Y la Reina de Saba llegó a Valdespartera

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Lo prometido es deuda, y perdón por la mala calidad de la foto. Hoy les ofrezco buena parte del reportaje que Pérez Gállego publicó en septiembre de 1958 sobre el rodaje de ‘Salomón y la Reina de Saba’ en Valdespartera. Y mañana (sábado, toca El Tintero) les intentaré traducir lo que dice George Sanders en sus memorias sobre su estancia en la ciudad. Debo agradecer a una lectora, Gloria, que me enviara copia del texto de Sanders.
Creo que el episodio es suficientemente conocido pero, por si acaso, les resumo: septiembre de 1958. El equipo de rodaje de ‘Salomon y la Reina de Saba’, con su director, King Vidor, al frente, llega a Zaragoza para rodar en Valdespartera algunas escenas espectaculares, como una batalla en la que intervienen más de 2.000 ‘extras’, en su mayor parte soldados del Ejército español. Junto a Vidor, estrellas como Gina Lollobrigida y Tyrone Power, que fallecería pocos días después de abandonar Zaragoza, y que sería sustituido por Yul Brynner. Lean.

En la explanada se han levantado toda clase de instalaciones fijas y portátiles. Estación de gasolina, abastecimiento de agua, servicio de Cruz Roja, almacenes de ‘atrezzo’, puestos de refrescos, cobertizos para los equipos eléctricos y oficinas de rodaje. Poco más lejos, varios camerinos portátiles con los nombres familiares de Tyrone Power y George Sanders. Son habitaciones individuales, montadas sobre ruedas, donde las estrellas de la película cuentan con todas las comodidades propias de los estudios.
Entre estas construcciones, toda clase de vehículos. Camiones y furgonetas, lujosos turismos y coches populares. No faltan tampoco motocicletas e incluso algunas bicicletas, suponemos que de ‘hinchas’ de los alrededores que, siguiendo caminos ignorados, han burlado la vigilancia establecida para ver a Tyrone Power en carne y hueso.
A este pintoresco decorado todavía hay que añadir el laberinto de cables eléctricos y sumar a los obstáculos naturales del terreno la gran cantidad de maquinaria que parece haber nacido en el seco terreno: equipos de sonido, sirenas y altavoces, estación de radio, teléfonos, equipos supletorios de fotografía…
Casi todos estos aparatos están resguardados del sol por medio de grandes sombrillas playeras, y algunos que todavía no se han utilizado están cubiertos por lonas protectoras.
En el lugar más estratégico, sobre una plataforma colocada en un camión, King Vidor y el asesor y coordinador militar, comandante de E. M. Luis Martín de Pozuelo.
King Vidor, vestido con un conjunto veraniego y tocado con sombrero de paja, mira a las lomas y vaguadas vecinas donde los comparsas, vestidos con arreglo a la ‘moda’ del Ejército respectivo, esperan las órdenes oportunas para actuar. No es la primera vez que Vidor tiene que habérselas con tan crecido número de ‘extras’. En ‘El gran desfile’, e incluso en ‘Aleluya’ -una versión de la Biblia interpretada totalmente por actores negros-, el famoso director ya venció el obstáculo sin dificultades. Hace menos tiempo, reprodujo en Italia las batallas más importantes de Napoleón para ‘Guerra y paz’, película inspirada en la novela de Tolstoi.
Junto al director, en otra plataforma vecina, el ‘cameraman’ Fred Young, al frente del primer equipo de fotografía, situado sobre una loma que domina el terreno. Como es sabido. ‘Salomon y Saba’ se realiza en Technicolor y sistema panorámico Technirama, que permite una gran nitidez de imágenes y mayor profundidad de campo.
Los tres equipos de fotografía disponen de cámaras Technirama ‘Mitchell’ de 35 milímetros, pero como la película pasa horizontalmente ante el objetivo y éste abarca dos cuadros, el resultado es un magnífico negativo de 70 milímetros que permite más tarde unas proyecciones irreprochables en cuanto a limpieza y luminosidad.
Por fin, mezclados entre los técnicos, los invitados y los curiosos que, no se sabe cómo, han logrado colarse de rondón, encontramos a los primeros actores del reparto.
‘Ty’ y Sanders son los únicos que visten de paisano. No tienen que intervenir en las escenas a rodar.
Sin embargo, sus dobles visten el atuendo correspondiente y están atentos por si fueran necesarios sus servicios para sustituir a aquéllos. José Nieto aparece con una coraza de cartón piedra que imita hábilmente la pátina del bronce, el francés Maurice Marsac con una larga túnica roja, y Félix de Pomés con un ligero vestido de lino.
Jaime Arias nos presenta a José López Rodero, uno de los ayudantes de dirección españoles, y éste nos explica minuciosamente los planos que se van a rodar inmediatamente.
-Cuando el director dé la señal, por la vaguada de la derecha comenzará a avanzar el pequeño ejército de Salomón, compuesto de carros, caballería e infantes. El ejército marcha lentamente, exhausto después de una marcha fatigosa. Al frente de la formación, el Rey Sabio de Israel y Benaviah, montados en sendos carros. La caballería va al mando de Aham, el único jefe de las tribus de Israel que ha permanecido fiel a su señor. Cuando los soldados de la vanguardia de Salomón lleguen delante de la tribuna, aparecerán por los flancos del camino los egipcios, infantería y caballería, que les han tendido una emboscada bien preparada.
La explicación gráfica del despliegue de fuerzas es muy sencilla. Las tropas de Salomón y las de Faraón forman una especie de ‘T’ sobre el terreno, en el momento del encuentro. El trazo vertical corresponde al camino por el que se acercan los israelitas y el horizontal, sensiblemente curvo, es la tenaza egipcia que se cerrará sobre aquellos. El dispositivo, como la táctica de Aníbal en Cannas, no puede ser, pues, más sencillo y eficaz.
De repente, los altavoces dan la orden de atención a los ‘extras’. Va a comenzar la primera parte de la batalla. King Vidor, con un megáfono eléctrico, da órdenes en inglés a los equipos técnicos. Estalla un petardo y la vanguardia de Salomón, ajena al peligro que le aguarda al final de la vaguada, precisamente en la base del monticulo sobre el que se alzan las ruinas de la ermita de Santa Bárbara, avanza lentamente. Las cámaras comienzan a rodar. Desde el lugar donde estamos situados, el despliegue de fuerzas, con todo su aparato de cerca de dos mil hombres movilizados, es una jugada de ajedrez que se resolverá fatalmente en la casilla exacta.
El primer choque tiene lugar, efectivamente, en el sitio preciso. Mientras los conductores de los carros egipcios, tirados por dos caballos, intentan romper la columna de Salomón, los soldados de éste, rehechos de la sorpresa, se defienden con sus lanzas. Mientras tanto, sucesivas oleadas de infantería egipcia descienden velozmente por las lomas hacia el camino. Se han levantado nubes de polvo que casi dificultan la visión. En este momento los altavoces ordenan el alto.
Durante los primeros segundos, los soldados antiguos, metidos en harina -digo, entre las nubes de polvo-, no oyen la orden y en el fondo del pequeño valle continúa el griterío. Luego poco a poco, la batalla se deshace con la misma precisión que se organizó y vuelven a sus bases de partida. Hay que repetir la toma varias veces, hasta que el director juzgue que el material con que cuenta es suficiente para lograr la escena en su totalidad en la sala de montaje. Cuando la escaramuza haya sido impresionada por las cámaras se procederá al rodaje del epílogo de la batalla en un escenario de carros rotos, muertos y heridos, prisioneros y fugitivos.
-Los ‘extras’ -comenta el asesor militar- se comportan magníficamente, y tanto ellos como los oficiales de Infantería y Caballería que los mandan, dan continuas pruebas del mayor interés hacia la película. Las escenas bélicas se rodarán con la misma perfección que en cualquier país extranjero. Todos cuantos intervienen en las escenas de masas se han aclimatado perfectamente a nuestros deseos. Por fortuna, en la batalla que acaba de rodarse no ha habido ningún herido, ni el menor accidente.
Luego nos enteramos por medio del jefe de reparto, José Luis de la Serna, que aun en el caso de un accidente, todos los componentes del reparto, desde la primera ‘estrella’ al último extra, están convenientemente protegidos con un seguro que cubre el posible riesgo en atención al peligro corrido. Así, el grupo que en caso de accidente recibiría mayor indemnización es el de los especialistas en saltos y caídas. Casi todos los miembros de este grupo son verdaderos atletas que desafían el peligro con sus adiestrados músculos y sus rápidos reflejos. Tuvimos ocasión de ver en acción a mister Kenny Lee y a mister Taylor. Ambos son, en efecto dos consumados jinetes y conductores de carros. El primero, descendiente del general Lee, es doble de acción de Tyrone Power.
Antes de abandonar Valdespartera, una vez transcurrida nuestra visita, llegamos a una conclusión: la de que dentro de un aparente caos, todo el trabajo que allí se realiza está subordinado a una perfecta organización. En la oficina del Departamento de producción, instalada en el Gran Hotel, he visto las hojas de rodaje que Agustín Pastor redacta cada día regulando el trabajo de cuantos intervienen en la película: actores, técnicos, ‘extras’ y auxiliares. Cada profesión, y dentro de ésta cada individuo, tiene un cometido específico que no se interfiere con el de los demás.
Por eso, no me sorprende tampoco la gran previsión de todos estos cineastas que antes de terminar el trabajo de hoy ya organizan el mañana, intrigado por la ausencia en Valdespartera del director de cine Eduardo G. Maroto, que también es director de producción de ‘Salomón y Saba’, pregunto por él. La respuesta prueba la verdad de aquella frase de Franklyn: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.
-Como el rodaje en Valdespartera ya está en marcha, se ha marchado esta mañana a Botorrita para preparar las escenas de la reina de Saba…


Un poco largo, pero creo que merece la pena. Ahora me toca animarles a participar.  Sobre el rodaje (2.000 ‘extras’ aragoneses, las estrellas alojadas en el Gran Hotel) circulan todo tipo de anécdotas y curiosidades, algunas falsas y otras no. Y ya ni les cuento sobre la película, porque se ha llegado a hablar incluso de ‘La maldición de ‘Salomón y la Reina de Saba’. Así que anímense a contar aquí todo lo que sepan u hayan oído, y así nos vamos enterando.

Y mañana…
Gina Lollobrigida, la mujer que escuchó el rugido de Zaragoza

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Una respuesta a Y la Reina de Saba llegó a Valdespartera

  1. Yolanda dijo:

    Gracias. Me ha encantado porque me retrotrae a mi niñez, cuando mi padre me contaba que él estuvo allí. Él hacía la “mili” como sanitario y estaba con una ambulacia. Siempre me comentaba que Tyrone Power (su ídolo) andaba “helado” porque era invierno (creo que enero), hacía mucho frio y sus ropas eran muy escasas: una faldita ligera y poco más. Para mi padre, la pulmonía o neumonía por la que Tyronne Power murió poco tiempo después en Madrid, comenzó en Zaragoza. Recuerda también las “grandes batallas” de los “extras”y la cantidad de piernas y brazos rotos que atendieron. También recuerda que había muchos militares apuntados para ello porque el salario que les daban, en aquel momento, era muy apetecible.
    Saludos, Yolanda

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