La ajetreada vida del órgano que construyó Juan Antonio Lasierra

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¿Se acuerdan del órgano que construyó el abogado zaragozano Juan Antonio Lasierra en su casa a principios de los 60? Pues resulta que, afortunadamente, aún existe. Y no solo eso: aunque ha sido objeto de revisiones y cambios, funciona y está en uso.
Hace unos días reproducía aquí un reportaje de 1962 en el que Eliseo Bayo daba cuenta de la ‘gesta’ de Juan Antonio Lasierra. Pues bien, algunos lectores enviaron mensajes con pistas que han permitido trazar buena parte del recorrido ‘vital’ del instrumento. Y es verdaderamente sorprendente y con final feliz.
Lasierra estaba casado, pero murió sin descendencia y el instrumento pasó a manos de organistas aragoneses que lo acabaron llevando, a finales de la década de los 80, al Conservatorio Superior de Música, cuando estaba en la calle de San Miguel. Allí estuvo colocado en el vestíbulo de la Sala de Profesores, que había sido un quirófano y aún conservaba las puertas batientes con ventanas circulares. En ese instrumento, pese a su sorprendente ubicación, recibió clases toda una generación de intérpretes magistrales, desde Luis Antonio González Marín a Javier Artigas, pasando por Raúl Martín Sevillano, Pilar Montoya, Rosa Delgado o Chus Gonzalo. Todos son hoy profesionales de reconocido prestigio.
Cuando el Conservatorio compró otro órgano, el que había construido Lasierra cayó en desuso y pasó a manos de Chus Gonzalo, cuyos pasos siguió durante unos años, incluso hasta Aramayona de Mógica, Salamanca, donde estuvo viviendo un tiempo. Regresó a Aragón, pero Gonzalo, que se fue decantando hacia la investigación, lo iba utilizando cada vez menos. Coincidió que las clarisas de Monzón necesitaban un órgano, y el instrumento acabó instalándose hace cuatro o cinco años en el convento de Santa Clara de la ciudad oscense, donde sigue en la actualidad. Antes de ser trasladado, el maestro organero José Antonio Pérez Añaños le hizo un aderezo y revisión -él mismo ya se lo había hecho unos años antes-, por lo que ahora ‘suena bonito’, como dicen los organistas. La verdad es que la pieza ha sido objeto de ‘revisiones’ en profundidad (apenas queda nada de la tubería original), pero no me digan que, en una tierra acostumbrada a destruir y perder todo tipo de patrimonio, no es una buena noticia que el órgano de Juan Antonio Lasierra siga produciendo música. Y a diario, porque me dicen que las clarisas le sacan todo el partido posible. Está bien así: muchos instrumentos musicales son más longevos cuanto más se utilizan. Y este parece ser una buena prueba de ello.
Y nada más. Solo quiero agradecer al compañero de HERALDO José Luis Pano que haya realizado fotografías única y exclusivamente para que acompañen este texto. Gracias, José Luis, los lectores agradecerán la prueba palpable de la buena salud que goza el instrumento, ya camino del medio siglo de vida.

Y el lunes…
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