El que da lo que tiene…

No es la nuestra una tierra de alharacas. lo de expresar a la ligera los sentimientos no va con nosotros. No somos pródigos en zalamerías ni en lisonjas. Por eso, a nuestras muestras de afecto hay que darles el valor que tienen.  Si es cierto que el carácter lo forja la tierra, lo nuestro sin duda es producto del cierzo, la tierra seca del llano y  la nieve de las montañas. El carácter también lo forjan las circunstancias y hablar de Aragón, en ocasiones, supone hablar de abandono, desidia y olvido.

Hablar del carácter aragonés, pasa por hablar del carácter de Teruel. Fría, seca, abandonada… y a veces, demasiadas, olvidada.  Y pese a todo, al aislamiento, a la desidia, al saberse ignorada por la mayoría, cuando Teruel se entrega lo hace sin reservas y siempre con generosidad. Teruel da todo lo que tiene, y el que da lo que tiene, no está obligado a dar más. 

Hasta hace escasos diez días, Teruel tampoco estaba en el mapa para los taurinos. En los tiempos en que las tradiciones  son exhibidas y reivindicadas por la gente del toro frente a la intransigencia de cuantos quiereren acabar con ellas, resulta curioso, y hasta triste, ver como el común de quienes se llaman aficionados al toro desconocen (y aún desprecian) tan profundamente la importancia de tradiciones turolenses como el ensogado o la trashumancia de bravo. Teruel luce el toro desde su escudo, su símbolo o en la leyenda que recrea el origen de su fundación.

El destino quiso que un torero modesto, humilde de carácter y, como Teruel, a veces olvidado y siempre generoso, se dejara la vida en la plaza turolense.

La muerte de Víctor Barrio pilló a la ciudad en plena algarabía, lo que no fue obstáculo para que mostrara su lado más solidario con la familia y el más respetuoso con el infortunado matador. Actos religiosos en su memoria, minutos de silencio en todos los actos que restaban por celebrarse. Y antes de que instituciones taurinas, figuras y afición en general, empezaran a tomar medidas contra los salvajes que manchan su honor con deleznables proclamas, la misma noche de la tragedia Teruel hizo lo propio con quien no supo estar a la altura que las circunstancias mandaban. La expulsión inmediata de un presidente peñista que, al parecer, dijo que “en su peña no se guardaba silencio por un asesino”.  Y es que Teruel y su gente, a la manera de Antoñete, siempre fueron de pronto y en la mano.

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Emociona en estos días escuchar a los testigos (y aún a quienes también fueron protagonistas) del drama. Resulta especialmente duro, doy fe, escuchar a Pepe el Maño (turolense de Albalate)  yendo de su corazón a sus asuntos. Su vida sigue y ahí anda, apañando las cercas que un pletórico e imparable Quejoso se va cargando y buscando consuelo en los ojos de Bonito, improvisado huésped en los corrales que el hierro de Vistahermosa posee en Figueruelas. Dice que lleva bien el acoso al que han sido sometidos con los infundios sobre la vaca Lorenza. Y es que Pepe todo lo lleva bien: “La que está destrozadica es la Pilar, no habla con nadie de esto, sólo conmigo y… y yo ahí aguanto, aunque cuando me quedo solo…” y se le arrasan los ojos de lágrimas.

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Emociona también ver como la gente de Teruel cuenta lo vivido y sobre todo emociona como un viejo cronista y un chaval joven, aficionados y amantes de su ciudad coinciden en una idea y la exponen al mundo a sabiendas de que los gritos lanzados desde Teruel, en ocasiones se ahogan antes de cruzar el Martín.

Aniceto Blasco, un buen aficionado, un buen hombre, desde las páginas digitales de Eco de Teruel  recoge el de  los corrillos en torno a la plaza y propone dar el nombre del infortunado Víctor a la plaza turolense que nunca ha tenido nombre propio. A la par, Álvaro Gómez, un estudiante de medicina, vaquillero y peñista, no duda en dar forma y alas al mensaje de Aniceto organizando una recogida de firmas a través de una platafoma digital. La Asociación de Informadores Taurinos de Aragón a la que pertenece Aniceto,  manifiesta su apoyo a la idea y de esto se hacen eco algunos medios de comunicación nacional…

A estas horas  no sé que ocurrirá con la idea. La gente por las redes sociales no parece manifestar mucho entusiasmo. “Vale, es Teruel”, pienso, “una capital de provincias”, leo. Supongo que la decisión, que en cualquier caso será municipal bien entendido que con la aquiescencia de la familia del torero caso de prosperar la iniciativa popular, tan sólo materializaría algo que, querámoslo o no, ha quedado ahí. Teruel y Víctor, dos identidades tan parecidas, con placa conmemorativa y sin ella, caminan eternamente de la mano.

Ojalá todos los homenajes que se rindan a la memoria de Barrio cuenten, como poco, con la misma desinteresada voluntad.  De momento, hoy mismo se anuncia un magno acontecimiento… sin contar con Curro Díaz ni Morenito de Aranda, compañeros del infortunado en la tarde de Teruel:

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Suerte haya.

PD. de poco o de nada sirve la opinión de la autora de este modestísimo blog pero voy con ella. De estar en mi mano su tardío bautismo, hubiera optado por dar a la plaza de toros de Teruel el nombre más ilustre de cuantos taurinamente parió esa provincia, Nicanor Villalta y Serres. Posiblemente, si preguntaran a Nicanor, éste no dudaría en ceder el honor a Víctor Barrio.

Tal era su reconocida generosidad de turolense.

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Acerca de Elena Pérez

"Se torea como se es" J. Belmonte (y se vive, y se piensa, y se escribe...) unadeldos@hotmail.es
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