El comisario Muslares y el ‘timo de la guitarra’

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Lo mejor es entrar directamente en materia, y luego les cuento. Zaragoza, principios de junio de 1915. Así lo publicaba HERALDO:

El hecho es que el jefe de la Policía, señor Muslares,tuvo noticias ayer de la existencia en Zaragoza de una fábrica de duros falsos y, rápido como la pólvora, con toda la nerviosidad y la energía que le caracterizan, él mismo se lanzó a la comprobación de los rumores. Organizó un servicio dividido en dos secciones, porque la fábrica parecía ser que estaba en las afueras, mientras que los fabricantes vivían en la ciudad. A las afueras envió al inspector señor Alviach, con el agente Medina y los vigilantes Medrano y Diago. A la casa de la ciudad se fue él, y dejó apostados fuera a los vigilantes Piqueras y Ruiz.
Alviach y su gente fueron a la torre número 80 del camino de Peñaflor, habitada desde hace cuatro años por el matrimonio Gabriel A. y María M., de 40 y 42 años. El matrimonio no se opuso al registro de la vivienda, porque esto hubiera sido peor, y los vigilantes registraron la casa de arriba abajo.
En una alacena del primer piso encontraron los aparatos comprometedores: dos troqueles, uno de duros y otro de pesetas, cinco crisoles, varias arrobas de plomo en pepitas, algunas limas, muelles, martillos y otros útiles de fabricación.
Cargóse un carro con los aparatos y a la inspección con ellos y con el matrimonio, que no se atrevía a decir ni pío.
Entretanto, el señor Muslares había practicado otro registro en la tienda de comidas de la calle de San Miguel, número 4, de la cual son dueños José L., de 47 años, y Gregoria B. El hombre no estaba en casa y la mujer no se opuso si registro.
Don Alberto, al poco rato de sus pesquisas, encontró una carta fechada en Valencia, en la que se ofrecía al matrimonio el negocio de la falsificación enviando los aparatos a cambio de unos miles de pesetas.
Minutos después llegaba el marido y se le encontró en la ropa una carta semejante. Ya no cabía duda alguna de la relación existente entre el matrimonio detenido en la torre y el de la calle de San Miguel, los cuales además son primos por parentesco y por algo más.
Por si faltaba algún detalle, la mujer mostró deseos de salir de casa y el señor Muslares, que tenía bien tomadas sus medidas, accedió a ello porque sabía que no exponía nada.
La mujer salió con una cesta al brazo y marchó tras ella el vigilante Gallego. En la plaza de la Constitución, la maja de la cesta tomó el tranvía del puente del Gállego y el vigilante ídem, lo tomó también. Ya a mitad del camino la mujer empezó a sentir algún recelo, al ver que el cobrador no ofrecía billete al policía.
Hizo parar el tranvía y bajó. Al ver que bajaba también el vigilante, se entregó ella misma llorando. Trataba de llegar a la torre antes que la policía para poder ocultar los aparatos, pero ésta se había adelantado y todos los útiles de la fabricación estaban ya en la Comisaría.
Creíase ya que en efecto se trataba de unos señores falsificadores que tendrían acuñados unos sacos de duros; pero el señor Muslares, al llegar a la Inspección, lo primero que hizo fue examinar los aparatos, y cuál no sería su sorpresa al saber que los tales troqueles eran falsos. Se trata del timo llamado de la ‘guitarra’.
Los troqueles, vistos por fuera, parecen auténticos; pero, desarmados, se advierte que no tienen otra cosa que un pequeño depósito donde se colocan ocho o nueve duros buenos.
Cuando los vendedores del aparato verifican la prueba ante sus compradores, hacen funcionar un muelle oculto, echan plomo fundido por un pequeño conducto y al poco rato sale un duro perfecto y caliente todavía.
Pero el duro es de los ocho o nueve buenos que metieron a prevención los timadores y el estaño se quedó en una cajita que forma parte del aparato.
Los compradores se quedan encantados de la facilidad con que se pueden ganar 20 reales y compran el aparato.
Esto es lo que les pasó a los pseudofalsificadores descubiertos ayer.
A principios de semana recibieron los aparatos y realizaron las primeros ensayos.
Los duros salían como la seda, manejando los timadores el troquel. El negocio iba viento en popa. En diez minutos fabricaron 20 duros.
Los poseedores de los troqueles pidieron por ellos 14.000 pesetas porque se trataba de un invento rapidísimo y no se podía vender a peso.
Así lo comprendieron los negociantes en perspectiva y pagaron religiosamente las 14.000 pesetas.
En cuanto tuvieron el dinero los vendedores huyeron y nada más se ha vuelto a saber de ellos.
José L., ya en posesión de su fábrica de moneda falsa, pensó en instalarla en un lugar distante de la población y se acordó de sus primos Gabriel y María, a cuya torre llevó los aparatos a las dos y pico de la madrugada de anteayer.
Al día siguiente fue a ‘trabajar’ con sus máquinas.
Fundió el estaño con una aleación de plata y otros metales, según constaba en la fórmula adquirida, vació en el molde la cantidad suficiente para un duro, hizo funcionar el troquel y ¡tras!, no salió nada.
Entonces se dio cuenta y se tiró de los pelos.
En el primer tren se fue a Valencia; pero no encontró en parte alguna a los timadores. Lo que encontró fue a la policía, que lo detuvo anoche en compañía de todos sus cómplices.
A las once de la noche tomaba declaración el Sr. Muslares a todos los detenidos. Primero contestaron con algunas evasivas; pero al fin acabaron por confesar sus propósitos. Trataban de fundar una gran sociedad, para lo cual se habían reunido cuatro socios, aportando el capital de 14.000 pesetas.
Dos socios eran los dos hombres detenidos, Gabriel A. y José L., que con sus mujeres están a disposición del juez del Pilar. Los otros dos son J. H. y D. A. Los cuatro pensaban hacerse ricos en menos de lo que se cuenta; pero todo negocio tiene sus contras y éste ha salido bastante mal.
El timo de la ‘guitarra’ es un buen castigo para frenar las ambiciones de los negociantes sin escrúpulos.
Las ciencias adelantan mucho y ya hasta se falsifica la falsificación de moneda falsa.
Quedamos, pues, en que la policía realizó ayer un importantísimo servicio que tiene su trascendencia y que merece premios y elogios. Viene a aumentar la numerosa lista de buenos servicios prestados a partir de la jefatura del señor Muslares, jefe todo actividad, perspicacia, inteligencia y buen tino.

Ya ven cómo se le quería a Muslares en Zaragoza, y es que unos años antes la ciudad debía sufrir delitos de todo tipo. Hace unos días publiqué un caso que llevó este Poirot aragonés, y un par de lectores aportaron valiosa información sobre él: al parecer, el apellido Muslares solo existe registrado hoy en Palencia y Zaragoza; y,   según el BOE, se jubiló el 12 de enero de 1926, por lo que debió nacer el 12 de enero de 1866, porque entonces los comisarios se jubilaban a los 60 años.
En estos días he podido averiguar alguna cosa más, como que había sido nombrado inspector de policía en 1909, y fue destinado al Distrito de Palacio, en Madrid. Que en 1912 estaba en La Coruña y fue ascendido a inspector de segunda y destinado a Barcelona, donde desarrolló alguna investigación importante, como una en la que incautó 10.000 tarjetas pornográficas.
En Zaragoza estuvo, como les decía, poco. En febrero de 1914 fue nombrado jefe de Policía de la capital aragonesa y en enero de 1916 lo trasladaron a Santander: así que no llegó a estar ni dos años. Pero no se preocupen, que aún quedan pendientes algunas investigaciones suyas. Si no leyeron la anterior, la pueden encontrar aquí.

1. El comisario Muslares y el robo de plomo en las torres del Pilar.

Por lo demás, ya ven, un timo como la copa de un pino. Y, con distintas modificaciones, ha sobrevivido casi hasta nuestros días. Y es que no hay nada, o casi nada, nuevo bajo el sol.

Y mañana…
El alimento secreto del campeón de maratón

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