Entrevista con Arrudi, el ‘Gigante de Sallent’

Uno de los personajes más fascinantes del Aragón de finales del XIX y principios del XX fue Fermín Arrudi. Nacido en Sallent de Gállego en 1870, consiguió ganarse la vida (a su muerte, en 1913 tenía una fortuna de 100.000 pesetas) de un desorden de la naturaleza: era anormalmente alto. ‘Oficialmente’ medía 2, 29 metros y pesaba 170 kilos, pero cualquiera sabe. No sería de extrañar que, como hacen ahora algunos jugadores de baloncesto, ‘estirara’ algunos milímetros su altura por motivos profesionales. En cualquier caso, el ataúd que se construyó para darle sepultura medía 2,41 por 0,90 metros. Tenía habilidades musicales y murió, aunque casi nadie lo diga, canturreando una jota. HERALDO le dedicó bastante atención al ‘Gigante aragonés’, pese a las dificultades de informativas de la época y el carácter nómada del oscense. En enero de 1900 se publicaba esta entrevista:

Nuestro interviewado ha sido Fermín Arrudi el de Sallent, aquella mole humana que ‘descubrió’ en una de sus trasnochadas, Coso arriba, Coso abajo, el popular Mariano Gracia. A partir de entonces Fermín ha ido de gloria en gloria; la suerte le ha sido propicia en todas partes; en una palabra, lo ha pasado en grande, mucho más ‘en grande’ que antes de conocer al director de ‘El Ruido’.
Después de recorrer Arrudi las poblaciones principales de España, se dirigió al extranjero. Uno de los puntos que primeramente visitó fue París. No falta quien afirme que su aparición en la capital de Francia fue saludada con un ‘alza’ en los valores españoles. La curiosidad parisiense se desbordó por conocer al aragonés de dos metros y pico. (Un pico en el que quisieron ver alguno de los famosos de Europa, los franceses algo impuestos en geografía).
Entre la multitud que desfiló por delante de Arrudi, figuró una parisiense rubita, delicada, una de esas mujeres ‘semibibelots’, por lo menudas y graciosas, que son el mejor ornato de los boulevares de la gran ciudad del Sena. Y ¡oh, misterios del corazón humano!, Luisa Carié, tal era su nombre, se ‘chaló’ materialmente de Fermín, uniéndose poco después en indisoluble lazo, con quien para honra suya y vanagloria nuestra, representó con la dignidad de dos metros y pico de estatura,en las principales naciones de Europa, al Alto Aragón.
Ayer llegó á Zaragoza la feliz pareja. Fermín viene a vernos ahora en calidad de ‘tourista’. Anoche lo soludamos en un palco del teatro Principal. Estrechamos su mano (que parece de periódicos, vale por 25) y respondió a varias preguntas nuestras en esta forma:
-Llevaba viajando mucho por el extranjero y tenía ganas de volver a Zaragoza. Aquí estaré dos o tres días. Luego iré con mi mujer y mi hermano a recorrer Cataluña, donde tengo propósito de exhibirme. Mas tarde visitaré Orán, Argelia y otras poblaciones del África. Al mayo iré a la Exposición de París. Me prueba admirablemente esta vida; ya ven ustedes ¡he crecido! En París estaré algún tiempo, luego pienso volver a las ferias de algunos países extranjeros.
Como detalles curiosos podemos consignar estos: Una noche ponderaban en Londres la fuerza muscular de Fermín. Esto hizo comparecer a los dos espectadores más gruesos. El que menos pesaba más de 100 kilos. Fermín levantó en vilo a los dos juntos.
El gigante lleva un aro de oro en uno de los dedos, que permite holgadamente el paso de una perra grande. Arrudi viste muy bien. Anoche llevaba traje negro, bota de charol, corbata roja y brillantes en la pechera. En la solapa no faltaba el detalle de la flor. Estaba ‘muy’ parisiense, con su mujer al lado, la francesita rubia, ‘semibibelot’, que junto a él parece ‘bibelot’ del todo. Atrajeron las miradas de la concurrencia toda la noche. Deseamos a la pareja Arrudi muchas felicidades: que la fortuna llene de pesetas los bolsillos de Fermín, si es que sus prodigalidades pudieran llegar a tanto.

¿Quién lo descubrió para el mundo del espectáculo? Los que han estudiado la biografía del personaje dicen que fueron el vinatero Sebastián Fuertes y Paco Lobañón, que luego fue su apoderado. Pero un personaje popular del periodo de entresiglos, Mariano Gracia, se atribuía el hecho en 1897 en las páginas de HERALDO. Lo contaba así:

-Lo encontré una noche, ya muy tarde. Iba yo por frente al Arco de San Roque. Vi un carro y una montaña que se movía. Apreté los pies contra la acera, asegurándome. Algo grave ocurría: ¡un terremoto, sin duda! La montaña venía hacia mi… ¡Si hubiera tenido esta fortuna Mahoma, pensé!… Pero no era montaña de piedra. Era ¡un hombre! Subía por la calle con el ordinario de Sallent. ¡Ya no le vieron en Zaragoza, sino mediante un real!

Un real fue el precio de las primeras entradas que se vendieron para verle. Por cierto, que algo tendría que ver en el ‘descubrimiento’ Mariano Gracia porque fue uno de los autores del primer prospecto-anuncio realizado para publicitar a Fermín Arrudi. En el impreso se incluyen estas aleluyas. No se extrañen, dicho sea con el mayor de los respetos, si no las han encontrado en ‘Las cien mejores poesías de la lengua castellana’:

Nació semejante hombrón
¡claro! en el Alto Aragón.
Para sacarlo de pila
tiraron catorce en fila.
Las siete cabrillas fueron
las que de mamar le dieron.
Pá fajar el currutaco
emplearon el Zodiaco.
Lo acompañaba su abuela
a estudiar… a la alta escuela.
Y en ella esta criatura
siempre rayó a gran altura.
Para sentarse con maña
de poco el Banco… de España.
El hombre tiene un revés
como el choque de un exprés.
Abarca con una mano
la octava del Corpus en el plano.
Lo empezaron a medir
y… aún están por concluir.
Y le tomó las medidas
nada menos que el rey Midas.
Entró en quintas, lo miraron
y por alto lo pasaron.
Suben en globo las gentes
para mirarle los dientes.
Serró una mesa al soslayo
con la sierra del Moncayo.
Si se va a bañar, el río
se sale de madre y tío.
Y cuando hay inundación
le llega el agua al talón.
Sin enfadarse, un verano
tocó el cielo con la mano.
Con la uña de su meñique
se hizo un bastón don Fadrique.

Y el lunes…
1904: el cura de Pastriz, detenido por asesinato

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