebro y, en general, cuantos desfilaban por la ribera y por el puente de Piedra, sentíanse un tanto perplejos al observar, en el espacio comprendido entre el palacio arzobispal y el cuartel de San Lázaro, un vuelo de blancas gaviotas, ¡de gaviotas! que daban a aquel trozo de río nada menos que categoría de orilla de mar.
Escuchemos al poeta:
“Tan solo se escucha el ruido
con que los aires azota
alguna blanca gaviota
que tiene en su peña el nido”.
Los pescadores que ‘muertos de frío’ en el pretil o abajo, a la orilla del agua, contemplaban el revolar de tales aves, ‘nuevas en nuestra plaza’, no acertaban a explicarse el caso. Nosotros tampoco cuando a mediodía de ayer, desafiando el viento frío que cortaba como una gillette, nos asomamos al pretil del río, frente a San Lázaro. Allí estaban las gaviotas, ágiles e ingraves, ‘planeando’ sobre las aguas turbias del Ebro, con la elegancia de un ‘as’ de la aviación.
Inexplicable el caso por nuestra parte y, en un anhelo de razonada curiosidad, decidimos ir a visitar a nuestro amigo el ‘avícola’ José María Tutor, canturreando para disimular el frío y la ignorancia aquella romanza del enamorado tenor de ‘Marina’. Claro que modificando un poco la letra, según demandaban las circunstancias del momento: “Al ver en el Ebro besando el Pilar/¡ah, ah, ah!/las aves marinas con rumbo hacia acá…”. 
-Vamos a ver, José María -le interrogamos- ¿a qué se debe esta visita de las gaviotas a nuestro río y a nuestra ciudad?
Y Tutor nos responde:
-No es frecuente, en efecto, ver en el interior estos animales, pero tampoco absolutamente raro. 
La gaviota tridáctila, que se distingue de los otros géneros por tener atrofiado el dedo posterior, vive generalmente en las costas del Norte de Europa y se extiende en una gran zona.
Cuando aprietan los fríos de verdad, como ahora sucede, se interna hacia el Sur, a veces bastante, viéndosela en pequeños bandos a orillas de los grandes ríos españoles. Y hasta de los ríos pequeños. En Madrid se han visto alguna vez a orillas del Manzanares. En la magnífica colección que posee el duque de Medinaceli hay algún ejemplar de este género, cazado en Salamanca.
Tratándose de un animal omnívoro, no es de extrañar que pueda vivir tierra adentro, en un clima menos duro que el que habitualmente disfruta, cuando el tiempo exagera su inclemencia.
Hay otras, como la gaviota gigante, la mayor de todas, que se reproduce en los países septentrionales y que sólo se presenta en el nuestro en la fase migratoria, al dirigirse a invernar en África y Canarias. Probablemente en el caso actual se trata de la primera. Y nuestro amigo Tutor termina su explicación, diciéndonos:
-Y no sólo gaviotas; también hay actualmente por las orillas del Ebro otras aves exóticas como los pipos y pitos, que viven en los bosques. Hoy mismo, un amigo mío me ha obsequiado con un bello ejemplar de pito (picus viridis) o picorrelincho, que esta tarde ha cazado él mismo a orillas del río. Y nos muestra tal pájaro que, efectivamente, es precioso: pico muy largo; plumitas azules en las alas, doradas en la pechuga…
Parece propiamente arrancado de uno de aquellos ‘sombreros avícolas’ que llevaban pomposamente nuestras abuelas.

He dudado entre incluir o no este texto, y el caso es que la presencia de gaviotas en Zaragoza no debe ser tan rara. Tres días más tarde de publicarse el reportaje, se incluía una nota, copiada de ‘La Rioja’, en la que se aseguraba que el hecho, en realidad, no tenía nada de raro. “En Logroño se ven estos días bastantes en el Pantano de La Grajera”, se decía. Total, que seguramente es cosa normal y no me he fijado. Ahora le toca el turno a los lectores. ¿Alguien ha visto gaviotas en el Ebro? ¿Y río arriba? ¿Hasta dónde pueden llegar las gaviotas? ¿Qué más aves insólitas pueden descubrirse en el Ebro? ¿Hay algo publicado al respecto?

Si tengo tiempo, el sábado les contaré la sorprendente historia del órgano de Juan Antonio Lasierra. Igual no lo recuerdan. Hace unos días publicaba aquí un reportaje de 1962 en el que se contaba que un abogado zaragozano se había construido un órgano de tubos en una habitación de su casa. Pues bien, el órgano, aunque con modificaciones, ha sobrevivido y está en uso. Nunca imaginarán el sitio en el que se encuentra, pero eso será mañana, si encuentro tiempo para escribirles la historia. Si no…

Y el lunes…
Cañamón, el hombre que se fugó de la cárcel por celos

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4 respuestas a El día en que Zaragoza amaneció invadida por las gaviotas

  1. Maño dijo:

    ¿Hasta dónde pueden llegar?, yo he visto alguna en el embalse de “Las Navas”, en el término municipal de Loarre.

  2. Alguna respueta:
    Se ven en el Ebro Gaviotas Patiamarillas y Reidoras, normalmente y este año en Enero como consecuencia de un temporal de viento en el Cantabrico se han visto las comentadas en el texto de 1933 como sucediera entonces Gaviotas Tridactilas.

    En Sabiñanigo se citarón un número importante de ellas, este año como consecuencia del temporal.

  3. desterrado dijo:

    Yo recuerdo haber ido con mi padre, allá por los años 50 del siglo pasado, a ver las gaviotas del muro del pozo de S. Lázaro. Solían aparecer por invierno. No sé si lo seguirán haciendo.

  4. Vicente dijo:

    Para nada es raro la observación de gaviotas, sobre todo ejemplares jóvenes en invierno. depende de los temporales, pueden llegar diferentes especies, aunque la gaviota reidora es una especie más de nuestra ornitofauna.
    Otras especies también son comunes, como el Pito real que menciona el artículo, muy común en proximidades de choperas en que picotea la madera en busca de insectos.

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