Ayer, “el fin del mundo”.

Me levanto y me cercioro de que sigo aquí. De que el mundo sigue dando vueltas anclado en la misma ciénaga. Vamos que el  fin del mundo previsto para ayer no ha sido. Casi mejor, porque me habría pillado bastante a desmano, con las cosas sin hacer y con el blog acumulando retraso (que ahora que lo he retomado se me empiezan a amontonar los acontecimientos). Y sobre todo me hubiera cogido sin terminar de soltar todo lo que pienso, esas cosas que Angelito me dice siempre, “el día que te sinceres del todo, guerra civil”.

13872915_10209749697169884_1096395423646463492_nY es que entre unos y otros, la bola en el estómago crece y crece. Y aún no he digerido los “efectos colaterales” que ha acarreado la tragedia de Teruel que se me viene encima la muerte de Canito y, pese a haberse ido del mundo con la friolera de 103 años me coge, si no de sorpresa, sí poco preparada para estar a la altura. Recordaré siempre al Canito particular, al de la hora del vermú del día del Pilar desgranando anécdotas en petit comité y correteando jovial con “el baturrico” por la explanada del Campo del Toro bajo la mirada atenta de Maruja. Parece baladí insistir en el dato frío de la wikipedia o recurrir a la cursiladita fúnebre obligada que parece imponernos este aciago mes de julio como también lo es insistir en señalar lo más profundo de la bajeza humana y del analfabetismo funcional que parecen triunfar en la degradada sociedad nuestra:

canonistas

Demasiado duro este mes. Julio era también, (por los mismos días y, curiosamente, me pilló en Teruel) aquel del 97 cuando el tiro en la  nuca de Miguel Ángel Blanco nos produjo a todos una sensación tan parecida a la del pitón en el pecho de Víctor. Un escalofrío colectivo y, en caliente, una reacción unánime en la que todo el mundo pareció ir de la mano. No sólo la gente, el antagonismo político pareció difuminarse con el “espíritu de Ermua”. Con el tiempo, cuántas veces hemos echado de menos aquel abrazo general.

Igual que entonces lo fue toda la sociedad, ahora con la muerte de Víctor nació un “espíritu de Barrio” y así, en caliente, la familia taurina fuimos uno. De la consternación por la pérdida a la acción por el agravio. Aficionados y profesionales con la Fundación del Toro de Lidia al frente marcando un antes y un después…  Una revolución social en la que, por fin, conseguíamos poner de nuestro lado incluso a esa masa neutra de gente no aficionada pero tampoco contraria, casi mayoritariamente. Víctor Barrio que había muerto sin cumplir su sueño de salir por la grande de las Ventas estaba consiguiendo un triunfo infinitamente mayor.

Como en toda revolución, los principios no pudieron ser más esperanzadores. Pero también, como en toda revolución, no tardaron en aparecer extrañas formas de llevarla a cabo.

Quien más quien menos amaneció el 18 de julio con la idea de ir a Valladolid ¡anunciado JT en la feria! Al rato, el disloque, “¡dos tardes!”. No fui menos y así, JT, Morante y Talavante me empujaron a la página de RENFE, a replantear mis vacaciones, a contactar con gente… hasta que la realidad me abrió los ojos: la corrida monstruo traía  de la mano la emotiva intención de homenajear a Víctor Barrio… ¿Valladolid? ¿y Curro Díaz y Morenito? ¿…incluída en el abono? ¿PERO QUÉ ME ESTÁS CONTANDO?

Y seguí haciéndome preguntas ¿qué habría pensado el propio Barrio de todo esto? ¿qué habría dicho al ver cómo empresarios que siempre le fueron ajenos, figuras con las que no alternó en vida, una plaza que no le vió como matador, se vuelcan con él AHORA?

Buscando el desahogo,  la palabra precisa, recurrí como tantas veces a Navalón.  “Avisa a Falcón, que puede con todo”  y ahí estaba la frase que resumía lo que estaba sintiendo:

“Me subleva pensar que tu sangre la van a utilizar para justificar trampas ajenas.” 

PD. Ayer no pasó nada, seguimos aquí y seguimos igual. Empiezo a considerar que a lo mejor es necesario un pequeño “fin del mundo”.  Aunque me pille con los deberes sin hacer y el estómago sin terminar de vaciar. Que en éste al que hemos llegado y en el que estamos obligados a aguantar, se empieza a poner demasiado difícil seguir tirando  del carro.

Acerca de Elena Pérez

"Se torea como se es" J. Belmonte (y se vive, y se piensa, y se escribe...) unadeldos@hotmail.es
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