Una zaragozana en el Fondo Monetario Internacional

Hoy traigo a Tinta de Hemeroteca a una zaragozana que fue pionera en un mundo de hombres. HERALDO habló de ella en noviembre de 1974:

La joven zaragozana Alicia Mullor Sebastián es la primera mujer del mundo que ocupa en el Fondo Monetario Internacional un puesto de categoría superior. Por el momento, sólo ella, doctora en Economía, desempeña funciones hasta hace poco más de un año encomendadas en exclusiva a señores doctores economistas de diferentes países. Aunque Alicia lo ha tomado con mucha sencillez, la verdad es que resulta una alegría y un orgullo para Zaragoza, la ciudad que la vio nacer, ver a una de sus hijas en un puesto encumbrado y cobrada por primera vez por una mujer.
Su buen trabajo le ha costado, me figuro. La señora Mullor, madre de Alicia, nos lo va a explicar.
-Alicia estudió en el Liceo Hispano. A los catorce años ya era becaria y daba clases de comercio a alumnos de segundo curso. A los catorce años, como le decía, concedieron una beca a mi hija en el Instituto Francés para ir a Pau. Era una beca de adultos y se dio la circunstancia de que Alicia tuvo que asistir en Pau a unas clases que eran todas para profesores. Por su excelente calificación le fue prorrogada la beca a tres semanas más, caso que no había tenido precedente.
Después de acabar comercio, siempre becada, Alicia Mullor marchó a un colegio mayor de Barcelona. Fue en aquella Universidad donde se licenció en Ciencias Económicas.
Es de resaltar que la joven no consintió nunca que le mandaran un céntimo de su casa y que alternaba su licenciatura con unas clases de francés que ella daba. Además aprendió el inglés por su cuenta. Al terminar la carrera en Barcelona, la joven Mullor dio el salto a Europa con otra beca. Con destino a una Universidad americana enclavada en la ciudad italiana de Bolonia.
-Y aprendió además el italiano.
-Sí, aprendió el italiano y perfeccionó su inglés al máximo, ya que en la Universidad John Hopkins todas las disciplinas se impartían en inglés. Obtuvo cuatro matrículas de honor y fue directamente a ocupar una ayudantía a la Universidad de Urbana en Illinois, al tiempo
que hacía su doctorado en Económicas.
-Claro -comenta la señora Mullor- se ve que la Universidad que tienen en Bolonia es una especie de avanzada intelectual de América en Europa. Mi hija fue a la Universidad de Urbana con una bolsa de trabajo que facilita la Fulbright y que es vigente durante cuatro años, siempre naturalmente que no se suspenda ninguna disciplina del doctorado.
La carrera académica de Alicia Mullor continuó de la ayudantía de Urbana a Yuta, donde ocupó un puesto de profesora titular. Ni qué decir tiene que había terminado su doctorado con las máximas calificaciones.
Al acabar la beca de los cuatro años la Universidad americana exige un período de docencia de dos cursos en el país de origen.
-Pero Alicia, para permanecer en América, aspiró e ingresó como economista en el Fondo Monetario Internacional.
Es la primera mujer que lo hace allí con esa categoría. Tuvo que pasar muchos exámenes y pruebas, pero las superó todas y ahora está en calidad de permanente.
Alicia Mullor, mujer, española, se codea en Washington con funcionarios de los Gobiernos de todo el mundo miembros del Fondo. Ella, con otro equipo de economistas, tiene como una de sus misiones específicas dirigir cursos de actualización en la materia de su especialidad. Luego, esos mismos funcionarios, algunos de ellos, pasan a ser personajes de primera fila en la política de sus países…
-¿Y no echa de menos España, Alicia? ¿No le gustaría volver aquí y trabajar, por ejemplo, en la Universidad española?
La madre de Alicia Mullor sonríe. Nos imaginamos lo que piensa.

Una búsqueda rápida en internet no ofrece mucha luz sobre la trayectoria posterior de Alicia Mullor, al margen de un par de artículos en publicaciones especializadas. Igual algún lector avezado nos da pistas. (He respetado la grafía ‘Yuta’ del texto original, aunque imagino que se referirá a Utah, ¿no?).

Y aprovecho para invitarles al grupo de Facebook de fans de Tinta de Hemeroteca, creado por un asiduo lector, Carlos.

Y mañana…
El atracador y la condesa

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El preso más afortunado del mundo

Llevaba mucho tiempo sin escribir una entrada de Tinta de Hemeroteca, liado con otros trabajos y también un poco perezoso, cuando un lector que no conozco personalmente, Manuel, me comunica que ha creado un grupo en Facebook Fans de Tinta de Hemeroteca, para intentar conseguir que el blog vuelva a publicarse en la edición impresa de Heraldo. En fin, no esperaba yo nada similar, pero el detalle me ha hecho recordar que cuando comencé el blog no hice otra cosa que adquirir un compromiso con ustedes, lectores. Y aquí estamos. En cuanto sepa cómo se hace, iré publicando en ese grupo de Facebook las novedades. Les animo a que se sumen a la iniciativa y comenten lo que quieran allí.

Y a lo de hoy. Volvemos con una noticia más o menos cercana. Es de marzo de 1981. Un preso en la cárcel de Torrero acertó una quiniela de 14 y ganó 18 millones de pesetas, que en aquellos tiempos era una pequeña fortuna. Así lo contaba HERALDO:

La noticia comenzaba el domingo por la noche, cuando se comentaba el caso de la aparición de un boleto de catorce resultados en Zaragoza. Con estos datos, el lunes por la mañana se podía saber que el dueño del boleto premiado era don José G. D. Una vez conocido su nombre y la residencia del acertante, en este caso la cárcel de Torrero, hacíamos las gestiones previas para poder dialogar con el residente José G. D. Para que este diálogo fuera posible, el director de la prisión, señor don Ángel Herbella, tenía que solicitar la debida autorización a Madrid y también el consentimiento del acertante. Manteníamos la conversación telefónica con el director de la prisión aproximadamente sobre las doce de la mañana y nos decía que por parte de la prisión no había problema, pero que había que solicitar permiso al preso.
Media hora más tarde llegamos a la prisión y se nos conduce al despacho del director, quien nos confirma que no hay oposición por parte del preso a hacer declaraciones, pero lo que no quiere es que se hagan fotos. Con estos antecedentes pasamos al interior de la prisión, donde a los pocos minutos sale José G. Aparece un hombre fuerte, con barba muy poblada, manos grandes y mirada francamente expresiva. Después de presentarnos se le comunica que se ha pagado la fianza y que está en libertad provisional, por lo que en este momento deja de hablar un preso para ser un hombre en
libertad condicional.
-José, ¿cómo te sientes?
-Nervioso, estoy muy nervioso -repite-. No he dormido casi nada, hemos estado toda la noche hablando y fumando.
-¿Por qué estás en la cárcel?
Con una sinceridad tremenda contesta:
-Estoy aquí por robar, tengo pendientes dos juicios y llevo aproximadamente cuatro meses.
-Cuéntame algo sobre tu vida.
-Yo nací en Arévalo, pero me crié en Madrigal de las Altas Torres. He estado viviendo en San Sebastián y tengo cuarenta años.
-¿Qué es lo que tienes en este momento pendiente de juicio?
-Son dos asuntos diferentes, el primero es un robo frustrado y el segundo es un robo por el que el fiscal pide siete años.
-Ahora han llegado los papeles para tu vuelta a la sociedad. ¿Cómo ha sucedido esto?
-Esta mañana han venido del banco para que ingresara el boleto y me han dicho que saldría en seguida. Tenía señalada una fianza de 75.000 pesetas y se han puesto en contacto con mi abogado y la ha pagado.
-Háblame de la quiniela.
-Hay poco que decir. Hice dos apuestas, me costaron veinte pesetas, aquí nos entretenemos mucho siguiendo los resultados. Yo pensaba por la tarde
que sólo tenía trece, porque creía que el Valladolid había terminado ganando y un compañero me decía que tenía catorce, ya que había finalizado con empate. Esta mañana me he enterado de que cobraba alrededor de dieciocho millones.
-¿Qué piensas hacer con el dinero?
-Quiero -se corrige-, cambiar de vida. He sido obrero, he robado, tengo una madre bastante mayor a la que nunca le he dado una alegría, soy, por decirlo de alguna manera, la oveja negra de la familia, y si es posible que se solucionen mis problemas en Zaragoza me marcharé para estar con mi madre.
-¿Cuál es el motivo de que no quieras que se hagan fotos?
-Es por mi madre. Lee muchos periódicos y como no está bien de salud si se enterase le podría afectar seriamente.
Esta es la conversación que manteníamos con el acertante de una quiniela de catorce. Poco después hablamos con don Luis López, abogado del acertante, que nos comentaba con estas palabras lo que opinaba de José G. D.:
-Es un hombre noble y sincero, sano y de una claridad tremenda tremenda. El fiscal le ha pedido siete años y nosotros solicitamos tres meses, que si sale bien quedarán compensados por estos casi cuatro que lleva en prisión preventiva.
La verdad es que queda poco que decir. Las palabras que decía su abogado, las corrobora el que escribe. La sinceridad con que respondió al motivo por el que estaba en la cárcel deja constancia de este hecho; los comentarios referentes al deseado cambio de vida acreditan sus buenas intenciones, y la tranquilidad con la que se explica, reteniendo los lógicos nervios, dan crédito a esa apreciación que su abogado decía de él: «Es una persona sana». Los mejores deseos para este hombre, quien la suerte le ofrece la oportunidad de cambiar el rumbo de una vida. Es toda una oportunidad.

¿Qué vida habrá llevado este hombre tras la quiniela? ¿Regresaría a la cárcel? Misterio, misterio…

Y mañana…
Una zaragozana en el Fondo Monetario Internacional

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La calle con tres colegios… y sin semáforos

Pues la calle que necesitaba urgentemente semáforos en 1969 era la de San Vicente de Paúl. Hoy ya no hay tres colegios en ella, desgraciadamente, porque la hacían muy animada. Este es el reportaje que se publicó en HERALDO:

 

La calle de San Vicente de Paúl es corta y se nos hace larga. Es estrecha y la imaginamos ancha. Es importante -la más amplia del Coso- y, recorriéndola, se empequeñece.
La calle de San Vicente de Paúl es, evidentemente, una calle que no aprovecha lo suficiente
su situación estratégica urbana. Siendo de reciente construcción, tiene un aire de algo viejo. Es el espíritu, tal vez, de las callejuelas que nutrieron su ser y que, según el cronista de la ciudad, fueron: Cíngulo, Conde de Alperche, Chantre, parte de Garro, Graneros, Grillo, Laberinto, Lezaún, parte de Monserrate, Olivo, plaza de la Cebada, plazuela de la Leña, plazuela del Reino, plazuela de Talayero, plazuela de Tejedores, Red, Retiro, Rosa, Sartén y Yedra.
Comercialmente, hay una mezcla curiosa de establecimientos de primera, de segunda y de tercera. Esta mezcla hace que a la calle de San Vicente le acuda clientela fija de algunos otros sectores de la ciudad.
No es muy armónica la calle de San Vicente de Paúl. Con todo, pueden distinguirse en ella tres tramos bien diferentes, al decir de algunos comerciantes de la calle.
-No es como Don Jaime, no es como Alfonso, pero es una calle fina. Yo al menos soy una enamorada de esta calle -me dice la señora de Ferrer, y continúa:
-Hasta San Jorge es calle de primera categoría; de ahí a Mayor todavía sigue siendo buena. De Mayor en adelante va perdiendo… Como decimos en la jerga comercial, es calle «vacía»…
-¿A qué atribuye usted este ir perdiendo, cuando es una calle ancha, moderna y lo podría tener todo?
-Claro, los colegios. Ya se sabe que donde hay colegios el comercio tiene poco que hacer. Y, en San Vicente, hay tres por lo menos.
La señora de Ferrer está al frente de una tienda de muebles de artesanía. A través de sus muebles se acerca al público. Conoce muchas cosas acerca del público. Su clientela es más bien fija, de siempre. La noticia curiosa le llega a la señora Ferrer, en cambio, por la gente que entra, que se interesa por tal mueble o tal detalle, que pregunta y que finalmente… no compra.
-Al principio de venir aquí, que fue el año cincuenta y tres, me ocurrieron algunas cosas que pueden servir de anécdotas. Claro, los muebles son algo tan íntimo; las señoras que vienen a comprarlos o a mirar pues pasan a contarte sus cosas; te hablan de su marido, de sus hijos… A veces, cuando ya te han contado todo, yo les pregunto: “Y este mueble, ¿donde lo quiere poner usted?”. “Pues en tal sitio”. Pues, mire, no le va -les aconsejo yo-. Ponga esto o lo otro.

En algunas ocasiones la presunta clienta tiene iniciativas un tanto extrañas.
-Me sucedió al poco de venir. Entró una mujer de aspecto modesto. Quería una mesita baja para su hermana, decía ella. Me dio a entender que su hermana había estado sirviendo y se había casado con el «señor», viudo. Ella quería llevarle aquella mesa en un taxi, para que viese su hermana lo mona que era y lo bien que le iba a quedar en la salita. Pues bien,
yo se la mandaré con el aprendiz. No, no. Traeré aquí a mi cuñado para que la vea, dijo la clienta.
Pero…
-A los dos días volvió sola. Que, como su hermana necesitaba la mesita, ella se la llevaría en un taxi… De pagar no hablaba nada; figúrese, yo no sabía qué hacer… ¿Cómo la va a llevar usted? No, espere, que va a venir el aprendiz y la llevará… Esperó, pero el aprendiz no vino, y al fin se fue y no la he vuelto a ver jamás. Es una anécdota, ¿no? -dice la señora
de Ferrer, sonriendo-.
Otra señora, también al principio de abrirse el establecimiento entraba en él a eso de las cinco de la tarde y preguntaba los precios de todo a la señora de Ferrer.
-Y se iba a las siete. Así varios días; yo estaba harta. Por probar una vez, de un mueblecíto bar que teníamos de nueve mil pesetas le pedí tres mil. Cuando vi que no lo compraba no pude más y le pregunté por qué entraba a preguntar precios; le hice ver que le acababa de rebajar seis mil pesetas de un mueble y ni se había dado cuenta. Mire usted, si viene a pasar dos horas aquí, lo siento, pero no se lo voy a tolerar… Tampoco volvió más… ¡Menos mal!…
Por fortuna, después de pasados estos primerostiempos de la apertura, la señora Ferrer no ha tenido más clientela sospechosa. Afincada en San Vicente de Paúl, recibe a compradores y compradoras de otros lugares de la ciudad. Su perspectiva mira hacia el Coso, del Coso para arriba.
En efecto, es la característica más interesante de la calle de San Vicente de Paúl. En esta calle están el grupo escolar “López Ornat”, el colegio de las Hijas de San Vicente de Paúl y el de los Hermanos Maristas. Tres enormes colegios y… ni un semáforo. Ni una señalización que diga: “Precaución, escuelas”. Límite de velocidad… La primera noticia que tengo sobre esto me la da una niña de ocho años, Mary Tere Tejedor:
-Oye y puedes poner que nos pongan un semáforo, que cuando voy al colegio me veo negra para cruzar…
La señora de Tejedor mira a su hija entre sorprendida y admirada.
-Pues sí, es de horror, a la salida de los colegios, ver a los críos cruzar.
-La señora de Tejedor ha nacido en la calle de San Vicente de Paúl. No sabe bien por qué no sube todo lo que le permite su capacidad como calle. Aun así cree que va a mucho mejor.
-En fin, yo recuerdo que había más gitanos antes que ahora. Y conste que no tengo nada que decir en contra de ellos. Ahora hay un par de casas nuevas y unos buenos solares para construir…
El barrio, éste que acoge la vía arterial de San Vicente de Paúl, posee su movimiento propio de rotación y de traslación Y así como a nadie se le ocurre mandar a sus hijas a otro sitio que no sean las Paulas, y a sus chicos a los Maristas, tampoco tiene interés casi nadie en variar su ruta dominguera hacia el Pilar.
-Y como, en invierno, es una plaza tan soleada…
El colegio de las Hijas de San Vicente de Paúl es el de mayor solera del contorno. Esto no quiere decir que se muestre anclado en otros tiempos. Muy al contrario. Estoy hablando con la madre superiora, una monja joven, de amplia mentalidad. Me informa sobre la actualidad del colegio, que posee una matrícula de casi mil alumnas, repartidas de este
modo: bachillerato, que absorbe casi la mitad de la matrícula; enseñanza primaria, guardería infantil y la escuela de asistentes sociales.
-Este colegio, sor Catalina, ¿tiene alguna norma especial?
-Sí, como específico, las Hijas de San Vicente de Paúl tenemos un cuarto voto de servicio, en cualquier aspecto, a los económicamente débiles. En cualquier aspecto: social, moral, intelectual. Es decir, que este colegio no podría funcionar si no se tuviera en cuenta este voto en las matrículas.
Una tarea difícil la de “las Paulas”, como cariñosamente las llama el pueblo. Es difícil “mentalizar” a las familias. Los padres desean normalmente que sus hijos lleguen a más de lo que ellos llegaron, y este esfuerzo se ve en algunos momentos, pero cuando llega la hora crucial la mayoría retira a sus hijos de un posible porvenir y los pone a trabajar prematuramente.
Sor Catalina me habla de la Escuela de Asistentes Sociales.
-Una gran aliada nuestra. Muchas veces esta asistencia social, a la que nos debemos nosotras, no podemos realizarla nosotras mismas; me refiero a ciertos aspectos, a ciertas aportaciones a la sociedad de la que nuestra vocación nos aparta. Claro, entonces las asistentes sociales sí que pueden.
La asistente social, una profesión formidable. Útil para casi todo, y que, sin embargo, no sólo no ha calado en la sociedad, sino que hasta parece como si le cerraran las salidas profesionales. Cuántos centros, cuántas escuelas, cuántas empresas oficiales y particulares podrían sacar mucho provecho de la labor de una asistente social…
-También hemos incorporado, naturalmente previo estudio, unas clases complementarias artísticas: guitarra, pintura, ballet, trabajos manuales… Son muy interesantes para nuestra enseñanza, que no pretende sólo quedarse en lo instructivo, sino combinarse con lo educativo.
El ballet y la guitarra son las dos clases preferidas de las alumnas. Dentro de la primera, con distinta profesora, naturalmente, puede escogerse la especialidad de jota. Por todo cuanto me ha dicho sor Catalina veo que, efectivamente, “las Paulas” saben guardar su tradición, sin cerrarse a las modernas corrientes, y aprovechar su eficiencia. Todo ello también aprovechará a la calle de San Vicente de Paúl y contornos…
El garaje Palafox es otra de las características manifiestas de la calle. Este garaje con pinta de palacete, casi más que el auténtico de Palafox. Hablo con don Santiago y don Pedro Hernández, sus propietarios, afincados en la calle hace ya cuarenta y tantos años, y presidente éste de la Cooperativa Territorial de Transportes. Cuando la plaza del Reino cerraba la calle la que va de la de Palafox a la ribera del Ebro se llamaba del Chantre.
-Antes, en principio, exigieron que las casas construidas en este sector tuvieran el carácter clásico de la casa aragonesa, el ladrillo, el formato. Esta se construyó en ese tiempo, que duró muy poco. En seguida se dejó construir libremente.
Don Pedro y don Santiago Hernández tienen vagos recuerdos para lo que fuera antes la calle de San Vicente de Paúl:
-Estaban las caballerizas municipales: el antiguo palacio de Palafox, que aún existe.
-Un montón de callejuelas que subían hacia el Coso -dice don Santiago.
-Era todo esto un barrio antiguo; también recuerdo el palacio de los marqueses de Montezuma…, y, hacia abajo, casas pequeñas todas.
La mente de los señores Hernández está más en el presente que en el pasado. Me hablan en seguida de esa señalita que falta en la calle de San Vicente.
-Una señalización con límite de velocidad es lo que hace falta. No la hay, tampoco hay vigilancia ninguna a la entrada ni la salida de las escuelas…
-¿Cómo ve usted la calle ahora?
-¿La calle? Desde que es de una sola dirección ha terminado de morir. Está muerta; cuando podría ser una vía de descongestión, que buena falta les hace a todas las calles de atrás. Se da la circunstancia de que también San Gil es de una dirección… Los embotellamientos son lógicos.
-Eso sí, en estas calles que no son lo bastante amplias, debiera estar prohibido el aparcar -añade don Santiago Hernández-.
En el garaje hay montados varios servicios: ambulancias, grúas, viajes… Antes, los viajes eran más frecuentes que ahora, con la proliferación de agencias de viajes. Don Pedro Hernández ha salido varias veces al extranjero. Ha conocido personalmente tres Papas.
-Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI.
La ciudad donde se sintió más impresionado fue en Florencia. La Costa Azul, París, Bruselas y otras ciudades europeas despiertan alegres recuerdos en don Pedro.
-¿Echa usted de menos aquellos viajes, servicios al extranjero? ¿Qué se requiere por parte de la empresa para que todo salga bien?
-Hombre, pues, cumplir el itinerario, lo primero de todo; saber tratar al público, desde luego; tener cierto don de mando para que el público no te mande a ti. Porque el público es capaz de todo, de cualquier cosa.
Era el más vistoso aspecto del negocio, aunque también el de las ambulancias, por otro lado, tiene su importancia.
-¡Cuántas veces habrán traído niños al mundo!…
-¿Nunca pasó nada?
-Nunca. Hubo suerte. Nacieron en la ambulancia, pero llegaron sanos y salvos a las clínicas…
-¿Y las grúas? ¿Son de ésas tan famosas, que quieren tanto los despistados aparcadores?
-De eso nada. Nuestras grúas son de las que ayudan en caso de accidentes o de averías, de las que son avisadas por el público. Nosotros no recogemos nada.
De aquí hacia el paseo de Echegaray y Caballero hay bastante poco que contar. Está en un compás de espera que puede dar mucho que hablar y que escribir. Al desembocar en lo que es el paseo de Echegaray y Caballero y mirar el ancho Ebro, pienso en qué es lo que no tiene el padre Ebro que tienen otros, de otras ciudades, que son amorosamente cuidados. Yo he visto bellas ciudades extenderse a lo largo de sus ríos. ¿Por qué, aquí, no hay ni remota idea, ni remoto vestigio que indique esta tendencia tan natural por cierto?…
-Bueno, yo creo que por la humedad -me dice María Pilar, una señorita que encuentro en la farmacia de la calle.
-También porque no hay casas buenas, con calefacción, bien, como deben ser. En cuanto que las hiciesen la gente volaría. Es un lugar céntrico, bonito, a un paso del Pilar. Es cierta la humedad; pero, dentro de casa, con buena calefacción encendida…
Es una calle que hay que mover, me han ido diciendo todos a los que he venido preguntando su parecer.
-Bueno, ¿y los alrededores?… ¿Sabe que la calle de Arcedianos se está cayendo a pedazos?
El número 7 y el 9 han sido vaciados.
-Es una ruina.
El señor Santiago, el dueño de la tienda de comestibles más antigua del barrio, tiene un recuerdo que aportar a la información.
-Parece que los estoy viendo. A los cacos digo. Bajaban del Arco del Deán, se metían por la calle del Sepulcro y escapaban por la ribera…
En la ribera les podían echar galgos.
-Eso era hace mucho tiempo. De cuando esto era la calle del Chantre. Pero siempre ha habido un público bueno y honrado por estos lugares. Con más o menos posibilidades económicas, pero trabajador y honrado…
El porvenir de San Vicente de Paúl aparece claro: construcción nueva, comercio nuevo, especialmente hacia el final de la calle, donde apenas hay nada. Arteria principal del sector, se deja comer terreno por la calle Mayor. No parece, urbanísticamente hablando, natural. San Vicente de Paúl, por su anchura, su disposición, tiene que ser calle llena, no calle vacía.

Y los que se hayan perdido la serie, aquí tienen las entregas publicadas hasta ahora:

1. La calle más elegante de Zaragoza.
2. La calle obsesionada con mantener la línea.
3. La calle más decadente de Zaragoza.
4. La calle de las muchas verdades.
5. La calle que no tenía nada malo.
6. La calle más llena de recuerdos.
7. La calle sentenciada a muerte.
8. La sede de los templarios en Zaragoza.
9. La calle con fiestas, Virgen y toro de fuego.
10. La casa, y  la calle, de las dos diócesis. 
11. La calle sin número 1 ni 7.
12. La calle del primer escaparate.
13. La calle que menos ha cambiado.
14. La calle a la que estorbaba la Universidad.
15. La calle más elitista de Zaragoza.

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El hombre más habilidoso de Calatayud

Como hay lectores que se quejan de que solo saco noticias y personajes de Zaragoza, hoy traigo a la Tinta de Hemeroteca este personaje que muchos bilbilitanos recordarán. A Lorenzo Melero le entrevistó J. J. Benítez en 1971:

Don Lorenzo Melero es casi un mito. Todo Calatayud ha acudido a él en alguna ocasión. Todo Calatayud le quiere y le admira. Hoy, don Lorenzo, con el pelo arrasado por la blancura imperdonable del tiempo, con sus manos arrugadas y su aire bonachón descansa y ve pasar los días en silencio. El fue el hombre más habilidoso -y creo que no me equivoco- de todo Calatayud.
Tenía seis años cuando se acercó a un taller. Y ya jamás pudo matar aquella fiebre insaciable que para él suponía el trabajo. Cuando fuimos a verlo se encontraba allí, junto a la ventana soleada. Noventa y dos años -casi todos dedicados al trabajo- no habían pasado en balde.
-Así que usted, don Lorenzo, ha ejercido casi todas las profesiones.
Don Lorenzo esbozó una leve sonrisa. Y su hijo don Juan Cruz contestó por él:
-Puede asegurarlo con toda certeza. Creo que, salvo sastre, lo ha hecho todo. Tan pronto le veía usted arreglando una máquina de coser, como un paraguas, una silla, una bicicleta o una máquina de hacer formas para la consagración. Era un caso.
-Pero usted aprendería en alguna parte…
-No -respondió levemente don Lorenzo-, era algo que salía solo. Me traían las cosas y yo las miraba. Después, sin saber por qué, daba con el asunto y las dejaba en su punto.
La habilidad de don Lorenzo corrió rápidamente por toda la ciudad. Y en su pequeño taller de la plaza de Fernando el Católico fueron amontonándose los utensilios más dispares.
-En aquel taller -comentó don Juan Cruz- ocurría algo curioso en verdad. Los amigos de mi padre, que conocían sus artes y manejos, acudían a diario y se sentaban allí, en pleno taller, a contemplar cómo trabajaba. Recuerdo que Lorenzo, en muchas ocasiones, ni siquiera les miraba. Se enfrascaba de tal forma en lo que hacía que se olvidaba del mundo.
Las manos de don Lorenzo se habían convertido en algo prodigioso, casi imprescindible para las pequeñas y grandes cosas de la localidad. En cierta ocasión -y así nos lo narró su hijo- se estropearon algunas de las cajas fuertes de la ciudad. Y, por supuesto, llamaron con ansiedad a don Lorenzo. Y el bueno del artesano -ante el asombro de la concurrencia- consiguió abrirlas limpiamente.
-Y que conste -subrayó don Juan Cruz- que jamás había tenido una experiencia semejante.
Pero una de las grandes habilidades de don Lorenzo -y quizás su auténtica vocación- fue la restauración y talla de muebles. Y logró superarse hasta el mismísimo límite del arte.
-En efecto -confirmó su hijo-, Lorenzo trabajó muchos años en la restauración y sus muebles -de estilo español y Renacimiento- se llegaron a exportar, incluso, a Estados Unidos. Aquello fue antes de la guerra.
Don Lorenzo, además, supo compaginar su habilidad con el conocimiento del arte y de las antigüedades. Y su experiencia traspasó también los límites de Calatayud.
-De todas partes -explicó don Lorenzo- me traían cuadros, tallas y obras para que les dijera si eran buenas.
Don Lorenzo llegó a formar en su hogar todo un museo de antigüedades. Y ese sentido del arte fue lo que quizás impulsó a don Lorenzo Melero a trabajar los pianos. Porque el gran artesano de Calatayud fue también el mejor afinador de este tipo de instrumentos. Le bastaban su oído, un diapasón y la llave.
-Los órganos y organillos -apuntó don Juan Cruz- tampoco se le resistían. ¡Cuántas piezas fabricaría…! Y nunca hubo una sola queja.
Al contrario. Hablando minutos antes con el alcalde de Calatayud, don José Galindo, nos comentaba también la gran destreza de don Lorenzo.
-En cierta ocasión -aseguró don José Galindo- vino a Calatayud un gran pianista alemán. Y
al sentarse frente al piano quedó maravillado. Inmediatamente preguntó quién era el afinador. Y, por supuesto, se trataba de don Lorenzo Melero.
-¿Cómo logró usted ese gran equipo de herramientas que, indudablemente, necesitaba para trabajar?
-No tenía casi material. No sé si me creerá, pero así era.
-Entonces, ¿cómo se las ingeniaba?
-Con las manos y cosas sencillas. Todo consistía en encontrar el “truco”.
Ahora, desde esa atalaya privilegiada de los noventa y dos años, don Lorenzo lo mira todo con sencillez. ¡Quién le iba a decir a él que aquella gran habilidad suya pudiera interesarle a la gente! Sin embargo, así era. Los vecinos -todos- de Calatayud no lo han olvidado.
-Pero una de sus grandes experiencias -prosiguió don Juan Cruz- fue trabajar en la fábrica de medias. Se las sabía todas. 
-¿Nunca cayó usted enfermo?
-Nunca. Salvo los catarros de rigor, nunca. Y trabajé durante más de setenta y cinco años.
Don Lorenzo está orgulloso de ello. Cuando terminaba el trabajo -así lo recordó él- cogía la llave del patio y caminaba y caminaba por la ciudad. Siempre solo. Tenía multitud de amigos, pero aquella hora sagrada del paseo la dedicaba a sus recuerdos, a sus meditaciones, a sus preocupaciones.
-La voluntad férrea de mi padre -subrayó don Juan Cruz-, quedó bien patente en cierta ocasión. Siendo todavía un muchacho se pegó una perdigonada en un costado. Y supo aguantarse de tal forma que jamás se enteraron en su casa. Todavía conserva la cicatriz.
Y es más. Hasta hace pocos años, incluso, le salían todavía perdigones por la piel de la planta del pie.
-¿Del pie? ¿Pero la perdigonada no fue en el costado?
-En efecto. Pero al no curarse y conservar los perdigones en dicho costado durante más de setenta años, con el tiempo se le fueron deslizando por el cuerpo y terminaban por salir a través de la piel de la planta del pie. Los médicos lo han visto y pueden atestiguarlo.
Aquel hombre habilidoso, de carácter de acero, escuchaba en silencio. Con mirada beatífica.
A él acudió todo Calatayud. Y él supo contentar a todos. Una vez, arreglando una cerradura. Otra, sacando de apuros al carpintero, y otras muchas echando una mano para solventar las difíciles pequeñeces cotidianas.
-¿Nunca le han hecho un homenaje?
-No.
Sin embargo, don Lorenzo Melero lo merece. Nadie como él ha sabido tanto de la destreza.

Y mañana toca otro reportaje de la serie de las calles.
Y mañana…
La calle de los tres colegios… y ningún semáforo

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Un ‘Real Zaragoza’ en Caracas

Ahora que todos estamos preocupados, entusiasmados, inquietos, aterrados y emocionados por el Real Zaragoza, traigo a Tinta de Hemeroteca un hecho que pocos conocen. A mediados de 1950 existió ‘otro’ Real Zaragoza. Estaba formado íntegramente por aragoneses, vestía camiseta blanca y pantalón azul, lucía el escudo del león rampante y se llamaba ‘Deportivo Aragón’. Si no ha oído hablar de él, es porque jugaba… en Venezuela. Marcial Buj le dedicó este reportaje en 1957:

Conocemos casos admirables de aragoneses residentes en el extranjero que no sólo no pierden ocasión en proclamar orgullosos a los cuatro vientos su procedencia, sino que aprovechan todas las oportunidades para aupar a la tierra que les vio nacer laborando por ella en aquello que les es dado laborar; baturros netos que la distancia, lejos de enfriar su amor por Aragón, lo acrecentó en grado superlativo, haciéndoles sentir un aragonesismo mucho mas Intenso y profundo que el que sintieran antes de su emigración.
Hoy hemos tenido noticia de varios de estos hombres que «viven» su tierra fuera de España con una intensidad y un apasionamiento verdaderamente emocionantes para quienes llevamos siempre en el corazón el suelo donde nacimos y aprendimos a amarlo.
Mis queridos amigos y compañeros Miguelico Gay, Fermín Moros, ‘Javal’ y Adolfo Buil tendrán que perdonarme si me meto en su terreno; es un tema que ha venido a mis manos y no merece que caiga en el olvido; todo lo contrario, debe ser conocido de todos los aragoneses.
En Caracas existe un equipo de fútbol federado que lleva por nombre «Deportivo Aragón», dirigido e integrado por paisanos nuestros allí residentes. Este «once», que hasta hace poco perteneció a la categoría no oficial de aficionados, debutó recientemente en la oficial tomando parte en una interesante competición denominada «Torneo Ibérico», en el que
tuvieron cabida todos los equipos españoles y portugueses formados por emigrantes de las dos naciones hermanas; torneo en el que se han disputado el trofeo los equipos «Asturias», «Baleares», «Taurina Hispana», «Celta», «Español», «Aragón» y otros.
El «gallito» de dicha competición -no tenemos noticias del resultado final- era el «poderoso Portugués», como llama el crítico de «El Nacional» de Caracas al «once» luso. Pero he aquí que cuando el «Aragón» tiene que enfrentarse en el Estadio Nacional con el temible conjunto portugués, los nuestros le dan «pal pelo», ganando por 2-1. Copiamos de «El Nacional» de Caracas lo que dice del encuentro con el título «Aragón empleó un 3-3-4 y
batió al Portugués por 2-1»:
«Poniendo en práctica un inteligente sistema de juego apoyado en tres defensas, tres medios y cuatro delanteros, o sea el 3-3-4, el modesto «Aragón» dio la campanada ayer tarde en el Estadio Nacional, al batir al poderoso Portugués por dos goles a uno, continuando la celebración el cada día más candente Torneo Ibérico de Fútbol.
Desde el comienzo del partido se dejó ver bien clara la táctica aragonesa,
consistente en atraerse al Portugués hacia su zona, es decir, dejarse dominar a conciencia, para sorprenderlo luego en sorpresivos ataques relámpago, todo ello contando con el ímpetu y el fuelle de once nombres que se dieron íntegros y con grandes aciertos en defensa de esa modalidad de juego, exactamente la misma que le vimos al Barcelona en la pasada Serie Internacional que ganó (se refiere a la Copa del Mundo).
La dirección técnica del Aragón estimó acertadamente que al Portugués no se le podía jugar con armas iguales, alegremente, sino que por el contrario no había más remedio, para poderle derrotar, que sacarlo de su medio campo, cerrar las líneas traseras, con el objeto de impedirle que anotara, y complementar la estrategia teniendo siempre abierto el dispositivo de ataque para aprovechar con eficacia las ocasiones propicias. Táctica inteligente que llevó al triunfo a la muchachada aragonesa, que todavía debe estar entonando alegres jotas por su extraordinario éxito.
Y por si lo anterior fuera poco, por si no hubiera bastado el total desconcierto que el 3-3-4 sembró en las filas portuguesas, el Aragón dedicó a uno de sus jugadores, el volante derecho Mata, a la tarea de anular a Padín. Mata se multiplicó en ese cometido hasta el  punto de «secar» por completo al siempre peligroso interior izquierdo del Portugués.
Partido estupendo, de punta a cabo. Lucha épica entre un equipo, el Portugués, que a toda costa trató de batir al meta rival, no consiguiéndolo más que en una ocasión, y otro equipo, el Aragón, que jugó desmelenado y en plan de grandes aciertos, sin que pueda distinguirse a ninguno de sus componentes, ya que todos brillaron a gran altura.
Aragón: Aja; Montañés, Ruiz, Romero; Mata, López; Chato, Jojá, Serrat, Páez Pumar y Castillejos.
Portugués: Brandt; Matson, Quedes, Castañeda; Pocas, Paulinho, Rocha, Alterio, Rubio, Padín y Coelho».
¿Eh? ¿Qué tal? Un exitazo de los mañicos que nos llena de alegría.
De «La Esfera», diario de la capital venezolana, copiamnos de otra crónica en la que se enjuicia el partido Asturias-Aragón del Torneo Ibérico lo que sigue:
«Asturias» consiguió con esfuerzo empate a un gol ante el «Deportivo Aragón». «En el primer tiempo ambos cuadros se trenzaron en una lucha pareja, y a los 35 minutos Marquina aprovechó un remate para abrir el «score» a favor de los aragoneses. A los 40, Quique logró el empate. Igualado el marcador, los asturianos buscaron un nuevo gol,
pero fueron rechazados por los defensas aragoneses que se portaron enérgicamente».
La mayoría de los muchachos del Aragón son zaragozanos. He aquí los nombres que figuran en la alineación del encuentro últimamente aludido, ya que el «once» que jugó contra los portugueses figura en la reseña que publicamos de «El Nacional»: Aja; Rodríguez, Ortega,
Romero; Jojá, Alza; Pito, Fano, Serrat, Lecué y Marquina.
Una nota simpática del «Deportivo Aragón» que pone de manifiesto su «hinchismo» zaragocista: el equipo viste igual que el Real Zaragoza, esto es, camiseta blanca con el escudo del león rampante y pantalón azul.
Todos los domingos a última hora de la tarde estos buenos aragoneses afincados en Venezuela están pendientes de las noticias que sobre los partidos jugados en España
da la emisora venezolana Radio Continente. El interés se centra, naturalmente, en el resultado del partido jugado por el Real Zaragoza. Si ha ganado…, bueno, si ha ganado aquello no es para contarlo: saltos, gritos, vivas, joticas…, porque allí todo se celebra con la jota, claro.
Uno de los directivos del «Deportivo Aragón», don Francisco Pinilla, zaragozano cien por cien, tiene un entusiasmo loco por el «once» maño. Todos, directivos y jugadores, lo tienen, pero personalizamos en Pinilla porque las noticias que nos llegan se refieren a él, aunque nuestro reportaje va dedicado a todos ellos.
Don Francisco Pinilla marchó con su esposa, Isabel Aráiz -también zaragozana- a Caracas hace poco más de siete años. El era factor de M.Z.A. en nuestra ciudad. Isabel es hermana del ex torero Antonio Aráiz («Antonio Aragón»), que fue a Venezuela a torear unas corridas y allí se quedó, pero no de torero, sino de redactor taurino en Radio Caracas.
Pinilla se abrió camino como empleado en una importante compañía de Seguros, y allí está sin haber podido olvidar su tierra; queriéndola cada día más. Anima al equipo, le ayuda moral y económicamente, trabaja sin descanso para que el nombre de Aragón, aunque sea en fútbol, suene y quede en buen lugar.
Antes de dar comienzo el «Torneo Ibérico» todos los equipos participantes desfilaron por el Estadio Nacional. El «Deportivo Aragón» desfiló con sus mascotas: dos niños (hijos de directivos) vestidos de baturros. A nosotros estas noticias nos alegran, nos llegan al alma. Desde estas columnas de HERALDO DE ARAGÓN enviamos nuestro cordial saludo a esos paisanos que «viven» su tierra a muchas millas de distancia; nuestro saludo y un «¡Aupa el Deportivo Aragón!», el equipo «filial» del Zaragoza sin que a éste le cueste un céntimo…
Adelante mañicos.

Sé que Tinta de Hemeroteca tiene lectores en Venezuela, así que no sería de extrañar que alguno de los aragoneses que vivan allí acabe dándonos más datos sobre la historia de este ‘otro’ Real Zaragoza.

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La aragonesa que quiso ser el Tenorio

Natividad Zaro, según el pintor portugués Eduardo Malta

Aragón siempre ha tenido mujeres adelantadas a su época. Muchas han caído en el olvido o todavía no están consideradas como debieran. Una de estas fue Natividad Zaro, una joven de Borja a la que HERALDO siguió en sus primeros pasos como recitadora de poesía
-siendo aún niña, en su localidad natal- actriz y autora teatral. Formó parte del grupo de teatro madrileño El Caracol, y destacó por su espíritu lanzado y combativo. Todos los papeles que le daban los veía de cursis, y ella aseguraba, divertida, que quería ser  vampiresa. También quiso, pásmense, ser el Tenorio. Esta entrevista se publicaba en noviembre del 29. Se la hacía el genial Mefisto:

Nada más interesante al saber que Natividad Zaro está en Zaragoza, que cruzar unas palabras con ella; con esta muchacha inteligente y bellísima, que un día vio la luz en Borja, otro marchó de nuestra ciudad a Madrid, impulsada por el lírico afán de recitar poesías, y recientemente ha constituido toda la actualidad teatral de la corte al intentar encarnar en la escena de Maravillas la romántica figura de “Don Juan Tenorio”.
Natividad, que posee unos claros ojos inteligentes y expresivos, un hablar de candorosa colegiala, una preciosa figura gentil, nos va relatando ante una mesita de Gambrinus toda su breve historia de actriz…
-Comencé en “El Caracol”; en aquella combatida agrupación de nuevos luchadores, patrocinada por Rivas Scherif y bien orientada por Azorín y otros intelectuales, ávidos de introducir modernidad a nuestro teatro. El título de “Teatro de vanguardia” asustó un poco a la gente, y bien sin razón fue… Se hacía arte puro; contábamos con trescientos asociados, cuyas cuotas eran suficientes para sufragar todos los gastos, ya que todos -autores, actores, actrices- prestábamos nuestra colaboración desinteresadamente; por verdadero amor al arte. Pero, de un modo insinuante primero, rotundamente después y sin saber porqué,
desde luego, se nos declaró guerra a muerte… ¡Ya ve usted… Se llegó a decir de nosotros hasta que, bajo el manto de Talía, se ocultaba un peligroso grupo de conspiradores!… Pero que había en “El Caracol” una orientación artística acertadísima, era indiscutible; lo demostrará el hecho de que cuando nadie conocía a Valentín Andrés, ya su comedia modernísima, de éxito clamoroso, la revelación y la obra del año, “Tararí”, estaba admitida por nosotros y dispuesta para los ensayos. No hubo empresa ni director que “viese” su mérito, cuando la aceptó para su repertorio “El Caracol”.
-Antes y después de esto -continúa refiriéndonos Nati- intervine en varios “recitales” de poesía, en importantísimos centros de cultura, y he actuado como actriz, únicamente en la Latina y en Maravillas.
-¿Y su extraño deseo de hacer el Tenorio?
Aquí nuestra gentil paisana nos repite las palabras que dijo recientemente a Olmedilla:
-En primer lugar quise hacer el “Don Juan” porque literariamente me seduce su figura. Si como concepción humana le desprecio, como héroe dramático me interesa extraordinariamente en la espléndida obra de Zorrilla. Aparte de que me seduce la idea de encarnar ese personaje tal cómo se ve hoy por Marañón y otros exégetas: como un tipo anormal, sexualmente pervertido y equívoco. Así quiero yo interpretarlo un día sobre la escena, con una silueta intermedia, entre viril y femenina, con cierta gracia de líneas imprecisas en la figura y un acento entre cruel e irónico; más que arrebatado, cauteloso; más que inconsciente en su ímpetu magnífico, sarcástico, sádico, casi…
-Y ¿por qué no llegó a darse esta representación?…
-…No pudo ser: habíase dispuesto para aquella noche una solemnidad artística: iban a concurrir Marañón, Jiménez Asúa, Cañedo y… contra nuestra voluntad, no pudo hacerse este Tenorio.
-Y ahora, ¿proyectos?
-No sé: Irene López Heredia regresa a España en enero; Rivas quiere, ya libre de compromisos con tal compañía, organizar una empresa de arte y… ya veremos.
-Pero es que a usted no le gusta nuestro teatro clásico.
-Ya lo creo ¡y muchísimo! Lo que me gusta menos es este tipo teatral de ingenua, ñoña e insubstancial que ahora priva en nuestra escena. Me gusta nuestro teatro clásico y en general el teatro de ideas; que se diga algo, que pase algo, que haya una emoción espiritual, un deseo de renovación, una inquietud; algo… Que nuestras representaciones escénicas sean algo más que el bicarbonato de los espectadores bien comidos; que se intente llevar
al público a los teatros, por una sugestión de arte: nuestro “Don Álvaro” ¡admirable!; tanta ingenua con una única aspiración de boda de conveniencia ¡detestable!…
-Pero, entre estos autores modernos…?
-¡Los hay que harían cosas, pero tienen miedo! El más joven de ellos
-Suárez de Deza- nos lo confesaba así, sinceramente, no hace muchos días…
-¿Va usted a estar mucho tiempo en Zaragoza?
-Hasta fin de mes; luego otra vez a Madrid de nuevo.
-¿Está usted satisfecha de estos comienzos de su carrera artística?
-Casi, demasiado… Me han concedido un crédito que no sé si podré pagar con mi arte…
Natividad no lo sabe, pero nosotros, sí. Porque es una muchacha cultísima, inteligente; posee un claro criterio de la realidad; ha estudiado nuestro teatro concienzudamente y todas estas cualidades abonan su triunfo. Ya, cuando nos despedimos, quiere sorprendernos la actriz…
-Ah, no crea usted que en Zaragoza pierdo el tiempo: he terminado una comedia y voy con la segunda…
-Pero ¿también autora?
-También autora.
-¿De vanguardia?
-Allá veremos…
Y se alegra toda, con una sonrisa blanca y cordial, que -como dijo Rubén de la de Vallle Inclán- “es la flor de su figura…”.

Y mañana…
El Real Zaragoza de Caracas

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Historia de un perro ciego

Durante muchos años, el periódico convirtió en asunto informativo no solo lo que les ocurría a las personas, sino también lo que les pasaba a los animales. No es la primera historia conmovedora que traigo aquí a Tinta de Hemeroteca y cuyo protagonista es un animal. Esta se publicaba en julio de 1974:

Si verdaderamente el perro es el mejor amigo del hombre, está dentro de lo posible que pueda serlo mejor un perro ciego. “Dick” no se separa de su dueño. Le gusta verse mimado.
Se siente espoleado por el olfato y por la voz. Escucha y siente a los suyos. La historia de “Dick” merece ser contada; es posible que alguien se arriesgue a relatarla un día, con mayor amplitud que ahora. “Dick”, un precioso “setter”, es ciego de nacimiento.
-Su madre -me explica don Santiago Fernández- también se quedó ciega.
¿Se trata de una enfermedad hereditaria? “Dick” escucha atentamente la conversación y parece comprender. Trata de ser un perro normal, y aunque carece de visión cuida de un garaje y sale a cazar todos los domingos. Se orienta por la voz y el olfato y atiende la voz de su dueño cuando le avisa sobre la presencia de los obstáculos.
-¡”Dick”, ten cuidado!
Y “Dick” se para en seco, acude al lado de su dueño y se coloca detrás, con el morro junto a la pierna del hombre. Don Santiago se convierte, entonces, en lazarillo de “Dick”.
-Cuando quiere que le lave los ojos me pone el morro en la mano.
-¿Cuántos años tiene “Dick”?
-Cuatro. Hasta que cumplió los seis o siete meses nadie reparó en que era un perro ciego. Se mostraba juguetón y atolondrado. Cuando llegaba a casa tropezaba con todos los muebles.
Esto hizo entrar en sospechas a don Santiago Fernández. La falta de la visión ha servido para que se acentuaran los otros sentidos, en especial el oído y el olfato. “Dick” es un magnífico perro cazador.
-Da gusto ver las muestras que hace.
-¿Y le trae la caza a la mano?
-Siempre.
A veces, “Dick” se encuentra ante sí con una roca o un matorral.
-¡Para! -le advierten-.
Y el perro da media vuelta para salvar el obstáculo. Luego ventea el aire y sigue el rastro de la caza, sin equivocarse. Cuando está en el Garaje Palafox no se mueve de allí. De pequeño empezaron a no dejarlo salir solo a la calle, para evitar que lo atropellara un vehículo. Sin embargo, a las diez de la noche -siempre a la misma hora, puntualmente-, “Dick” se va a dar una vuelta por la plaza del Pilar y por la ribera del Ebro. Nunca cruza la calzada cuando pasan vehículos. Queda a la escucha de los motores y sólo cuando los siente lejos cruza presuroso de una acera a otra. Consiente únicamente que lo acaricien los suyos, don Santiago Fernández y familia. Le molesta que otros le pasen la mano por la cabeza, como si renunciara a la lástima.
El primero en hablarme fue don Luis Mata:
-Es un caso extraordinario.
Don Santiago Fernández se sacó el monedero del bolsillo y lo arrojó a varios metros de distancia, tras de dárselo a oler a “Dick”.
-¡Anda por él!
El perro ciego levantó la cabeza, olfateando. Luego siguió el rastro, dando eses, nunca en línea recta. El viento se lleva y trae el olor. Al fin dio con el monedero, lo agarró entre los dientes -todo ello muy suavemente- y se lo devolvió a su dueño.
-Lo tendré mientras viva, porque es una maravilla en todos los aspectos -dice don Santiago Fernández-.
-¿Ha tratado alguna vez de operarlo?
-Sólo me decidiría a que lo intervinieran quirúrgicamente si me dieran absolutas garantías de que iba a quedar bien.
“Dick”, que permanece atento a la conversación -que mira sin ver-, parece asentir con la cabeza. En el fondo, se le nota un perro feliz. Se ha acostumbrado a oler y sentir lo más grato de la vida y no necesita ver. Sabe que está rodeado de amigos fieles, que velan por él. Por eso, “Dick” trata de corresponder siempre con mayor entrega y fidelidad
todavía. Es un amigo ciego, quién sabe si para ser mejor.

Y mañana…
La aragonesa que quiso hacer de Tenorio

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