‘El Cañamón’, el preso que se fugó de la cárcel por celos

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Violencia sobre las mujeres ha existido siempre y, créanme, a principios del siglo pasado aún era mucho mayor. Hoy les traigo aquí una dramática crónica de sucesos. Les pongo en antecedentes. Principios de 1921: Juan, ‘El Cañamón’, de 28 años, cumple condena por violación en la cárcel de Zaragoza. Su mujer, Milagros, de 22, sobrevive como puede en el domicilio conyugal. Alguien le va con el cuento al ‘Cañamón’ de que su mujer no le es fiel. Y entonces…

Sobre las siete de la tarde ‘El Cañamón’ penetró en la cocina de la prisión. Aprovechando que nadie le veía, cogió un cuchillo de punta afilada, de los destinados a partir la carne. Después llegó a la puerta y logró ganar la calle. Esto no se nos pudo explicar, ni creemos tiene explicación.
Realizada la evasión, a los pocos minutos llegaba ‘El Cañamón’ a su casa, sita en la calle del Garro, núm. 5, piso tercero, estrecha vía del barrio del Sepulcro. La esposa de ‘El Cañamón’ experimentó gran extrañeza al verlo entrar. El le dijo que había conseguido su libertad y que por tanto no debía extrañarse, sino mostrarse alegre por ello. Y, en efecto, en el matrimonio surgieron unos momentos de satisfacción, de momentánea alegría, precursora de una honda tragedia conyugal.
Hacía escasamente tres cuartos de hora que había llegado ‘El Cañamón’ a su casa. De pronto los vecinos de la casa y de las inmediatas oyeron angustiosos y desgarradores gritos de dolor. Todos conocieron la voz de Milagros y se apresuraron a penetrar en la casa.
Inmediatamente llegó la policía, que había sido avisada por el personal de la cárcel de la fuga de ‘El Cañamón’, indicando dónde se sospechaba que se hubiera dirigido, por conocer sus propósitos.
La policía y varios vecinos quedaron aterrados ante el cuadro que se ofrecía a su vista.
En el dormitorio del matrimonio se hallaba Milagros, en paños menores, tendida en el suelo, al pie de la cama, encharcada en sangre y privada de conocimiento.
Con toda urgencia fue recogida y en una camilla conducida a la Casa de Socorro.
Ya hemos indicado que en el matrimonio, al reunirse después de la ausencia, hubo unos instantes de ficticia felicidad.
¿Qué pasó luego?
Momentos de terrible emoción debieron ser para Milagros.
Su esposo, víctima de un furioso acceso de celos, esgrimió el cuchillo que cogiera en la prisión y la asestó tremendos golpes.
Creyéndola muerta, sin duda, ‘El Cañamón’ huyó de su casa y saltó por la buhardilla al tejado.
Apenas acababa de salir cuando la puerta de la habitación se abrió, entrando atropelladamente cuantos oyeron los lamentos de la joven.
Juan fue perseguido en el tejado de su casa por la policía y varios vecinos. El no tenía intención de entregarse a las buenas y, a falta de armas, trató de defenderse arrojando contra aquellos buen número de tejas, que al caer rompieron cristales, produciendo gran estrépito. Instantes después ‘El Cañamón’ desaparecía del tejado.
Se ignora si se cayó o se tiró deliberadamente, pero lo cierto es que fue recogido en un patio de luces, privado de conocimiento. ‘El Cañamón’ abandonó su casa en calzoncillos y en esta situación sostuvo su pelea por el tejado y fue recogido en el patio.
El médico de guardia del benéfico establecimiento procedió a practicar a Milagros la primera cura, apreciándosele una herida en el vientre, otra en el hombro derecho, otra en el cuello y otra en la mano izquierda, las tres primeras graves.
Media hora después, el matrimonio se reunía en la Casa de Socorro. ‘El Cañamón’, al caer al patio -se calcula que desde una altura de ocho metros- se había producido la fractura del brazo izquierdo, contusiones en distintas partes del cuerpo y conmoción cerebral, siendo su estado calificado de grave. Marido y mujer, después de curados, fueron trasladados al Hospital civil.

Y mañana…
¿Cómo veraneaban en 1933 los que no salían a veranear?

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